Johannes Kepler

*Guillermo Coronado

“Mensus eram coelos, nunc terrae metior umbras. Mens coelestis erat, corporis umbra iacet.”

El 27 de diciembre de 1571 nace Johannes Kepler en Weil der Stadt, en Württemberg. Sus progenitores fueron Heinrich Kepler, abacero y soldado, y Katherine Guldenmann. Kepler nació, dice en el horóscopo familiar, “224 días y diez horas de su concepción, acaecida el 16 de mayo de 1571, a las 4.37 de la madrugada…” De su infancia, Kepler recuerda con agrado que su madre, en 1577, lo llevó a un lugar elevado para observar el espectáculo de un cometa. Este era el famoso cometa estudiado por Tycho Brahe. Kepler igualmente recuerda que observó, en 1580, un hermoso eclipse de luna, en que la luna “parecía completamente roja”.

Su educación elemental y media se extiende de 1580 a 1588. Al inicio asistencia irregular a la escuela elemental. Entre el 84 y el 86, estudios en el Seminario Teológico en Adelberg. Posteriormente, hasta el 88, en el Seminario Teológico de Maulbronn. Culmina con el grado de bachiller el 25 de setiembre de 1588. La formación universitaria cubre el periodo 1589‑94. Estudia Teología en la Universidad de Tubinga, centro de formación de los cuadros teóricos del protestantismo luterano. Además realiza estudios en matemáticas y astronomía. Esto último gracias a su contacto con Maestlin, teólogo, quien lo inicia en el copernicanismo. En agosto de 1591, recibe su título de Magister Artium. No culmina con su título de doctor en teología, dado el evento que se señala a continuación. En abril de 1594 se traslada a Gratz, capital de la provincia austríaca de Estiria, como profesor de matemáticas en el colegio provincial luterano.

En 1595, y como parte de sus obligaciones en la cátedra de matemáticas, confecciona su primer calendario de índole más astrológica que astronómica. En julio de ese año, Kepler tiene la inspiración que la clave de la estructura del universo está en los cinco poliedros regulares o cuerpos perfectos. Esta idea se le presenta mientras imparte una lección a sus no tan entusiasmados discípulos. De inmediato emprende el trabajo en su primer libro, el que aparece en 1596, en Tubinga. El libro titulado Misterium cosmographicum ofrece, según su autor, la demostración definitiva del copernicanismo en virtud de una síntesis de teología, matemática y astronomía.

Kepler contrae matrimonio con Bárbara Müller en 1597. Ella fallece en 1611. Cinco hijos pero solamente dos alcanzan edad adulta. Segundas nupcias en 1613 con Susana Reuttinger -siete hijos, tres mueren en la infancia. En 1598 se inician dificultades confesionales en Gratz como resultado de la decisión del archiduque Fernando de Austria, señor de la región, que conlleva la expulsión de los protestantes, lo que supone exilios temporales de Kepler. Su expulsión definitiva será realidad en 1600.

En este mismo 1600, Kepler se incorpora al servicio del astrónomo danés Tycho Brahe, quien se ha instalado en la corte de Praga, al servicio de Rodolfo II de Bohemia -emperador del Sacro Imperio Romano. A raíz de la muerte de Brahe, 1601, se le nombra su sucesor como matemático imperial, título que ostentará hasta su muerte. Prosigue la investigación en torno a la órbita de marte, tarea asignada por Brahe, que lo llevará al descubrimiento de las dos leyes que rigen su movimiento.  Durante este tiempo Kepler también avanza en sus investigaciones en óptica que culminarán en 1604, con Ad Vitellionem paralipomena astronomiae pars optica. Como resultado de sus observaciones de la supernova 1604, ahora conocida como de Kepler, publica en 1606 De stella nova, in pedo serpentararii.

Su Astronomia nova, 1609, obra en que resuelve la cuestión de la trayectoria de Marte, en virtud de las dos leyes, conocidas como de la elipse y de las áreas, y cuestiona el imperio doctrinal del movimiento circular y uniforme. Además, en esta obra se redefine el concepto de la astronomía pues se la concibe como una física de los cielos, y se anuncia un tratamiento mecanicista de la cuestión relativa al porqué del movimiento del planeta Marte. Con todo esto rompe con la tradición astronómica y establece los fundamentos de la astronomía moderna. Kepler también trabaja una especie de novela de ciencia ficción, Somnium, que supone un vuelo a la luna, el relato de las costumbres de sus habitantes y la descripción del cielo desde ese otro punto de referencia.

En 1610, Kepler publica Dissertatio cum nuncio sidereo, que corrobora el aporte telescópico de Galileo en el Sidereus nuncius. Publica Dioptrice, 1611, importante obra de óptica. Construye el telescopio que lleva su nombre. Se le nombra matemático de la provincia de la Alta Austria (hasta 1626). En 1612, se traslada a la ciudad de Linz, para asumir sus nuevas obligaciones. Kepler mantiene su labor de investigación y publicación. Nova stereometria doliorum vinarum -nueva estereometría de los toneles de vino- (1615), importante desarrollo hacia lo que será el cálculo infinitesimal. Extracto del arte de medir de Arquímedes, 1616. Efemérides, libros I‑III (1617), que completará en 1630.

Es de notar que desde 1615 se inician las dificultades de su madre, Katherine, por acusaciones de brujería. Kepler debe dedicar mucho tiempo y esfuerzos para librarla de las consecuencias de tales acusaciones. Empero en 1620 la encarcelan e inician proceso formal. En 1622 es absuelta  pero muere poco tiempo después. Kepler se siente parcialmente culpable puesto que en su obra de ficción la caracterizaba como curandera y capaz de volar por los cielos hasta alcanzar la Luna.

En 1618, Kepler inicia un importante ciclo de publicaciones astronómicas que cierra en 1621. En efecto, aparece Epitome astronomiae copernicanae,libro I-III, libro IV en 1620, y  libros V‑VII en 1621. Esta obra es una síntesis del copernicanismo, con sentido didáctico, que incluye los aportes keplerianos, por ejemplo, la generalización de las leyes del movimiento planetario. De mayor importancia por su aporte original, en 1619, Harmonices mundi,  que culmina su obra creativa en astronomía. En ella se comunica la Tercera Ley del movimiento planetario. También aparece su De cometis.

Otros trabajos se suceden: Chilias logarithmorum, o tablas logarítmicas (1624). Hyperaspistes, 1625. Tablas Rudolfinas, con el “tesoro de observaciones” de Tycho Brahe, fines de 1627.

Kepler entra al servicio de Wallenstein en 1628. La relación no fue buena, el general lo consideraba más un consejero astrológico para sus actividades político-militares, y él ofrecía solamente pronósticos muy precavidos y ambiguos. Kepler denota gran inquietud por su bienestar y hace constantes viajes para resolver sus muchos asuntos pendientes -salarios atrasados por muchos años y estabilidad laboral.

Johannes Kepler muere el 15 de noviembre de 1630, en la ciudad de Ratisbona, luego de sufrir fiebres por alrededor de diez días. Su epitafio, redactado por él, encabeza como epígrafe este bosquejo biográfico.

[Medí los cielos, ahora mido las sombras

del cielo era la mente, en la tierra descansa el cuerpo.]

Publicado en Zamora y Coronado, Perspectivas en Ciencia, Tecnología y ética. Cartago, C.R.: Editorial Tecnológica  de Costa Rica. 2002. 77-79.

Interpretación Convencionalista del Experimento de Oersted

*Celso Vargas Elizondo

  1. El convencionalismo

El convencionalismo fue un movimiento filosófico muy importante durante las primera siete décadas del siglo XX en la comprensión de la tarea científica.  Reconocemos dos momentos en el desarrollo de esta perspectiva: las primeras décadas del siglo XX con Pioncaré, Duhem y Reichenbach; y una segunda etapa bajo la tesis de la “subdeterminación” de las teorías científicas, tesis conocida como Duhem-Quine.  Se puede consultar con mucho provecho a Torsten Wilholt (2012) Conventionalism: Poincaré, Duhem, Reichenbach, disponible en la web.

La característica principal del convencionalismo es que no considera un sistema científico como verdadero, sino “verdadero por convención” (Lakatos, 1970, History of Science and Its Rational Reconstructions). No significa esto que un sistema científico sea arbitrario, pues la selección de la convención responde a criterios, entre otros, la simplicidad.  En el capítulo de Popper sobre “simplicidad” (1958 Logic of Scientific Discovery), muestra que la adopción de la geometría euclidiana, sobre otras de más dimensiones, responde el hecho de que es más fácil modelar fenómenos físicos en términos de esta geometría.  En este sentido, los científicos y también matemáticos, buscan estrategias para reducir un problema de múltiples dimensiones a uno de menores dimensiones siempre y cuando sea representativo del problema a resolver.  Pero en un sentido mucho más profundo, la segunda tesis es que las teorías científicas “dicen más” sobre la realidad que el mundo mismo, por ejemplo, el espectro de las ondas Hertz, es mucho más amplio que el tipo de ondas que encontramos en la realidad, incluyendo las artificiales.  Dado este hecho, varias posibles teorías serían compatibles con los datos.  Por convención se adopta aquella que sea más simple.

Como toda convención requiere el consenso de la comunidad científica para adoptar una determinada teoría.  El proceso del desarrollo de la ciencia está profundamente marcado por este esfuerzo de los representantes de las teorías por imponer su teoría a la comunidad científica, en dos sentidos, lograr nuevos adeptos, y mostrar que su teoría es más simple que las rivales.  Sin embargo, debemos señalar que es muy difícil proponer criterios de simplicidad de manera general.  Y este es uno de los principales problemas del convencionalismo.

2. Análisis del experimento de Oersted

El experimento de Oersted se encuentra el inicio del rápido desarrollo, tanto teórico como experimental, en el campo del electromagnetismo.  Progresos que se alcanzan gracias a destacadas figuras científicas como Faraday, Helmholtz, Maxwell y Hertz, entre otros. De 1820 a 1890 veremos desarrollarse y florecer este importante campo de la investigación científica.  Así pues, en 1820 todavía no contamos con una teoría, entendida, como dice Duhem, como “un sistema matemático de proposiciones, deducido de un pequeño número de principios, cuyo objetivo es representar lo más simple, completo y exacto como sea posible un conjunto de leyes experimentales”, en términos del cual poder aplicar los criterios convencionalistas.

Sin embargo, encontramos en el experimento de Oersted algunos elementos que concuerdan con los criterios convencionalistas, por ejemplo, la formación de una red conceptual que permita darle sentido a los hallazgos en este nuevo campo de la investigación científica.  Quiero centrarme en dos estos elementos de la red conceptual.

Se desprende de lo dicho anteriormente, que para el convencionalista la aceptación de los resultados científicos dependen del consenso de la comunidad científica.  En este sentido, Oersted hace un importante esfuerzo por buscar testigos y formas de validación de sus resultados, incluyendo desde luego, una legitimación del vocabulario o terminología correspondiente.  Invita Oersted a distinguidos testigos y describe su serie de experimentos con el fin que sean repetidos y aceptados por otros investigadores.  Y su trabajo será pronto reconocido y premiado, es decir, alcanza el consenso, condición importante para el convencionalista.

Distinguimos en Oersted tres tipos de vocabulario en la presentación de sus experimentos: a) vocabulario que describe conceptos obtenidos con antelación, como gálvano, aguja magnética, circuito galvánico, receptáculos de cobre, polo opuesto, ácido sulfúrico y ácido nítrico, entre otros.  b) vocabulario no técnico tomado del uso ordinario como Este, Oeste, magnitud, goma (gum-lac), giros, entre otros. c) términos técnicos introducidos por el mismo Oersted:  conflicto eléctrico (actualmente, campo magnético), electricidad negativa (actualmente, flujo de electrones), inclinación de la aguja (desplazamiento de la dirección de la aguja), unión conductora (joining conductor) y fuerza eléctrica, entre los más importantes. Sin embargo, lo que hemos indicado en este párrafo  constituye un elemento superficial del convencionalismo, por las limitaciones anteriormente indicadas.

3. Problemas relacionados con convencionalismo

Quisiera referirme brevemente a dos tesis que considero problemáticas del convencionalismo.  La primera es que la tarea de la comunidad científica es arribar a un sistema científico por convención, es decir, aceptarlo verdadero por convención. La segunda es la consideración de un sistema científico como “un sistema matemático de proposiciones, deducido de un pequeño número de principios, cuyo objetivo es representar lo más simple, completo y exacto como sea posible un conjunto de leyes experimentales”.   En ambas tesis, el compromiso de la investigación científica por la búsqueda de la verdad es dejada de lado.  Somos conscientes, desde luego, de las dificultades de proporcionar una definición general adecuada de verdad, cosa que intentaremos en las dos perspectivas siguientes sobre este tema.  El énfasis en el carácter deductivo de la ciencia, refleja un aspecto muy importancia de la ciencia; el segundo es la “interrogación” a la naturaleza, en el caso específico de las ciencias naturales.

La interpretación inductivista del experimento de Oersted

Agradezco al profesor Luis Guillermo Coronado por haberme proporcionado una copia del extracto de la serie de experimentos de Oersted publicado por  Morris H. Shamos en Great experiments in Physics.

  1. Presentación del experimento

El 21 de Julio de 1820, Oersted (1777-1851) hizo circular una carta en la que relataba los resultados de una serie de experimentos realizados durante el invierto de 1819-1820 relacionados con la interacción entre la electricidad y el magnetismo.  Describe el arreglo experimental cuyos componentes principales son: un instrumento galvánico, una aguja magnética y el material conductor (cable u otros). Ante la presencia de varios respetables testigos hace pasar una corriente eléctrica y registra el movimiento de la aguja magnética un concordancia con el conocimiento que sobre el magnetismo se tenía en ese momento.  Fue evidente para todos que la aplicación de una corriente eléctrica y hacerla pasar por los receptores de cobre generan un efecto magnético, es decir, un movimiento de aguja magnética claramente detectable.  El ángulo de “inclinación” de la aguja depende de algunos factores, pero en distintas condiciones experimentales, el efecto es clara y unívocamente atribuible al paso de la corriente eléctrica.

  • La interpretación inductivista del experimento

Quiero presentar dos posiciones inductivistas en relación con el experimento de Oersted.

2.1. El inductivismo radical

Carl Hempel en su obra Filosofía de la Ciencia Natural (1985) analiza la propuesta de A. B. Wolfe, un filósofo social y economista el cual, en 1924, presentó la siguiente descripción de la forma de proceder el científico:

            Si intentamos imaginar cómo utilizaría el método científico… una mente de poder y alcance       sobrehumanos, pero normal en lo que se refiere a los procesos lógicos de su pensamiento, el            proceso sería el siguiente: En primer lugar, se observarían y registrarían todos los hechos, sin       seleccionarlos ni hacer conjeturas a priori acerca de su relevancia. En segundo lugar, se analizarían, compararían y clasificarían esos hechos observados y registrados, sin más hipótesis ni postulados que los que necesariamente supone la lógica del pensamiento. En tercer lugar, a    partir de este análisis de los hechos se harían generalizaciones inductivas referentes a las         relaciones, clasificatorias o causales, entre ellos. En cuarto lugar, las investigaciones       subsiguientes serían deductivas tanto como inductivas, haciéndose inferencias a partir de           generalizaciones previamente establecidas (citado en Hempel, 1985, pag. 27).

Aunque antigua, representa bien una forma de pensar sobre la ciencia que escuchamos una y otra vez a los estudiantes que ingresan a las carreras de ingeniería, con la excepción de “una mente de poder y alcance sobrehumanos”.  Su introducción está claramente motivada por uno de los grandes problemas del inductivismo y que tiene que ver con el límite temporal en la observación y el registro de “hechos”.  Imponer un límite es arbitrario.  

Cuando analizamos la serie de experimentos de Oersted desde esta posición, lo primero que concluimos es que Oersted no es un buen científico: no cumple con los pasos requeridos por el método.  Primero, debió comenzar por la enumeración exhaustiva de los “hechos”. Segundo, debió haber presentado el análisis, la comparación y la clasificación de los “hechos” requerido por el paso segundo. Tercero, tampoco presenta las generalizaciones inductivas o causales a las que llega.  El relato de Oersted se sitúa en paso cuarto y de manera imperfecta, según lo requerido por todo el método.  

La utilización de esta propuesta para explicar el desarrollo de la ciencia conlleva una drástica revisión y reconstrucción de la historia de la ciencia en la que, una parte importante, sino todos los hitos en el desarrollo de la ciencia no reunirían los estándares de este método y, por tanto, no calificarían como conocimiento científico. En el caso de Oersted hay una búsqueda intencional, una interrogación intencional a la naturaleza, una conjetura a priori, prohibida por este método, sobre la interacción entre electricidad y magnetismo; conjetura ésta que deriva de una visión filosófica que se remonta a Descartes y a Leibniz, al menos.  En Oersted tiene antecedentes más inmediatos en las propuestas de Kant, Fichte, Schelling y Vitter.  Esta búsqueda intencional no es racional bajo el inductivismo radical que hemos citado.

2.2. Uso de la inducción

Sin embargo, encontramos “elementos inductivistas” en dos momentos, al menos: en la determinación de los materiales conductores de electricidad y en la determinación del efecto magnético según la distancia  que se coloque el material conductor. En ambos casos, el uso de la inducción tiene sentido en el proceso general de descubrimiento y en la determinación del contenido empírico de una hipótesis.  En el primer caso, la hipótesis podría ser: “Para todo x, Si x es conductor eléctrico, entonces, producirá el efecto y”. Desde luego, el modus tollendo Tollens (MT), como recurso lógico, se utiliza para descartar ciertos materiales como conductores.  En el segundo caso, Oersted muestra que la intensidad del efecto magnético varía de forma inversa y proporcional a la distancia en la que se coloque el cable que se utiliza como conductor eléctrico.  Ubica el cable a diferentes distancias y determina que la ubicación a ¾ de pulgada produce un ángulo de 45°, pero que éste comienza a decrecer a distancias mayores.  Pero agrega que esto depende “de la eficiencia del aparato”.   Así pues, la inducción es una parte de las herramientas que utiliza el científico en la investigación científica, pero en ningún momento es EL MÉTODO.

HANS CHRISTIAN OERSTED. Breves notas biográficas

*Guillermo Coronado

En la ciudad de Rudköbing, capital de la isla de Langeland, Dinamarca, el 14 de agosto de 1777, nace Hans Christian Oersted, hijo de un boticario quien además de estudios en farmacia, posteriormente se interesa en las ciencias químicas y físicas, en especial en el contexto de las interrelaciones entre fuerzas.  Esto último por influencia de la filosofía de Immanuel Kant (1724-1804) y de la filosofía de la naturaleza alemana de ese entonces, desde la perspectiva teórica por una parte, y de las investigaciones experimentales en el magnetismo y la electricidad, por la otra.

En 1794 ingresa a la Universidad de Copenhague, en la que realiza estudios de farmacia, graduándose con honores en 1797. Dicha universidad era la única de Dinamarca en ese entonces había sido fundada en 1479.   En ella, Oersted siguió estudios de medicina, física y astronomía y filosofía.  En 1799, culmina sus estudios doctorales, con una tesis sobre la importancia de las ideas del filósofo alemán Kant  para el estudio científico de la naturaleza.  

Su interés en torno a Kant, se manifiesta en el año anterior a su graduación doctoral, pues en 1798, Oersted aparece en el comité de redacción de una revista dedicada a la difusión de las ideas kantianas.

Todo esto lo marcará más como un filosófo de la naturaleza que un estricto científico, lo que resultará negativo para su primer intento de ingresar como docente a la Universidad en 1803, pues se le rechaza por ser más filósofo que científico y el puesto por el que optaba era en ciencia, esoecíficamente en física.  

Finalmente, gracias a sus actividades de investigación en los campos de la electricidad y el magnetismo, conferencias y viajes, será nombrado profesor extraordinario en física el año de 1806 y finalmente en 1817, profesor ordinario.  En 1813 publicará  sus Investigaciones sobre la identidad de las fuerzas químicas y eléctricasen alemán y luego traducida al francés.  En este texto, Oersted asume la interrelación de las fuerzas en el espíritu del kantismo y la filosofía de la naturaleza alemana.  Pero ello es un enfoque especulativo.  Posteriormente ofrecerá, con su famosa experiencia de 1820, una demostración experimental.  Pero su estudio detallado queda para nuevas entregas de esta serie de breves ensayos.

A partir de 1800, y con la intención de forjar una carrera académica en ciencias, Oersted viaja por Alemania, Francia, Holanda, y tiene contactos con filósofos como Johann Gottlieb Fichte (1762-1814) y Friedich Wilhelm Joseph Schelling (1775-1854) representantes de la filosofía de la naturaleza alemana.  Y motivado por el gran invento de la pila de Volta y su impacto en la investigación eléctrica. con científicos como el Conde Rumford (Benjamin Thompson de la colonia norteamericana de Massachusetts)(1753-1814) gran crítico de la teoría del calor como fluido y proponente de una teoría cinética del mismo y en Jena con el físico alemán Johan Wilhelm Ritter (1776-1810), dedicado a la llamada electroquímica, que anticipó algunos de los famosos desarrollos del químico inglés Humprey Davy(1778-1829) en ese campo.  Estos viajes y sus correspondientes contactos con destacados personajes conformaban un elementos crucial en la formación de los jóvenes intelectuales.

Después de su nombramiento como profesor extraordinario, entre 1812 y 1813 vuelve a Alemania y Francia.  Durante este viaje es que aparece su libro antes citado.  Se reincorpora de nuevo a la Universidad de Copenhague en 1814.

En el contexto de un curso lectivo en el año de 1819-20, sobre el tema de la electricidad, el galvanismo y el magnetismo, realiza su fundamental experiencia que relaciona las fuerzas eléctricas y magnéticas.  El experimento se realiza en abril de 1820 y se publica en junio en un breve texto latino, publicado y distribuido privadamente hacia julio del mismo año, Experimenta circa effectum conflictus electrici in acum magneticam.  Esta experiencia y sus implicaciones se difunde por toda Europa con enorme velocidad y se hace presente en las principales sociedades científicas.

La Real Sociedad de Londres le confiere la prestigiosa Medalla Copley en ese mismo año de 1820.

Como químico se le reconoce como un pionero en el estudio del aluminio dadas sus experiencias y publicación de 1825.  Pero el método y la publicación posterior de Friedrich Wöhler (1800-1882), químico alemán, en 1827, a pesar de referir a la de Oersted, ha quedado como la definitiva evidencia de la prioridad de Wöhler.  La síntesis de la úrea y el aislamiento del berilio y el aluminio metálico son tres de sus más significativos aportes.

Con gran reconocimiento mundial y nacional por su descubrimiento de la relación entre el magnetismo y la electricidad, Oersted muere en Copenhahue el 9 de marzo de 1851.  Su funeral fue enorme dado el cariiño y reconocimiento de los habitantes de la ciudad y de la Universidad de Copenhague.

COVID-19: filosofía, ciencia y tecnología

*Álvaro Carvajal Villaplana

Ante la crisis sanitaria que provoca el COVID-19 en el país, la periodista María Gabriela Mayorga López, de la Oficina de Divulgación de la Universidad de Costa Rica, me solicitó que le planteara dos preguntas, con sus respectivas respuestas acerca de los aportes de la filosofía ante la crisis. Esto para ser publicado en el Suplemento de Ciencia y Tecnología, en el Semanario Universidad. Pero, como mis respuestas fueron amplias, y en razón de la corta extensión de lo solicitado, he pensado que, para no mutilar el texto, lo mejor es publicarlo en la columna Nuevas Perspectivas, del Círculo de Cartago.

Las dos preguntas que me hice son: (I) ¿Contribuye la historia de la filosofía a comprender la situación actual de la pandemia del COVID-10?, y (II) ¿puede la filosofía aportar algo a la aplicación de la ciencia y la tecnología a la lucha contra epidemias?

Continuar leyendo “COVID-19: filosofía, ciencia y tecnología”

Agüela y Sartre in memoriam*

*Álvaro Zamora

L´Agüela nació en 1905 y su madre la premió con el nombre de Felícitas. Pasó la infancia en San Pablo, pero de joven se mudó a Heredia. Pasados algunos años, pudo comprar ahí una casa de adobes con fachada estrecha y largo patio. Ha de haber recibido ayuda económica de mi abuelo, un gamonal tuerto, que yo apenas vi una o dos veces. 

L´Agülela fue una trabajadora escrupulosa y exigente consigo misma. Practicó una fe católica simple, sincera e inquebrantable. Cuando ella cursaba los sesenta años,  me confesó haber querido terminar la escuela. Pero en su escuela solo daban lecciones hasta el tercer grado. Por suerte, desarrolló un placer enorme por la lectura. Antes de dormir, me leía Las mil y una noches, capítulos de El Quijote, los Cuentos de mi tía Panchita, algunos libros de Verne, uno de Wells, Pinocho y una colección de aventuras que mi madre le compró  a un vendedor de enciclopedias que pasaba por casa de cuando en cuando. 

L´Agüela era una mujer gruesa, fuerte y muy bajita; tenía la piel curtida, aindiada, oscura; su voz era incontrovertible, muy ronca. Parecía una mujer severa. Enfrentaba las situaciones con inesperada racionalidad, pero nunca negoció sus creencias ni sus principios. 

De ella aprendí valores fundamentales; también me enseñó secretos culinarios; aunque nunca fui capaz de reproducir sus cajetas de maní,  ni su picadillo de fiesta. Todavía admiro su vocación cínica por la verdad. Creo que mi primer contacto con la ética –es decir, con reflexiones sobre temas morales– proviene de sus explicaciones sobre dicha vocación. No llegó a los excesos del infame filósofo de Sinope, pero ella también despreciaba la ostentación y el derroche material. Si le regalaban un  vestido, lo guardaba hasta gastar (después de coserlo una y otra vez) los que tenia en uso: “Aprenda, m´hijito –solía decir– lo viejo guarda lo nuevo”. Para la celebración de mi bachillerato, ella estrenó un bello traje blanco que había comprado once años antes. 

Mucho antes de leer El existencialismo es un humanismo (por orden del profesor Ramón Madrigal Cuadra, en la UCR) yo aprendí de L´Agüela que somos lo que hacemos y que –aunque parezca inconveniente o peligroso a veces– es correcto y necesario ser honrado y defender la justicia. Por esas razones la invoqué cual personaje, décadas después, en un libro de ética (EUNED, 2008).

Jean Paul Sartre también nació en 1905 y de su obra he aprendido mucho. Como L´Agüela, él era bajo de estatura y pensaba que “no tenemos más que esta vida para vivir”[1]. Su paso por el mundo fue muy diferente al de Felicitas, sin duda; pero, como ella, defendió la mayoría de sus convicciones con ahínco, aunque,  a diferencia de ella, él fue ladino en sus relaciones amorosas y con varios de sus amigos.

Sartre –a quien, como a L´Agüela, he dedicado muchas páginas–  es uno de los filósofos más famosos del siglo XX. Suele ser recordado como existencialista, aunque su trabajo más importante es fenomenológico y de orientación marxista. Algunos lo consideran el último gran filósofo moderno, dado que en su obra reconsidera la idea del cogito. Se enriquece críticamente con la filosofía de Hegel, la de Kant, Husserl, Heidegger y con la obra de Freud. No obstante, va más allá de tales rutas, al dar sentido y perspectiva a una ideología compleja. Él la desarrolla  siguiendo al materialismo dialéctico, pero cree que dicha filosofía no debería eludir  el estudio de “la mediación privilegiada que le permite pasar de las determinaciones generales y abstractas a ciertos rasgos del individuo singular”[2]. En palabras simples, y parafraseando una famosa fórmula de Cuestiones de método [3], podemos decir que eso implica dar cuenta de L´Agüela desde dos perspectivas correlativas dialécticamente:  Felícitas es una mujer de extracción campesina, pero no toda mujer de esa extracción es Felícitas”. 

Vale recordar otra idea de Sartre que seguramente ella compartiría: “el hombre se elige en relación con los otros”[4].  Algunos han querido ver en esa afirmación de  El existencialismo es un humanismo un pecado metafísico con el que Sartre anula nuestras diferencias y –sobre todo– elude el problema de la violencia, la desigualdad, la alienación. En su legado literario y en ensayos filosóficos como Cuestiones de métodoCrítica de la razón dialécticaEl idiota de la familia¿Qué es la literatura?, Las palabras y varias obras póstumas, él ridiculiza tal interpretación. En su Autorretrato a los sesenta años resume así su verdadera posición: “una teoría de la libertad que no explique al mismo tiempo –como él hace en las referidas obras– qué son las alienaciones, en qué medida la libertad puede dejarse manipular, desviar, volverse en contra de sí misma” es una teoría que “puede confundir muy cruelmente”[5]

He ahí dos legados de moral que han moldeado mi existencia. Uno cercano y práctico; el otro es teórico. Las implicaciones de ambos se hallan en proceso. 

A cuatro décadas de la muerte del filósofo, dedico estas líneas a conmemorarlo, cual complemento teórico de muchas vivencias compartidas con Felícitas.

Cartago, abril, 2020.


[1] Sartre, J-P. (1972) Obras (trad. A. Bernárdez y otros). Buenos Aires: Losada. 955.

[2] Sartre, J-P. (1960) Crítica de la razón dialéctica (precedida de Cuestiones de método). (trad. M. Lamanna). Buenos Aires, Losada, 56.

[3]

[4] Sartre, J-P. (1977) El existencialismo es un humanismo (trad. V. Prati). Buenos Aires: Sur, 55.

[5] Sartre, J-P. (1977) Autorretrato a los sesenta años (Situaciones X) (trad. J. Schvertzman). Buenos Airs: Losada, 126.

Cocina, filosofía y Premio Magón*

*Álvaro Zamora

Es innegable que el patrimonio culinario (o, si se prefiere, la gastronomía) ocupa –desde la Antigüedad y más allá de ella– un lugar privilegiado en cada cultura. Se habla de la cocina china, la cocina mexicana o la cocina francesa como elementos esenciales que caracterizan a las naciones o a ciertas tendencias del gusto; son difundidas así por todo el orbe. Los grupos nómadas del Sahara también cuentan con una cocina propia, en Islandia y en la India disfrutan de platillos que yo no he aprendido a disfrutar. 

Cada país tiene su cocina, en la cual se incluyen, necesariamente, las cocinas regionales. Costa Rica, por ejemplo, cuenta con el gallo pinto de Santa Cruz (muy seco) que difiere bastante del que ofrece un conocido restaurante cartaginés (más húmedo, poblado con diminutos cortes de chile, cebolla, ajo y culantro). La receta del delicioso rondón que ofrece los miércoles un restaurante en la playa de Manzanillo no ha llegado a noticia de las cocineras de la emblemática Coopetortillas de Santa Cruz. Acaso esos y otros establecimientos merezcan alguna reflexión filosófica (como las de la periodista y filósofa Valeria Campos, del instituto de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso). Merecen, seguramente  hasta un premio de cultura. 

Continuar leyendo “Cocina, filosofía y Premio Magón*”

De comida y de filósofos*

*Edgar Roy Ramírez

Una especialista en alta cocina, quien le ha dado alcurnia a la cocina costarricense, es galardonada con el premio Magón y tal otorgamiento ha desatado la furia de Arnoldo Mora: “No se puede confundir el Quijote con el directorio telefónico.  No se puede comparar un poema de Jorge Debravo con una receta de cocina…” (Semanario Universidad: 11-02-20); “…le dan el premio, dicho con todo respeto, a alguien que hace muy bien el arroz con pollo”.  La retórica no oculta los insultos ni la furia: ¿quién en su sano juicio confundiría una guía de teléfonos con el Quijote?  El insulto es obvio y el modificador “dicho con todo respeto” no suaviza en ningún sentido la afrenta de que se le otorga el premio a alguien que hace muy bien el arroz con pollo.

La cultura da arraigo y da identidad.  Por la comida una parte muy pequeña del cosmos entra en nosotros, para mantenernos en la existencia.  Empero, no se agota allí, cada vez que comemos apoyamos, queriéndolo o no, unas formas de tratar el ambiente, el planeta, a otros seres humanos y a animales no humanos.  Por eso, la comida tiene repercusiones éticas y políticas.

en la cocina

se defiende la vida

                        con tomates

                        ajos

                        cebollas

y demás frutos de la tierra

y del sudor de tanta gente

            la cocina 

            es la primera trinchera.

Los filósofos no le han puesto suficiente atención a la cocina como una fuente genuina de creatividad, de gozo y de comensalidad, como una manifestación importante de la cultura.  La explicación de esta actitud parece ser el haber convertido la vista y el oído en sentidos centrales epistémica y estéticamente, en detrimento de los otros sentidos.

Inventores No 6. Las Gafas*

Mario Alfaro

La historia de la técnica da cuenta de múltiples inventos que han hecho posible la solución a múltiples problemas que aquejan a los seres humanos a lo largo de su devenir, en tal sentido, hay que recordar que por lo general los inventos en la mayoría de los casos responden a una necesidad[1]. En esta columna quiero rescatar algunos datos de una invención que millones de personas en este planeta usamos y que nos permite enfrentar el cotidiano vivir con cierta normalidad, me refiero a las gafas, (lentes)[2]  y que, también denominamos anteojos, aunque este término refiere a una etapa posterior a su invención[3]. En cuanto a la importancia de este artefacto no es necesario profundizar, para todos resulta obvia su utilidad y los problemas que resuelve. 

La historia[4] de este invento es problemática de  precisar, se sabe que Roger Bacon (1214-1292), inglés que fue miembro de  la orden católica de los franciscanos, miembro de la Escuela de Oxford y discípulo de Robert Grosseteste  (1175-1253), fue defensor del método experimental como medio para lograr conocimiento, (Historia de la filosofía, 1972,368-9), fue también aficionado a la alquimia, encarcelado por sus inventos y el Papa Clemente IV hubo de intervenir para liberarlo, fue uno de sus precursores( Dessauer, F, (1964), Discusión sobre la técnica, 160,256)

En efecto, Roger Bacon y Alejandro de la Espina, en el siglo XIII (Sin fecha precisa)  comunican la invención de un instrumento que sirven para resolver el problema visual que  él tenía, así como para otros miembros de la orden, especialmente para los de más edad. Dado que los franciscanos eran lectores importantes de los clásicos, especialmente de Platón, conservar la capacidad visual era una perentoria necesidad; fue ello lo que impulsó a Robert Bacon, junto a su discípulo Alejandro de la Espina a la construcción de las gafas. Es así como esta necesidad se convierte en  causa de su invención. Acá hay un dato curioso, tal parece que Bacon nunca quiso informar cuál era el procedimiento que se requería para la construcción de las gafas, fue su discípulo De la Espina, quien tras la muerte de Bacon, dio a conocer cómo se construían. 

Este es una réplica de las gafas de Bacon y que luego De la Espina va construir y dar a conocer, como se observa es una invención simple, dos lentes incluidos dentro de dos paletas de madera sostenidas por un tornillo, ambas paletas pueden moverse y ajustarlas a la necesidad ergonómica del usuario, también hubo otros modelos donde los lentes estaban unidos por una cuerda.

Nota: En 1982 se publicó una novela de Humberto Eco, “El nombre de la rosa” , tuvo mucho éxito, esta novela se ubica precisamente en el siglo XIII  en una abadía de los benedictinos, la novela es de tipo policíaco. Años después se hace una película con el mismo nombre de la novela. En la abadía se investiga la muerte de varios miembros, el investigador Guillermo de Baskerville utiliza unas gafas idénticas a las inventadas por Bacon y De la Espina.

 Los primeros que se usaron eran unos vidrios pulidos con determinado espesor, como los inventados por Bacon y De la Espina, luego se fueron construyendo con importantes modificaciones, por ejemplo Nicolás de Cusa en el siglo XV propuso el uso de lentes cóncavas y más delgados en el centro y los laterales para poder ver objetos lejanos, sin duda una innovación cualitativa. En cuanto a los aros, la evolución ha sido y sigue siendo muy variada desde que se empezaron a producir en serie, (Revolución Industrial) los hay circulares, cuadrados, triangulares, ovalados, rectangulares, ovalados y hasta triangulares. En un blog en internet se refiere que el Papa León X[5], usó unos con estas características[6]

La evolución de los lentes y los aros es muy amplia como para detallarla en esta columna, sí es importante decir que hoy las lentes son el resultado de nuevos y funcionales materiales adaptados a las necesidades y solución de enfermedades comunes, miopía, presbicia, astigmatismo entre otras. 

Todo invento técnico evoluciona con el uso que se le va dando a través de la historia, se modifica,  innova, adapta, se comercializa y hasta se patenta.  La evolución de las gafas se ha expresado desde su invención con  el uso de los materiales, madera, plástico, fibras de diferentes tipos, vidrio, etcétera todo esto en  lo formal (aros).  En cuanto a las lentes, las innovaciones han sido más bien cualitativas,  claramente a partir de los XVI y XVII.  El desarrollo de la óptica y la física tuvieron impacto en la construcción de las lentes, tanto en materiales como en el mejoramiento y eficacia para mejor la capacidad visual. Vale decir que la evolución de las lentes en su forma, materiales y eficacia, es mucho más importante que la forma de los aros, a fin de cuentas los aros son cuestión de moda, de estatus social y económico (lo trivial versus lo esencial)

Durante la Revolución Industrial (XVIII-XIX), hubo innovaciones y adaptaciones muy funcionales, se diseñó la moldura para sostener las lentes sobre la nariz, las varillas adheridas al lado de la lente y con una curvatura para  sostenerlas detrás de las orejas, el impacto fue inmediato, los aros pasan a ser símbolo de estatus social, los modelos son variados y hasta exclusivos, aunque la necesidad objetiva sea la misma. Hoy la moda, más que la necesidad, es la que más vende. 

Los anteojos que hoy utilizamos millones de personas son tratados y valoraos de diversas maneras. Veamos como los trata un filósofo costarricense:

Rafael Ángel Herra publicó una obra que  me parece genial, intitulada  “Artefactos”, con fina ironía refiere una lista de 111 artefactos, en su mayoría objetos materiales que representan y tienen gran sentido en la vida cotidiana. Herra, con una hábil estrategia que consiste en poner a “hablar” y hasta “reflexionar”  a tales artefactos, los que discurren en torno a sus angustias, de cómo son tratados o más bien maltratados cuando son utilizados para satisfacer alguna necesidad o algún capricho humano. Uno de esos artefactos es el anteojo, o las gafas, y se expresan así:

 “Dicen que nos fabrican para ayudar a la mirada. Los ojos fracasados, inútiles se reactivan con nosotros los anteojos y recuperan la visión perdida. Vamos a todas partes con ellos, precediendo su paso por el mundo, bien sentados sobre la nariz y agarrándonos de las orejas para no caer. Los anteojos somos los mejores cómplices de cuanto ven los ojos: discretos, precisos, abocados siempre a no distorsionar los objetos de la mirada. Yo, por mi parte no cultivo rencores, ni tengo razón para quejarme de mi oficio. A veces se empañan las lentes, pero sin males intenciones” (Página 56).

Bibliografía consultada

Eco, U, (1982), El nombre de la rosa, Editorial Lumen, España.

Dessauer, F, (1964) Discusión sobre la técnica, Ediciones Rialp, S. A., Madrid, España.

Herra, R, (2016), Artefactos, Uruk Editores, San José, Costa Rica.

Roper, L (2017), Martín Lutero, renegado y Profeta, Editorial Taurus, Madrid, España.

Varios autores, (1976), Enciclopedia: La filosofía medieval, Espasa Calpe, S.A, Madrid, España, Tomo I.

www.Todooptica,es, blog, evolución de las lentes. 


[1] Ver columna anterior

[2] El término lente se usó posterior al de gafas

[3] No fue sino a finales de la Baja Edad Media que se utilizó este término.

[4] Los datos referentes a  la evolución de las gafas se toman a partir de la Baja Edad Media, no obstante, se sabe que los antecedentes se remontan a muchos siglos ante, por ejemplo, el emperador Nerón usada un dispositivo que sostenía manualmente para presenciar mejor el espectáculo en el  circo romano, era una lupa.  Nerón era miope.  

[5] Vale recordar que este Papa fue muy famoso, no precisamente por sus bulas en las que expresaba su conservadurismo y dogmatismo. DE  eso escribió ampliamente Martín Lutero quien lo adversaba fuertemente.

[6]www.Todooptica,es,  (2016) Blog volver.