Darwin y Kropotkin: “The survival of the fittest”*

*Leonardo Ortiz Acuña

 

En los capítulos tres  y cuatro de su Origen de las Especies, intitulados Struggle for Existence y Natural Selection respectivamente, Darwin nos da a conocer el mecanismo llamado por él “Selección natural”, el cual explica la evolución estableciendo que cada pequeña variación, en tanto provea al individuo de una ventaja por sobre otros seres vivos y sobre las condiciones físicas de vida, hará que este individuo tienda a preservarse.

Como se puede ver, la evolución por selección natural se justifica por medio de tres premisas fundamentales: la primera es que debe existir la variabilidad de los rasgos individuales. La segunda, que esa variabilidad debe dotar de una ventaja a quien la posee, y por último, que esos rasgos deben ser heredables (esto no se deriva directamente de la selección natural, pero completa la teoría aumentando su capacidad explicativa), de manera que la progenie poseerá (por herencia) una ventaja en la lucha por la existencia (expresión que Darwin utiliza metafóricamente para ilustrar la dependencia mutua de los seres vivos, no solo en lo referente a las vidas individuales, sino también en el éxito de la descendencia) (Darwin, 2003).

La selección natural, para Darwin, se sigue inevitablemente de la lucha por la existencia, es decir, del hecho de que “todos los seres orgánicos están expuestos a una severa competencia”; una competencia por mantenerse en la existencia, razón por la cual “nada es más fácil que admitir la verdad universal de la lucha por la existencia” (Darwin, 2003, p.586). Darwin (2003) explica que este concepto de lucha por la existencia es simplemente “la doctrina de Malthus aplicada al conjunto de los reinos animal y vegetal” (p.588).

De aquí viene la  famosa expresión “the survival of the fittest”, que si bien no está en la primera edición del Origen de las Especies, el mismo Darwin la asocia con la selección natural diez años después en la quinta edición de su famosa obra, donde cambia el nombre del capítulo cuarto del simple “Natural Selection” a “Natural Selection; Or the Survival of the Fittest”, y que Darwin explica de esta manera:

Viendo que indudablemente se han presentado variaciones útiles al hombre, ¿puede, pues, parecer improbable el que, del mismo modo, para cada ser, en la grande y compleja batalla de la vida, tengan que presentarse otras variaciones útiles en el transcurso de muchas generaciones sucesivas? Si esto ocurre, ¿podemos dudar -recordando que nacen muchos más individuos de los que acaso pueden sobrevivir- que las individuos que tienen ventaja, por ligera que sea, sobre otros tendrían más probabilidades de sobrevivir y procrear su especie? Por el contrario, podemos estar seguros de que toda variación en el menor grado perjudicial tiene que ser rigurosamente destruida. A esta conservación de las diferencias y variaciones individualmente favorables y la destrucción de las que son perjudiciales la he llamado yo selección natural o supervivencia de los más fuertes [Survival of the Fittest] (Darwin, 1951, p.86).

Este término no fue una invención de Darwin, y lo podemos saber con claridad debido a que él mismo lo reconoce y nos señala el origen del término: “la expresión frecuentemente usada por míster Herbert Spencer de la supervivencia de los más adecuados es más exacta y es algunas veces igualmente conveniente” (Darwin, 1951, p.70).

Hebert Spencer acuñó el término en 1852 en un artículo sobre cuestiones poblacionales titulado A Theory of Population Deduced from the General Law of Animal Fertility, y en este establece que la lucha producida debido a las presiones generadas por el crecimiento poblacional resulta en un progreso de la especie en general. El pensamiento de Spencer en este respecto (no el de Darwin) deriva en una línea de pensamiento social que ha sido llamada “Dawinismo social” o “Spencerismo social” (Claeys, 2000). Las principales tesis del Darwinismo social son: 1) las leyes biológicas rigen sobre todos los seres vivos, incluidos los seres humanos, 2) las presiones debidas al crecimiento poblacional generan una lucha por la existencia entre los organismos, 3) ciertas características físicas y mentales pueden dotar de una ventaja en la lucha por la existencia a sus poseedores y a su descendencia, 4) los efectos acumulados de la selección natural explican la emergencia de nuevas especies y la eliminación de otras (Hawkins, 1997).

Aunque, como puede verse, las premisas del Darwinismo social no se alejan mucho de las premisas de la selección natural de Darwin, esta doctrina entendida como una teoría social llevó a una multitud de posiciones intelectuales cuasi-biológicas y explicaciones organicistas sobre la evolución social, asociadas a doctrinas sobre la división de clases, la pobreza, niveles de desarrollo de las distintas “razas” y nacionalidades (como los casos del Malthusianismo científico, y el caso de la doctrina político-social del Nacional Socialismo Alemán).

Uno de los primeros en darse cuenta que esta doctrina de carácter social y político no se deriva necesariamente del trabajo de Darwin fue Piotr Kropotkin (1842-1921), geógrafo, naturalista y pensador político ruso, quien durante su exilio (debido a su militancia política), como geógrafo, empezó a interesarse por el Darwinismo.

Kropotkin (2012) argumenta que la cooperación en lugar de la competencia es el elemento clave en la evolución, y la ayuda mutua es una parte esencial de la experiencia humana. Los seres humanos, por su misma naturaleza (de carácter claramente social), a través de la evolución han desarrollado un sentido moral asociado a esta mutua cooperación, que le ha dado una ventaja evolutiva, y que hace que la ley impuesta por la autoridad no sea necesaria.

La teoría de Darwin pensada por Kropotkin (su interpretación de Darwin) trata de rescatar a Darwin del Darwinismo social. Kropotkin dirige sus ataques principalmente a Thomas Huxley, quien creyó que lo que Darwin describe cuando usa el concepto de lucha por la existencia es algo que se adecua únicamente a la sobrevivencia del más fuerte (fittest), donde la fuerza es definida en términos de la capacidad del individuo de obtener recursos. Lo que Kropotkin señala es que hay una nueva forma de interpretar “fitness”, que es la habilidad de la especie de cooperar para protegerse mutuamente del ambiente y de los predadores (de otras especies y de la misma).

Aunque él mismo [Darwin], para su propósito especial, utilizó la expresión lucha por la existenciapreferentemente en su sentido estrecho, previno a sus sucesores en contra del error (en el cual parece que cayó él mismo en una época) de la comprensión demasiado estrecha de estas palabras. En su obra posterior, Origen del hombre, hasta escribió varias páginas bellas y vigorosas para explicar el verdadero y amplio sentido de esta lucha. Mostró cómo, en innumerables sociedades animales, la lucha por la existencia entre los individuos de estas sociedades desaparece completamente, y cómo, en lugar de la lucha, aparece la cooperación que conduce al desarrollo de las facultades intelectuales y de las cualidades morales, y que asegura a tal especie las mejores oportunidades de vivir y propasarse. Señaló que, de tal modo, en estos casos, no se muestran de ninguna manera más aptos” [fittest] aquellos que son físicamente más fuertes o más astutos, o más hábiles, sino aquellos que mejor saben unirse y apoyarse los unos a los otros ––tanto los fuertes como los débiles– – para el bienestar de toda su comunidad Aquellas comunidades ––escribió–– que encierran la mayor cantidad de miembros que simpatizan entre sí, florecerán mejor y dejarán mayor cantidad de descendientes(segunda edición inglesa, página 163). La expresión, tomada por Darwin de la concepción malthusiana de la lucha de todos contra uno, perdió, de tal modo, su estrechez cuando fue transformada en la mente de un hombre que comprendía la naturaleza profundamente. (Kropotkin, 2012, p.33).

En otras palabras, lo que dice Kropotkin es que una vez que uno entiende que Darwin tiene un entendimiento mucho más amplio de “lucha” (struggle), se puede comprender que la mejor forma de sociedad es aquella en la cual los seres humanos cooperan mutuamente. Además, señala Kropotkin que puede recurrir a la evidencia antropológica e histórica, de manera que se puede ver por qué los seres humanos se juntan y desarrollan deliberadamente códigos éticos sobre ayuda mutua y apoyo: esto les ha permitido sobrevivir como especie.

Con esto podemos entender al menos dos cosas: por una parte, que algunos de los usos metafóricos a los que ha necesitado recurrir Darwin para poder explicar tan complicado mecanismo, pueden llevarnos a  múltiples interpretaciones de su teoría (como es también el caso de la interpretación teleológica que se ha hecho del concepto selección natural), pero además podemos entender que la teoría de la evolución de Darwin es una teoría científica, no una teoría político-social, y que como tal sus enunciados tienen un carácter descriptivo-explicativo, no prescriptivo-judicativo.

 

Darwin, C. y Beer, G. (1951). The Origin of Species (5ta Ed.). Oxford: Oxford University Press.

Darwin, C. y Dawkins, R. (2003). The Origin of Species and the Voyage of the Beagel (1era Ed.). New York: Knopf Doubleday Publishing Group.

Claeys, G. (2000). The “Survival of the Fittest” and the Origins of Social Darwinism. Journal of the History of Ideas, (61) 2,  223-240.

Hawkins, M. (1997). Social Darwinism in European and American thought, 1860-1945. Nature as model and nature as threat. Cambridge: Cambridge University Press.

Kropotkin, P. (2012). Mutual aid: A factor of evolution. Massachusetts: Courier Corporation.




Naturalistas: una breve introducción

*Guillermo Coronado Céspedes

 

         Entendemos por naturalista al explorador, al investigador de lo natural en su totalidad, al científico en campos específicos, al humanista en tanto que lo humano es objeto de su atención, al narrador de calidad literaria. En muchos casos, el naturalista es un autodidacta. Resulta significativo que el naturalista no sea, necesariamente, un especialista a ultranza, sino alguien para quien nada natural -ya sea físico, biológico o humano- le es ajeno.

La actividad del naturalista no requiere necesariamente una educación científica específica y formal, sino una cierta vocación y voluntad autodidacta, un trabajo multifacético en que la relación personal con gente entendida de distintos campos del conocimiento, el aprendizaje mediante la lectura de ciertos textos fundamentales, y el deseo de emular los ejemplos de grandes viajeros, vale la pena señalar que dos de los tres personajes nuestros tuvieron formación superior universitaria, pero no de directa relevancia para su ulterior actividad.

Entre muchos otros casos, escogemos aquí, para introducir el tema de los naturalistas, los ejemplos de Alexander von Humboldt, Charles Robert Darwin y Alfred Russel Wallace. Personajes que con su actividad, tanto de campo como de escritura, cubren todo el siglo XIX.

El primero de ellos, Alexander von Humboldt, nace en Berlín, en Prusia, el 14 de septiembre de 1769, y muere en la misma ciudad, a poco de cumplir noventa años, el 6 de mayo de 1859.

Humboldt-Bonpland_ChimborazoHumbohumboldt 1806ldt es parte de la aristocracia y la alta burguesía al servicio del gobierno prusiano. De joven, es formado en los estudios clásicos por tutores privados, mas luego asistió a la Universidad de Gotinga. Después recibe entrenamiento en técnicas y procedimient
os de geología en la Escuela de Minas de Friburgo. Con ese conocimiento entra al servicio del estado prusiano e iniciar la carrera de Servidor Público, lo cual le parece importante a su madre, la cual es hija de funcionarios del reino de Prusia. Cuando ella muere de cáncer, en 1796, Humboldt, con 27 años, renuncia al puesto que ejercía y con su herencia decide financiarse un viaje de exploración naturalista. Debido a los recursos financieros heredados de sus progenitores, tiene gran libertad para emprender proyectos como sus viajes de naturalista y sus aventuras editoriales. No obstante, hacia fines de la década de los veinte, los costos de sus viajes y especialmente los de la edición de los casi treinta volúmenes de publicaciones le provocan una crisis económica. Vuelve entonces al servicio del monarca prusiano y eventualemente puede seguir con sus actividades científico naturalistas.

El segundo personaje es Charles R. Darwin, un inglés que nace el 12 de febrero de 1809 en Shrewsbury y muere en Down, Kent, el 19 de abril de 1882, con un poco más de 73 años. Darwin es heredero de un par de médicos rurales de gran éxito, tanto en prestigio como en fortuna: su abuelo Erasmus y su padre Robert Waring. Eso le permite libertad para realizar sus investigaciones y sostener holgadamente su vida privada, personal y familiar. Además, su esposa Emma Wedgewood aporta una importante fortuna a la familia, pues ella es parte de la dinastía de los ceramistas ingleses; disnastía que igualmente se halla representada por su abuelo y padre, con su industria en Etruria. Aunque sea paradójico, Carlos Darwin no tiene nunca que luchar por la existencia. Sus publicaciones son altamente exitosas y no le suponen ningún sacrificio económico (2).

7 Charles_Darwin_by_G._Richmond 1840 Beagle 17 oct 35- Gordon chancellor_galapgos

Dado el antecedente profesional familiar, Darwin ingresa a la Universidad de Edimburgo en compañía de Erasmus, su hermano mayor, con el propósito de cursar medicina. Pero los dos años que allí pasa no resultan de provecho alguno en el campo de la medicina, aunque sí en coleccionismo de escarabajos, en la cacería y en la buena vida estudiantil. Vale la pena recordar que el régimen de exámenes era, en ese entonces, muy diferente al actual. Deja la universidad de Escocia e ingresa en la de Cambridge para emprender, con el beneplácito de su resignado padre, una carrera que ha de permitirle ingresar en la Iglesia Anglicana, probablemente como clérigo rural, sin demasiadas obligaciones pero con libertad para coleccionar, cazar y mantenerse en contacto con la naturaleza. En Cambridge se gradúa como décimo de su clase, muy lejos de los lugares de excelencia, a diferencia de su hermano mayor, quien sí se gradúa de médico, aunque no llega a ejercer la profesión; es decir: la tradición médica de los Darwin resulta interrumpida por estos hermanos. Cuando Carlos Roberto disfruta de unas vacaciones, luego de graduarse, recibe una invitación que también frustra su carrera clerical, pero le abre una oportunidad para escribir su nombre en la historia natural y en la ciencia en general.

Nuestro tercer personaje es Alfred R. Wallace, también inglés. Nace el 8 de enero de 1823, en Usk, Monmountshire -ahora conocido como Guent, y fallece con poco más de noventa años, el 7 de noviembre de 1913.

9 Wallace 30 a§os - Londres 13e wallace-collection-beetles-nocurve_21565_2Wallace es el más joven de los tres; también es el menos afortunado económicamente. Pertenece a un estrato bajo de la sociedad, no posee fortuna familiar ni personal. Para cumplir con su vocación de naturalista y sus obligaciones como cabeza de familia debe realizar oficios de diversa índole: agrimensor, educador, coleccionista, autor, editor, etc. Más adelante, Darwin gestionará que se le otorgue una pensión por parte del gobierno inglés.

Wallace simplemente fue autodidacta en sentido pleno. Prácticamente carece de educación formal más allá de la elemental, la cual abandona a los catorce años; nunca tiene oportunidad de acceder al nivel universitario. Se hace agrimensor empíricamente, esto es, aprende directamente de un agrimensor de oficio. Se convierte en entomólogo coleccionista gracias a su amistad con Henry Walter Bates. Decide convertirse en naturalista explorador tras sus lecturas de grandes exploradores de su tiempo.

Los tres personajes indicados realizaron significativos viajes, que inmortalizaron sus nombres. Travesías de gran duración: cuatro, cinco y ocho años respectivamente. Viajes a América, de circunnavegación de la tierra y al Archipiélago Malayo que ha sido plasmados en publicaciones de gran importancia científica. Su influencia se ejemplifica fácilmente: Darwin se inspira en el libro de Humboldt, Narrativa Personal (1); también influye profundamente en Wallace, quien también recibe una gran impresión al conocer el Viaje de un Naturalista en el Beagle, publicado por Darwin en 1839. Wallace produce varios libros de viajes o aventuras naturalistas, a saber, Viajes en el Amazonas y Río Negro, y su Archipiélago Malayo, la Tierra del Orangután y el Ave del Paraíso.

Los famosos viajes realizados por nuestros tres grandes naturalistas se llevan a cabo en el orden y con las fechas aproximadas que se indican seguidamente.

Primero, Humboldt emprende su viaje hacia América desde España, nación que autoriza dicho viaje de exploración en los territorios de sus colonias, le emite un pasaporte que le sirve para abrir todas las puertas y compromete a todas las autoridades españolas a colaborar con el explorador prusiano; mas sin costo alguno para la Corona, dado que Humboldt los asume. El 5 de junio de 1799 zarpa de La Coruña, a bordo de la corbeta de guerra Pizarro, de la armada española. Culmina el viaje al llegar a París en agosto de 1804. Se recorren grandes regiones de América del Sur, en particular, Venezuela, Ecuador, Perú, Colombia, Cuba -en dos breves estancias- y México. Termina con una breve permanencia en los Estados Unidos.

Segundo. Darwin inicia su viaje en los últimos días de 1831 – 27 de diciembre- y lo culminará el 2 de octubre de 1836, en Falmouth. Aunque se completa la circunnavegación de la tierra, la actividad de exploración del Beagle, barco de la Armada Inglesa, se concentra en el cono sur de América. Después de tocar tierra en Brasil, se dedica especialmente al estudio de Argentina y de Chile. Una visita de cinco semana a las Islas Galápagos resulta de enorme importancia. Luego, de manera muy rápida, visita Nueva Zelanda, Australia y la Ciudad del Cabo en Sudáfrica, para retornar nuevamente a Brasil y así completar el viaje alrededor del mundo. De allí se emprende la etapa final hacia Inglaterra, culminando en la fecha antes indicada.

Por su parte, Wallace realiza dos grandes viajes de exploración. El primero a la Amazonía, con la intención de colectar especímenes de mariposas pero con importantes estudios sobre el mimetismo en compañía de su amigo y mentor Henry Walter Bates, se inicia en 1848 y termina en catástrofe, esto es: pérdida de las colecciones y casi de su vida, ei 6 de agosto de 1852. Wallace retorna a Inglaterra en octubre primero de ese mismo año. Su segundo viaje es al Archipiélago Malayo, actual Indonesia, con iguales intenciones de naturalista que debe autofinanciar sus exploraciones. Se incia en 1854 -se embarca el 20 de abril y desembarca en Asia, Singapore, el 20 de abril para hacer las conexiones correspondientes- y culmina en 1862 -parte de Asia el 20 de febrero y arriba el 1 de octubre-. Este viaje deja un breve texto en que Wallace se plantea el mecanismo por el que las especies se transforman en el transcurso del tiempo. Es un escrito de enorme importancia, pues en él se formula la evolución por selección natural de forma equivalente a de la de Darwin. Ciertamente, es posterior a la formulación de Darwin, que data de los inicios de la década de los cuarenta; pero el trabajo de Wallace no resulta menos importante, pues aunque es totalmente independiente de lo realizado por Darwin, resulta conceptualmente equivalente con la teoría de aquel. Volviendo al viaje en sí, cabe apuntar que Wallace realiza alrededor “de 70 expediciones a diferentes islas y regiones, unas 14 mil millas de recorrido, una colección de 125.600 especímenes con más de mil especies nuevas para incorporar al registro viviente. De toda su experiencia y trabajo publica innumerables artículos científicos y, finalmente, su obra The Malay Archipelago: The Land of the Orang.Utan and the Bird of Paradise en 1869” (3).

NOTAS

(#)       Agradecimiento al Profesor Dr. Álvaro Zamora por sus observaciones y correcciones al texto preliminar.

(1)       Su nombre original es típico de su origen, Friedrich Wilhem Heinrich Alexander Freiherr von Humboldt.

(2)       El título general de las publicaciones de Alejandro de Humboldt sobre su gran viaje a América es Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, en francés, en 13 volúmenes, y publicado entre 1816 y 1831. La Narrativa Personal, es una parte de esta publicación que cubre 7 de los 13 volúmenes. Humboldt publica en francés por ser la lengua de alcance universal en ese entonces.

(3)       Ver más detalles en mi “Carlos Darwin: el hombre y el libro”. Cuadernos de Antropología. Escuela de Antropología. Universidad de Costa Rica. Enero-Diciembre 2011. Número 21

(4)       Ver mi “Alfred Russel Wallace. En el centenario de su muerte”, en Revista de Biología Tropical, Vol 61 (4): 1543-1550), Diciembre 2013.




El Nobel de Svetlana Alexievich: ¿inesperada fisga?

Ciertas decisiones tomadas por los jueces del Nobel conducen a la perplejidad; pero, si bien se piensa, son coherentes con el mejor mundo posible concebido por Alfred Nobel. Los años han visto galardones de Paz otorgados a señores de la guerra; mayor acierto ha habido en las premiaciones destinadas a los científicos o a tecnólogos. En el ámbito literario hay otorgamientos y menosprecios que suscitan críticas.

Atención merecen los criterios técnicos, ideológicos y conceptuales de quienes eligen el Nobel literario cada año. Conocerlos ayudaría a entender por qué el premio no fue concedido a plumas como las de Tolstoi y de France, la de Ibsen, la de Freud o la de Borges, la de Eco, la de Cortazar o la de Rulfo. Un caso como el de Kafka podría justificarse, pues casi todo lo escrito por él fue publicado tras su muerte; es decir, quizá los jueces de entonces lo conocían tan poco como los amantes de la literatura desconocían al joven Mo Yang (seudónimo del señor Guan Moye), un escritor Chino que, tras ser promocionado en Occidente,  fue galardonado con el Nobel en el 2012. Pero la ignorancia no puede explicar otras omisiones, sobre todo cuando se consideran los premios dados a escritores de media tabla (disculpas por la analogía futbolística) como Doris Lessing, cuyo legado eventual a las letras, consumado después de abandonar a dos hijos en África, no podría compararse sin atrevimiento con el de Tomas Mann, el de Gabriel García e incluso con los de Russell y Churchill (dos que dan pie, por cierto, a una comparación con el caso de Borges). Qué distante está, por tema e idea literaria, la originalidad de un Saramago de lo hecho por Kertesz y de lo ofrecido por los dos galardonados de apellido Mistral (el europeo y la sudamericana). No mezclemos aquí el gusto (y esperemos que los jueces del Nobel no privilegien un criterio consumista, porque de ser así nos sorprenderán otorgándoselo a Rowling o a Coelho). Quizá hoy, más que ayer, el entretenimiento y el lucro fácil sean socialmente determinantes; pero todavía no constituyen razones suficientes para definir las bondades literarias; aunque con mofa un experto pensaría que la única explicación para no concederle un Premio Nobel a Joyce ha de haber sido que el jurado no entendió el Ulises, o que no tuvo tiempo ni empeño para leerlo completo o, simplemente, que fue incapaz de disfrutarlo. Debido a sus ventas, un librero consecuencialista (no solo los hay en ética) encontrará mejor a Coelho que a Joyce; y hasta podrá preguntar: ¿entre nosotros, quién ha leído el tal Ulises?

Este año, la Academia Sueca nos ha premiado con otra sorpresa: Svetlana Alexievich. Juzgar sus escritos puede ser –aquí y ahora– algo más premonitorio que definitivo. Ojalá podamos lamentar luego tal atrevimiento. Es que de ella, en español, solo nos ha llegado Voces de Chernóbil. No está del todo mal; y eso es lo peor. Hay buenos pasajes, algunos invitan al desconcierto (como cuando afirma que Chernóbil “es el acontecimiento más importante del siglo XX”). Un torrente de emociones corre por cada página. Está dirigido por una pseudo objetividad periodística que se podría interpretar como recurso literario, un anhelo de construir cierta estética de lo terrible.

Apuntemos aquí que los costarricenses entendemos algo que se le escapa al jurado del Nobel. Nuestro Premio Joaquín García Monge reconoce y exalta el trabajo de difusión cultural; el Pío Víquez, el periodístico. No siempre se dan dichos premios al trabajo escrito; pero es verdad que contamos con plumas cuya honra de tal oficio merece destacarse. Así ha de haberlas en el mundo de ayer y de hoy. La de Alexievich podría ser una de ellas. He ahí un buen tema que invito a trocar en polémica: ¿basta depurar esa vocación para obtener un Nobel de Literatura? Veamos el vaso lleno, dirá un optimista, el de la señora Alexievich fomenta una lectura multitudinaria de acontecimientos vinculados a la conocida catástrofe atómica: ¡todavía es tiempo de oír voces como la suya! Se concede, pero avivemos una discusión concomitante: ¿por qué no distinguieron con el premio a Toyofume Ogura ­(sobreviviente de Hiroshima) por sus magníficas Cartas?

El jurado  del Nobel y los mass media han diseminado la idea de que este libro sobre Chernóbil y la obra entera de la señora Alexievich es” polifónica” y debe entenderse cual “monumento al valor y sufrimiento de nuestro tiempo”. Y, ciertamente, es probable que esta escritora resemantice con estilo periodístico los hechos, procurando dar intensidad a las vivencias de cada persona o de cada testimonio. Pero bien lo sabemos: en esos predios puede moverse mejor la sensiblería que el conocimiento de lo sucedido, de sus causas y de sus consecuencias. Lo ratifica este libro.

En suma, Voces de Chernóbil merece una lectura crítica. Refleja singular habilidad para escribir, ya se ha dicho y no hay por qué negarlo. Quizá eso sea lo lamentable, pues por tema y concepto esconde algo más grande, quizá incluso siniestro, por su trasfondo estructural, económico y político. No pareciera que su forma ni su estilo alcancen para justificar un galardón tan famoso; al menos no alcanzan para sostener la fe en las virtudes del jurado.

Aunque en esta oportunidad podría haber una fisga inesperada de la nobiliaria Academia: comunicarnos, subrepticiamente, haber llegado al convencimiento de que en este mundo ya no hay excelentes literatos. En eso yo tampoco estaría de acuerdo con los ilustres jueces; hasta los invitaría a visitar Costa Rica, donde probablemente hallarán escritores de mayor cuantía.

 

Álvaro Zamora

Nov. 2015




Democracia y Homofobia

 

El debate actual sobre el matrimonio gai revela el transfondo de la homofobia existente en el país. Se trata de una situación que empaña a la democracia costarricense, donde se impone la tiranía de lo religioso sobre la igualdad de los derechos civiles. En el país se obstruye la reivindicación de los derechos humanos de las minorías sexuales.

Es como si dichas minorías fueran invisibles, en el sentido expresado en la película Un hombre soltero, de Tom Ford (2009)Lo invisible ahí tiene tres connotaciones:

 

  1. Somos invisibles indica una minoría que podría pasar desapercibida, ya que nos “parecemos” o podemos pasar por gente “normal”. Aunque, en realidad esta minoría nunca ha sido invisible, siempre ha sido detectada y su existencia ha producido todo tipo de reacciones.
  2. Somos invisibles puede significar que las familias sienten y perciben que sus hijos e hijas son gais o lesbianas, pero prefieren no mencionarlo, no hablarlo, hacer como si nada pasara, que todo es normal y perfecto, siempre que se guarden las apariencias y se siga o se imite el patrón heterosexista impuesto. Pero para el gai y la lesbiana esto implica una doble vida, un autoengaño, un simulacro que produce un problema de identidad.
  3. Somos invisibles, en el filme aparece vinculado al odio, “un odio sin sentido”, según cita de la Biblia. El sin sentido del odio implica que éste tiene como causa el miedo. La argumentación es interesante, por lo que es mejor reproducirla aquí: “otra minoría que pasa inadvertida, las minorías solo se consideran tal cuando constituyen una clase de amenaza, ya sea real o imaginaria, y en eso se haya el miedo, y si esa minoría se hace invisible, el miedo es mucho mayor, y el miedo es la causa de las persecuciones a las minorías, siempre hay una causa, la causa es el miedo, el terror. Las minorías son solo personas, personas como nosotros”. Visto así, el odio y su causa: el miedo, son universales.

 

El odio no se da en el vacío, siempre es contextual y tiene propiedades narrativas: un comienzo, un nudo y un final, además de tramas, subtramas y temas. Los relatos del odio homofóbico son intentos por reafirmar una autoestima mediante la devaluación del otro (las minorías).

Por lo general, las teorías gai sostienen que el odio de los heterosexuales proviene del miedo de que exista la posibilidad (aunque sea remota) de que ellos también puedan ser homosexuales. A veces, estas historias de odio son construidas por líderes políticos cínicos, que las hacen por los otros.

Existen varias historias de odio con sus particulares identidades, por ejemplo: el extraño, el otro impuro, el enemigo sin rostro, el enemigo de Dios, la ruina moral, el relato de muerte, el bárbaro, el enemigo codicioso y el seductor/violador. Estos relatos de odios los podemos encontrar en nuestros políticos(as) y líderes religiosos y algunos(as) jueces, no es necesario nombrarlos, ya todos los conocemos.

¿Se puede permitir que la democracia costarricense rechace, niegue e  invisibilice a sus minorías? La respuesta es un rotundo no. Según Bertrand Russell, en su libro Power (1939), la democracia es el instrumento político para domar el poder; y toda buena democracia tiene el deber de proteger a sus minorías del poder arbitrario y sin sentido. Por esto, una democracia desarrollada implica la defensa y la protección de los derechos civiles y políticos de las minorías sexuales: gais, lesbianas, transgéneros y transexuales. No cabe duda de que en Costa Rica ciertos grupos políticos y religiosos no permiten que la democracia costarricense se robustezca. Para ello, aluden a argumentos falaces.

¡Por cierto: lo natural es la diversidad sexual!

 

 

Villaplana.alvaro@gmail.com




Thomas Henry Huxley sobre el Origen de las especies de Carlos Darwin y el peso de la prueba.

En carta del 23 de noviembre de 1859, Thomas Henry Huxley (1825-1895) le transmite a Darwin su primera impresión de la lectura del Origen de las especies. Reconoce su gran valor y se declara “dispuesto a ir a la hoguera, si fuera necesario, defendiendo el capítulo IX, y la mayoría de los puntos de los capítulos X, XI y XII; y el XIII contiene muchas de las cosas más admirables del libro, pero en uno o dos puntos anoto un caveat hasta que pueda examinar más a fondo los pros y contras de la cuestión” (Darwin, 1984, 324).  Esos capítulos tienen como título: De la imperfección del registro geológico, De la sucesión geológica de los seres orgánicos, Distribución geográfica, Distribución geográfica (continuación) y Afinidades mutuas de los seres orgánicos. Morfología. Embriología. Órganos rudimentarios.

Ahora bien, respecto del inicio del libro, a saber, los cuatro primeros capítulos ( Variación en estado doméstico, Variación en la naturaleza, La lucha por la existencia y Selección natural) Huxley apunta que está: “totalmente de acuerdo con los principios en ellos expuestos”, y agrega “Creo que ha descubierto usted una causa cierta de producción de las especies, y ha dejado a sus enemigos la onus probandi de que las especies no se originaron como usted supone”. (Darwin, 1984, 324)

En efecto, la estructura argumentativa del Origen coloca el peso de la prueba en los defensores de la inmutabilidad y creación independiente de las especies. Darwin no asume la obligación de probar la tesis contrapuesta, la transformación y ascendencia común de las especies, aunque reconoce muchas veces, antes y después de la publicación de su libro, que la mayoría aplastante de los naturalistas suscriben la tesis de la inmutabilidad y que él difícilmente ha encontrado naturalistas que acepten cuestionar tal inmutabilidad. En efecto, comentando la afirmación de sus oponentes que la idea central de su libro estuviera en el aire o que las mentes estaban preparadas para ella, Darwin afirma tajantemente:

 

“No creo que esto sea estrictamente cierto, pues a veces sondeé a no pocos naturalistas, y nunca di con uno solo que pareciera dudar de la permanencia de las especies.  Ni siquiera Lyell y Hooke parecían estar de acuerdo, aunque me escucharan con atención”. (Darwin, 1984, 90)

 

En su carta, Huxley le escribe a Darwin:

    “Confío en que no se dejará llevar por el disgusto o irritación ante la cantidad de malos tratos y tergiversaciones que, si no me equivoco, le esperan. Puede estar seguro que ha ganado la eterna gratitud de todos los hombres serios.  En cuanto a los perros que ladrarán y gritarán, recuerde que, en todo caso, algunos de sus amigos poseen un grado de combatividad que (aunque usted lo ha censurado algunas veces con razón) le podrá ser útil. Me estoy afilando las uñas y el pico por si hace falta” (Darwin, 1984, 324-325).

 

Es decir, Huxley estaba dispuesto a contribuir con sus dotes dialécticas al servicio de la causa transformista, tanto desde el punto de vista destructivo, aplastando a los críticos, como constructivo, ampliando y aplicando la doctrina darwiniana.

Y, si solamente recordamos su enfrentamiento con el obispo Samuel Wilberforce (1805-1873), obispo de Oxford, en la reunión de la British Association for the Advancement of Science en la misma ciudad, celebada el sábado 30 de junio de 1860, es claro que Huxley cumplió con su ofrecimiento en el primer sentido indicado.  En esa ocasión, Wilberforce atacó dura y falazmente a Darwin; en un momento dado preguntó a Huxley, en tanto defensor de la cauda darwiniana, si descendía del mono por parte de padre o de madre. Según el Honorable y Reverendo W. H. Fremantle (testigo de la sesión) Wilberforce habría formulado dicha pregunta de la siguiente manera:

 

    “Me gustaría preguntar al profesor Huxley, que está a mi lado, y dispuesto a despedazarme apenas me haya sentado, sobre su convicción de que desciende de un mono: ¿le viene esa descendencia simiesca por la línea de su abuelo o por la de su abuela?” (Darwin, 1984, 353-354) 

 

Huxley respondió:

 

“No consideraría una vergüenza proceder de tal origen.  Pero sí me avergonzaría descender de alguien que hubiera prostituido los dones de la cultura y la elocuencia al servicio del prejuicio y de la falsedad” (Darwin, 1984, 354). 

 

Para el estudiante John Richard Green (otro testigo) la respuesta de Huxley habría sido pronunciada en los siguientes términos:

 

“Afirmé, y lo repito, que un hombre no tiene por qué avergonzarse de tener por antepasado a un mono.  Un antepasado al que sí me daría vergüenza recordar sería un hombre, un hombre de inteligencia inquieta y polifacética que, no contento con un éxito ambiguo en su esfera de actividad, se metiera en cuestiones científicas que no conoce realmente, sólo para oscurecerlas con una retórica inútil y distraer la atención de su auditorio del punto en cuestión con digresiones y hábiles apelaciones al prejuicio religioso”. (Darwin, 1984, 355)

 

Tiempo después, en junio de 1861, Huxley señala que Green captó mejor su respuesta; aunque rechaza haber usado el término “ambiguo” aplicado al éxito de Wilberforce en su carrera eclesiástica. (Darwin, 1984, 355)

Cuando recordamos las lecciones de Huxley y su libro Evidence as Man´s Place in Nature, 1863, donde plantea la aplicación de la teoría de Darwin al caso del hombre, tema que el mismo Darwin había obviado en su Origen de las especies (digamos que por precaución estratégica), constatamos que Huxley también culminó su disposición para defender la teoría transformista en el segundo sentido arriba indicado.

Referencia bibliográfica.

Darwin. 1984.  Charles Darwin, Autobiografía y cartas escogidas, vol I,II, [paginación continua]. Selección de Francis Darwin. Madrid, Alianza Editorial.

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Guillermo Coronado




Semblanza de Dr. Luis Ángel Camacho Naranjo

LAUDI. Miércoles 28 de octubre de 2015

 

Me ha correspondido el honor y el privilegio de presentar la semblanza del Dr. Luis Ángel Camacho Naranjo que preparó el Laboratorio Audiovisual de Documentalismo Investigativo (LAUDI). En esta presentación destacó su trabajo como investigador y su participación internacional, lo que le ha brindado un amplio reconocimiento como uno de los filósofos más destacados de Centroamérica.

El Dr. Camacho nace en San Miguel de Desamparados el 05 de julio de 1941. Realizó sus estudios universitarios de grado y postgrado fuera del país, y obtiene su Ph. D. en Filosofía en 1973, en la Catholic University of America (Whashington). Desde 1972 se desempeña como docente en la Universidad de Costa Rica (UCR), e inicia su brillante carrera universitaria en Estudios Generales de la Sede Regional de Occidente y en la Escuela de Filosofía. En la actualidad disfruta de su condición de jubilado, pero esto no ha sido obstáculo para seguir colaborando con la UCR como profesor ad honorem en la Escuela de Filosofía y el Programa de Postgrado en Filosofía.

La trayectoria académica e investigativa del Dr. Camacho amerita un merecido reconocimiento tras años de constante y fecunda labor en investigación, la que traspasa las fronteras nacionales para ubicarse como punto de referencia internacional del quehacer filosófico costarricense. Su área de especialidad en filosofía es la lógica, la epistemología y la filosofía de la ciencia, y desde la perspectiva de la filosofía analítica ha incursionado en el análisis conceptual del desarrollo, así como de la relación entre ciencia, tecnología y desarrollo, como lo muestra la prolija publicación de libros y artículos.

El Dr. Camacho es autor y coautor de doce libros, entre los que destacan: Introducción a la lógica, Lógica simbólica, Ciencia y tecnología en el subdesarrollo, Cultura y desarrollo desde América Latina y Tecnología para el desarrollo humano. Tiene a su haber, 21 artículos publicados en libros y enciclopedias, por ejemplo, “Development Ethics”, en Encyclopedia of Science and Ethics (ed. Carl Mitchan), 4 vols. (New York: Macmillan). Además, cuenta con 60 artículos publicados en prestigiosas revistas nacionales e internacionales como la Revista de Filosofía de la Universidad de Costa Rica, Studies in Research Ethics y Quipu. Otrosí, ha participado como ponente en varios congresos y reuniones internacionales de filosofía y docencia universitaria, y “Los objetivos del desarrollo sostenible”, en Journal of Global Ethics.

Su recorrido en investigación le ha colocado como investigador invitado en la Catholic University of America, Washington D. C. (1983-1984) y Michigan State University (2001), entre otros. En los últimos años ha concluido cuatro investigaciones inscritas en la Vicerrectoría de Investigación de la UCR: “Implicaciones filosóficas de diferentes visiones de los mundos posibles”, “Tendencias recientes en filosofía de la tecnología”, “Usos y abusos del relativismo en epistemología, lógica y ética” y “Características de la ética del desarrollo”. También, recientemente ha dirigido la tesis de doctoral de Celso Vargas (Universidad de Costa Rica, 7 de abril 2006) y leído la tesis de Álvaro Carvajal (Universidad Carlos III de Madrid, 23 octubre 2006). En la actualidad es director y lector de varias tesis en el Programa de Posgrado en Filosofía, de la UCR.

Además de impartir clases de filosofía en la Escuela de Filosofía de la Universidad de Costa Rica, así como en otras instituciones nacionales, por su destacada labor docente y su prestigio internacional ha sido invitado a impartir cursos en universidades en el extranjero, por ejemplo, Earlham Collage en Indiana (1984), Universidad Nacional Autónoma de Honduras (1982), University of Delaware (1994), Swarthmore University (Filadelfia) y Michigan State University (2005), y Denver University (Colorado).

Las ideas, el pensamiento y los textos del Dr. Camacho tienen proyección internacional, lo que se refleja en las referencias en sobresalientes libros, este es el caso de “Ciencia, tecnología y desarrollo desde el punto de vista de los derechos humanos” y Ciencia y tecnología en el subdesarrollo citados en David Crocker, Ethics of Global Development (Cambridge University Press, Forthcoming); “Some Comments on Peter Penz’s Consensual Approach to Basic Needs”, en Des Gasper, The Ethics of Development (Edinburgh University Press, 1993); “Globalization. Consumption Patterns and Human Development en PNUD Informe sobre Desarrollo Humano 1998 (México: Ediciones Mundi-Prensa, 1998); otras obras son citadas en Carl Mitcham Philosophy of Technology in Spanish Speaking Countries (Dordrecht/Boston/London: Kluwer Academic Publishers, 1993).

En el congreso de la American Philosophical Association (Atlanta, Georgia), el 29 de diciembre de 1993, hubo una mesa redonda sobre filosofía en Centroamérica en la que Hugh Lacey, de Swarthmore College, hizo una exposición de las ideas filosóficas del Dr. Camacho. A nivel local, varias de sus obras son citas en Álvaro Zamora (comp.) Tecnología: el otro laberinto (LUR, 2004).

Su trabajo no se limita a la docencia y la investigación; también ha ocupado varios puestos administrativos como son: Director de la Escuela de Filosofía, Director de la Sede Regional de Occidente, Director del Sistema de Estudios de Postgrado y Vicerrector de Docencia.

Y más allá de su quehacer universitario fue miembro de la junta directiva de la Comisión Costarricense de Derechos Humanos (CODEHU) por más de 9 años, Presidente de la Asociación Costarricense de Filosofía (ACOFI) y miembro fundador y actual asesor de la Junta Directiva de la International Development Ethics Association (IDEA), con cede en la Universidad de Carleton, Canadá. Durante muchos años sostuvo al Grupo de Lógica de la UCR. Actualmente, es miembro del Círculo de Cartago.

En su larga carrera profesional ha obtenido varios premios y becas, entre ellos: beca de la OEA para obtener doctorado en filosofía en Washington D. C. (1968); Fulbright Scholar para estancia de investigación en Washington D .C. (1983); Segundo lugar en el Concurso del Premio Jorge Volio, con la obra Introducción a la lógica (1987) y Primer Premio en Certamen de ensayo “Cultura y Desarrollo: Perspectivas para el año 2000”, organizado por la Facultad de Letras de la UCR, patrocinado por CSUCA y el Goethe Institut con el ensayo “Problemas del desarrollo cultural” (2000). Últimamente el premio de ensayo Áncora por su libro La ciencia en su historia.

Esta sucinta presentación de la vida académica e investigativa del Dr. Camacho, le hacen merecedor del reconocimiento que hoy se le brinda con la presentación de la semblanza que ha elaborado el LAUDI. Sus aportes al desarrollo de la filosofía costarricense y, en general, al pensamiento costarricense sobre el desarrollo justifican toda una manera de hacer filosofía, así como este merecido reconocimiento.

 

 

Dr. Álvaro Carvajal Villaplana




En el XX aniversario de la muerte de Roberto Murillo Zamora. Algunos recuerdos en sus propias palabras.

En el XX aniversario de la muerte de Roberto  Murillo Zamora.  Algunos recuerdos en sus propias palabras.

Guillermo Coronado Céspedes

 

I. DATOS BIOGRÁFICOS

Roberto Murillo Zamora nace un 15 de enero del 1939, en San José.  Fallece el 4 de septiembre de 1994, en Sabanilla de Montes de Oca, víctima de un fulminante cáncer de hígado.  En ese entonces le sobreviven su esposa Ángela Valverde, fallecida en 2014, y sus tres hijos, María del Rocío, Catalina y Martín.

Cartaginés por adopción desde sus 12 años, cuando se instala en esa ciudad para emprender estudios secundarios en el Colegio de San Luis Gonzaga, 1952-1956.  Su estadía en el Colegio coincide con los cinco años en que el Lic Alejandro Aguilar Machado dirige la institución, cuyo impacto cultural Roberto reconoce a lo largo de su vida.

En la remembranza que sigue, se toman, principalmente, fragmentos de los ensayos periodísticos de Roberto Murillo, recogidos parcialmente en sus libros Estancias de pensamiento (1978),  Segundas estancias (1990) y Páginas escogidas (1993),  para ejemplificar los hechos más significativos de su vida personal y académica.  También se hace uso de documentos de la Revista de Filosofía de la Universidad de Costa Rica.

Su “ser cartago por adopción” y su residencia en la vieja metrópoli, quedan patentes en los dos fragmentos citados a continuación:

“Luego pensé que yo pensaba esto porque, al fin y al cabo, no nací en Cartago, y tengo frente a sus cosas una doble visión: la externa y la interna”.  (Murillo, 1990, p 172)

“Viví en Cartago entre los doce y los veintiséis años, desde los días del robo de la Virgen de los Ángeles hasta la última gran inundación del Reventado”. (Murillo, 1990, p 173).

Por otro lado, la importancia de su educación en el Colegio de San Luis Gonzaga, la expresa en lo que sigue.

“El 7 de marzo de 1952 ingresé en el Colegio de San Luis Gonzaga, con la más seria de las actitudes posibles, a cursar mi segunda enseñanza.  Lo normal es hacer estudios en aquella institución, el liceo más antiguo del país, por vivir en Cartago.  A mí me ocurrió lo contrario: mi familia se trasladó a Cartago para que yo estudiara en ese colegio, aún prestigioso” (Murillo, 1990, p 55).

sanluisgonzaga
Colegio San Luis Gonzaga, Cartago

 

“Hicimos nuestra segunda enseñanza en el Colegio de San Luis Gonzaga bajo la dirección de don Alejandro Aguilar Machado, en los años cincuentas ya tan distantes, en discreto ambiente provinciano, según las adustas normas de un Cartago hidalgo todavía, con olor a leche recién ordeñada cuando no se había levantado aun la niebla de la mañana” (Murillo, 1990, p 153).

 

 “Aunque la disciplina prusiana de la época de Lachner se veía matizada por el humanismo de Aguilar Machado, se dio siempre una sorda y provechosa tensión entre el principio de autoridad, transmitido en la palabra castelarlana de don Alejandro, y la indócil picaresca juvenil: estalló el conflicto  con aquel acto escénico en que nosotros, estudiantes salientes, representábamos de manera francamente bufa un consejo de profesores, donde se daban escenas poco edificantes; eso nos valió no recibir el título, en latín y pergamino, en el acto solemne acostumbrado, sino en forma expeditiva y burocrática” (Murillo, 1990, p  153).

 

El impacto de la Universidad de Costa Rica, y su reforma del 57, es objeto de análisis más detallado.  En efecto, 1957, ingresa a la Universidad de Costa Rica con la intención de realizar estudios de ingeniería y ciencias exactas; pero finalmente se inclina  por la Filosofía (Murillo, 1978, p 16).  Muy probablemente, esta escogencia se debe al impacto de los nuevos Estudios Generales de la Reforma de 1957.  Roberto recuerda el evento y su contexto de la siguiente forma:

 

“Quienes ingresamos en la Universidad, en marzo de 1957, no hicimos examen de admisión: fuimos recibidos académicamente, no pedagógicamente, por Rodrigo Facio y José Joaquín Trejos, al inaugurarse la Facultad Central de Ciencias y Letras y los Estudios Generales”  (Murillo, 1990, p 65).

Lic Rodrigo Facio. 4 marzo de 1957. Archivo UCR.
Lic Rodrigo Facio. 4 marzo de 1957. Archivo UCR.

Y amplía su descripción del tipo de enseñanza a que se enfrenta en el contexto de la Reforma universitaria de ese momento pivotal en la historia de la Universidad de Costa Rica.

 

“Por un lado todos los días, a eso de las tres de la tarde, escuchábamos una conferencia magistral de Constantino Láscaris, Salvador Aguado, Carlos Monge o Gustavo Santoro.  Y, en el grupo K al que yo pertenecía, teníamos clases prácticas, dedicadas a desarrollar el contenido de las conferencias, con Teodoro Olarte, Rose Marie Karpinsky y Virginia Sandoval.  Los miércoles, …, asistíamos a una “actividad cultural”, en mi caso apreciación musical, con Carlos Enrique Vargas.  Siempre horizontes nuevos.  Búsqueda de la formación; por medio de la información ordenada y jerarquizada.  Sorprendente síntesis, sí, pero exigencia de análisis.  Adopción de una actitud crítica personal frente a los demás problemas de la cultura.  Confianza en que lo fundamental y permanente ilumina lo particular, la existencia y la circunstancia”  (Murillo, 1990, pp 65-66).

Público en la actividad del 4 marzo 1957. Archivo UCR.
Público en la actividad del 4 marzo 1957. Archivo UCR.

 

Posteriormente forma parte de la pequeña, pero brillante, primera generación de estudiantes del programa autónomo de estudios de filosofía, que se puso en marcha en 1959 bajo la dirección del Lic. don Teodoro Olarte.  Anteriormente, los estudios filosóficos eran parte del programa de Filosofía y Letras según una estructura curricular universitaria que regía desde su fundación, a inicios de la década de los cuarenta.

Vale la pena recordar que, según la Crónica de la Revista de Filosofía de la Universidad de Costa Rica,(1) , Roberto gana el primer premio de un concurso convocado por La Nación, 1961, cuyo tribunal en filosofía era conformado por Abelardo Bonilla, Constantino Láscaris y Teodoro Olarte.  Ese primer premio suponía un pergamino y mil colones.  El segundo lugar correspondió a Elizabeth Odio Benito.

A inicios de la década de los sesenta, Roberto participa en el Programa de loos Cursos Experimentales de Filosofía en la Enseñanza Media, en el Colegio de San Luis Gonzaga en Cartago (2).  Quien esto escribe fue parte de uno de los cursos, el cual no culminó debido a conflictos entre el director del colegio de San Luis Gonzaga, Lic Fernando Runnebaum y Roberto quien, como parte del Círculo Alejandro Aguilar Machado, trataba de impulsar grandes transformaciones en dicha institución con el fin de que Cartago se convirtiera en una Segunda Atenas, según recordaba con vehemencia Roberto.

Se gradúa de licenciado en filosofía, en 1964, con una tesis sobre Bergson titulada Comunicación y lenguaje en la filosofía de Bergson.  Es el primer graduado del programa de filosofía independiente del Departamento, según lo señalado antes.  El plan de tesis y el trabajo de investigación lo emprende bajo la tutela de don Teodoro Olarte.  “… en 1961, don Teodoro, como Director del Departamento de Filosofía, organizó el régimen de tutoría académica.  Los alumnos debían escoger un profesor tutor y encontrarse con él una vez por semana según horario, para discutir un libro de filosofía.  Escogí a don Teodoro y planee con su ayuda y dirección una tesis sobre la Comunicación y el Lenguaje en Bergson.” (Murillo, 1993, p 49).

Inicia su carrera como profesor en 1962, en el Departamento de  Estudios Generales.  Luego en el Departamento de Filosofía, ahora Escuela de Filosofía.

Roberto Murillo en su oficina universitaria, preparando un manuscrito. Archivo UCR.
Roberto Murillo en su oficina universitaria, preparando un manuscrito.
Archivo UCR.

En julio de 1965, Viaja a Francia -por dos años y medio-, para realizar estudios doctorales, en la universidad de Estrasburgo.  Se graduá en 1967, el 31 de octubre, con una tesis sobre la noción de causalidad en Bergson.  Por su brillantez, recibe un ”trés honorable”,  y es homologada como tesis complementaria, válida para la obtención del Doctorado de Estado Francés.  Su director de estudios fue George Gusdorf.

 

La publicación de dicha tesis, La notion de la causalité dans la philosophie de Bergson, (3) en la Revista de Filosofía de la Universidad de Costa Rica, en  número enteramente dedicado al texto de la misma-, le valió el otorgamiento del Premio Nacional de Ensayo, Aquileo J.  Echeverría, en 1969.

 

En 1975 se le otorga su segundo Premio Nacional de Ensayo por su ensayo Antonio Machado.  Ensayo sobre su pensamiento filosófico.

 

Recibe el Premio Jorge Volio, del Colegio de  Licenciados y Profesores, en 1991.  Los galardonados, según anuncio de la Rectoría de la Universidad de Costa Rica son los catedráticos Roberto Murillo, Edgar Roy Ramírez y Arnoldo Mora.  Roberto lo recibe por su libro de 1987, La forma y la diferencia.  El premio se otorga anualmente, pero rota cada cuatro años para diferentes disciplinas, entre ellas filosofía.

 

En febrero de 1988, el gobierno francés le otorga la condecoración de las Palmas Académicas, grado de Oficial,.  En su ensayo “Memorias francesas”, del 17 de febrero de 1988 (Murillo, 1990, p 165), Roberto lo registra así: “Con esta sucinta memoria de mi relación con la cultura francesa, en las que tantas cosas entrañables he debido dejarme en el tintero, quiero agradecer al Gobierno de Francia y a su Embajador, la condecoración de las Palmas Académicas, en su grado de Oficial, que gentilmente me ha conferido”.

II. ADMINISTRACIÓN ACADÉMICA Y PÚBLICA.

 

Roberto Murillo desempeña importantes funciones académicas tanto en los ámbitos universitarios como públicos.  Entre ellas destacan las siguientes:

Director de la Escuela de Filosofía. 1971-1973.  De su paso por la Dirección de la Escuela de Filosofía disponemos de una carta-ideario dirigida a los profesores de la misma de enorme valor para comprender sus planteamientos académicos y perspectivas personales sobre el quehacer filosófico universitario. Se reproduce a continuación:

CARTA DEL DIRECTOR DEL DEPARTAMENTO

Ciudad Universitaria “Rodrigo Facio”, a 1ª de setiembre de 1971

 

Señores

Profesores y estudiantes del Departamento de Filosofía

Muy estimados compañeros:

Al asumir la dirección “del Departamento de Filosofía deseo reiterarles mi agradecimiento por la confianza que han depositado en mí y pedirles consejo y ayuda en el logro de los objetivos que me he propuesto, respondiendo no sólo a convicciones particulares mías sino a necesidades reales del Departamento, expresadas en diversas ocasiones por profesores y estudiantes.

Si tuviera que resumir en una sola frase mis proyectos, tendría que hacerlo de la manera más simple y, a la vez, más ambiciosa: que en el Departamento de Filosofía se haga filosofía, y que se haga a un nivel académico óptimo. Esto, a primera vista tautológico, no lo es si se mira la situación de servidumbre en que se ha encontrado tan a menudo la filosofía respecto de… la teología, la ciencia, la técnica, las ideologías políticas, conservadoras y revolucionarias, la moral convencional o la simple voluntad de dominio. Son más bien excepcionales los momentos en que la filosofía ha respondido, en forma “franca y masiva” a lo que decía Anaxágoras de la vida: que es meditación, y la libertad que de ésta se deriva. Este carácter sustantivo de la filosofía, esta dignidad que la erige en núcleo de la cultura fundamental, en garantía de su unidad, hay que afirmarlo en nuestra Universidad. Si las especialidades universitarias deben estar referidas a un hondo humanismo de base, corresponde a la filosofía dar coherencia a este fundamento. Su misión en la universidad no es de ninguna manera la de adoptar una pose vergonzante -algo como lo que Hegel llamaba la “conciencia desdichada”- haciéndose pasar por otra cosa que por lo que en realidad es, para hacerse perdonar así una furtiva libertad de pensamiento. A los imperativos de “acción” y de “Proyección en la comunidad” hay que contestar con el texto tan citado y tan certero de Heidegger: “e! pensamiento actúa en cuanto que piensa”. Y tanto actúa, que por eso es a su libre desenvolvimiento a lo que más se le teme.

El día en que Uds., me hicieron el honor de elegirme, uno de los estimados compañeros manifestó preocupaciones por mi futura gestión administrativa. Supongo que aludía a algo que he sostenido en repetidas ocasiones: que la administración es un simple instrumento al servicio de la investigación y de la docencia superior. Con sobrados motivos he repetido que, entre nosotros, la administración ha sufrido una hipertrofia, en el terreno de los hechos y en el de los valores, que, desde luego, no la ha tornado más eficaz. Sus exigencias se imponen a menudo sobre los fines fundamentales de la Universidad, hasta el extremo de que el camino de la administración aparece, a menudo, como una carrera alternativa más apetecible que la de profesor e investigador. Yo tengo la convicción de que quien temporalmente se encarga de una función de gobierno universitario, debe ser ante todo eso: un investigador docente.

         Si deja de serlo, dejará por ello mismo de comprender las verdaderas necesidades de los profesores y alumnos a cuya vida académica debe servir. Me parece, por otra parte, que una administración que, para ser eficaz, sea llevada al límite de su simplicidad, no es incompatible con que… el director siga siendo profesor universitario. Así las cosas, espero que Uds. comprendan una actitud que, guardado un orden indispensable que es más bien cortesía, desea realizar plenamente la libertad de cátedra y lo que un compañero llama la “libertad de pupitre”. Sabrán excusar también que el director formule un horario restringido de visitas, puesto que él tiene también tareas académicas.

Partiendo de esas premisas, voy a referirme a ciertos renglones, algunos de ellos ya muy avanzados en su realización, que han de merecer especial atención:

  1. El esfuerzo por alcanzar mejores niveles en cuanto a la investigación y a la docencia superiores merecerá estímulo y colaboración. No es exagerado decir, puesto que hay datos objetivos, que a nuestro departamento le corresponde un puesto entre los adelantados en el crecimiento cualitativo de la Universidad.
  1. El plan de nuestro doctorado académico, aprobado por el Consejo Universitario como un plan experimental que servirá para los estudios de doctorado futuros en conjunto, debe continuarse a través de los seminarios doctorales y de las tutorías hasta la confección de tesis que sean aceptables en cualquier universidad de prestigio. A los profesores que trabajan en este nivel debe dárseles el reconocimiento que merecen en cuanto a la justificación de sus contratos y al empleo de su tiempo.
  1. Se ha dicho, con razón, que la biblioteca es nuestro laboratorio. Un plan de doctorado supone una biblioteca enriquecida con las fuentes-clásicas antiguas y modernas en su lengua y en la mejor traducción, con los comentarios que se han hecho a su vez clásicos y con la bibliografía fundamental contemporánea de las diversas especialidades. En este terreno, se nos impone la tarea ineludible de asesorar a los funcionarios de la biblioteca, que siempre han estado en actitud de colaboración, para lograr que la sección de filosofía esté… a nivel doctoral.
  1. Nuestro departamento está dividido en áreas de especialización que orientan las preferencias de los profesores y equilibran el currículum de los alumnos. Estas áreas no son unidades académicas ni administrativas: el departamento como un todo lo es, en el sentido del Reglamento de Carrera Docente. Mis esfuerzos se encaminarán a hacer más flexibles los límites entre las áreas, partiendo de la unidad fundamental de la filosofía, y a superar cualquier problema de jurisdicción de las áreas como algo que simplemente no tiene sentido.
  1. Nuestros planes de estudio deben llegar a formularse a un nivel cada vez más universitario y cada vez menos escolar. Por ello quiero decir que los cursos que se ofrecerán cada semestre deben llevar el nombre concreto característico de un curso monográfico. Tales cursos serán el resultado de la investigación a que el profesor se dedique. Ello es posible, dado que no tenemos un currículum rígido, sino una amplitud, muy universitaria, de elección para los alumnos. Necesitaremos fijar, con todo, un número limitado de materias generales cuya aprobación sea requisito para inscribirse en los cursos y seminarios monográficos.
  1. Dentro de los planes de estudio, ofreceremos cursos de comentario de texto de filósofos griegos y latinos, reconociéndolos como parte de nuestro currículum de lenguas clásicas. Así se logrará que el estudiante de filosofía utilice para sus propios fines los conocimientos de latín y de griego.
  1. Pediremos a nuestros estudiantes el dominio de una al menos de las lenguas modernas extranjeras a nivel de bachillerato, y dos a nivel de doctorado, de acuerdo con los reglamentos. Insistiremos desde el inicio de la carrera en la imposibilidad de seguida con el solo dominio del castellano y, a través de las bibliografías, haremos presente a los alumnos la evidente necesidad de los otros idiomas. En particular, creo que no será difícil convencerlos de la utilidad del conocimiento de la lengua alemana para los estudiantes de filosofía.
  1. Hay que conceder atención a los estudios interdisciplinarios. Los estudios de “repertorio” lo son hasta cierto punto, pero creo que no debe abusarse en eso de ofrecer demasiados cursos del departamento como cursos de “repertorio”. En cambio, sería muy necesario proponer a las autoridades universitarias la creación de seminarios interdisciplinarios a nivel más bien alto, monográficos, con la participación de profesores y alumnos de distintos departamentos.
  1. En cuanto a las relaciones interdisciplinarias, conviene definir adecuadamente nuestras relaciones con los estudios generales. Sin duda una forma de colaboración con ellos consiste en el trabajo de los profesores que enseñan en ambos departamentos. Pero ésta no es la única, y no debe erigirse en principio: también el Departamento de Filosofía, como cualquier otro departamento de la Universidad, necesita y merece tener profesores de tiempo completo y de dedicación exclusiva. Cuando un profesor de nuestro departamento dirige una tesis doctoral de un profesor de Estudios Generales, cuando publica un libro que puede pedirse en una bibliografía en primer año, cuando dirige un seminario o cuando imparte un curso interdisciplinario, brinda una colaboración que se orienta en el sentido del crecimiento cualitativo de la Universidad.
  1. El Departamento ha de colaborar ampliamente con nuestra Revista de Filosofía, de prestigio internacional, que se acerca ya a los treinta números. Igualmente, la Asociación Costarricense de Filosofía ofrece una serie de actividades que, aunque oficialmente son completamente independientes del Departamento, permiten la amplia discusión pública y la necesaria confrontación de lo que otros hacen y de lo que hacemos nosotros en filosofía.
  1. Es de especial interés el propiciar un ambiente en que la comunicación de las ideas y las preocupaciones filosóficas adquiera amplia expresión. Que haya reuniones que no sean simple rutina administrativa: esto nos concierne a los profesores, pero desearía actividades como mesas redondas y debates. Allí podrían realizar los estudiantes algo esencial de la vida y de la inquietud universitarias.
  1. De muchas maneras puede el departamento servir en la formación de la conciencia universitaria. Una de ellas es la reactivación de la Cátedra Rodrigo Facio para Misión de la Universidad.

Otros muchos puntos irán definiéndose en diálogo con profesores y estudiantes. No me resta más que pedirles de nuevo su colaboración y ponerme a las órdenes de Uds.,

Atentamente,

                                                             ROBERTO MURILLO ZAMORA

                                                     Director del Departamento de Filosofía. (3)

 

La anterior propuesta programática tendrá que esperar pues Roberto acorta significativamente su período como Director de Escuela a unos dos años dados los acontecimientos académicos en la Universiad de Costa Rica, tal como se desprende del siguiente apartado.

Miembro de la Comisión Ad Hoc Organizadora de la Universidad Nacional.  Un grupo de profesores de la UCR conformado por Roberto Murillo, Francisco Antonio Pacheco y Rose Marie Karpisky como su núcleo primordial, impulsaron, a inicios de los setentas, la idea de crear una nueva universidad en Costa Rica que continuara con los ideales universitarios propios de la Reforma del 57, esto es el humanismo universalizante, y al mismo tiempo limitara el cremimiento de la UCR.  Recordemos que los problemas de la formación de los profesores de secundaria llevó a la creación de la Escuela Normal Superior -decreto ejecutivo 22 en diciembre del 67 y acuerdo legislativo en 1968, sancionado en ley el 12 de octubre del 68, en Heredia, institución paralela a la Escuela Normal de Costa Rica -1914-, por iniciativa de Guillermo Malavassi Vargas, ministro de Educación de la administración Trejos Fernández.  Que en la siguiente administración, Figueres Ferrer, el ministro de Educación, Uladislao Gámez, consideró seriamente la creación de una universidad pedagógica a partir de las dos escuelas normales.  Finalmente se llega a la propuesta de una segunda universidad, la Universidad Nacional.  Estos eventos sirven de marco facilitador de la idea del antes mencionado grupo de académicos, al que en ocasiones se une el Padre Núñez, y el ministro de Planificación, Óscar Sánchez.  Por el contrario, las propuestas del Congreso Universitario de 1971-1972,  en la Universidad de Costa Rica, con su idea de un “único techo” para la necesaria expansión universitaria eran el obstáculo principal para la viabilidad de la nueva institución en Heredia..

Roberto hace reminiscencia del asunto en varios ensayos.

 

“Dos personalidades políticas, el Lic. Daniel Oduber, presidente de la Asamblea Legislativa en 1973, y don Francisco Morales, entonces ministro de Trabajo, jugaron un papel relevante en unir los tres factores antedichos y darles el apoyo de gobierno, sin el que nunca se habrían convertido en Universidad Nacional.  Los tres primeros profesores universitarios involucrados en la elaboración de criterios académicos, en la redacción del proyecto de ley de creación de la UNA y en la selección de otros compañeros del sector docente, fueron los doctores Rose Mary Karpinsky, Francisco Antonio Pacheco y quien esboza este testimonio.  A algunas reuniones asistió el Dr. Benjamín Núñez, sacerdote católico, quien, dada su camaradería con el Presidente Figueres, contaba con el calor oficial para ser nombrado rector.  La Comisión Organizadora de la UNA, constituida por el rector Núñez, el Lic. Francisco Quesada, (uno de los más cercanos colaboradores del Padre Núñez), el ministro de Educación, Prof. Gámez, el de Trabajo, Sr. Morales, el de Planificación, Dr. Oscar Arias, los mencionados profesores, más el Dr. Rodrigo Zeledón y el Lic. José Manuel Salazar Navarrete, amén de un representante estudiantil, tuvo durante dos años el poder total, pues ejercía de Asamblea y de Consejo Universitario.  En la práctica, el rector Núñez fue el absoluto depositario de los poderes divinos y humanos, pues cuando la comisión se dividió de manera profunda e irreversible, respecto del tristemente célebre proyecto “hacia la universidad necesaria”, logró inclinar la balanza a su favor, cuando el Consejo de Gobierno nombró al Dr. Arnoldo Mora y al Arq. Roberto Villalobos en la comisión, pues estos dos colegas lo apoyaron apasionadamente“ (Murillo, 1993, pp, 217-8).

Director del Instituto de Teoría de la Técnica en la Universidad Nacional.  En la Universidad Nacional, Roberto Murillo ejerció la dirección del Instituto de Teoría de la Técnica (5), cuyo medio de difusión, Revista Prometeo, es pionero en el mundo en ese campo disciplinario.  Este Instituto fue una gran idea del Dr.  Constantino Láscaris.  Lamentablemente su existencia fue muy breve.

 

Seminario de Estudios Filosóficos e Históricos del I.T.CR.  En 1978, Roberto Murillo dicta la primera conferencia de filosofía en el Instituto Tecnológico de Costa Rica, parte del Seminario de Estudios Filosóficos e Históricos.  Este Seminario fue concebido como parte de la formación humanística y social que complementaba la necesaria formación tecnológico de los estudiantes.  En el proceso de estructurar el Seminario, Roberto fue consultado y propuso una estructura de dos lecciones semanales y una conferencia quincenal.  En ese año de 1978, Roberto dictó la primera de las conferencias del ciclo semestral.  Esta modalidad se mantuvo hasta 1998 que se elimina la conferencia y se aumenta a tres las lecciones semanales, pero  no por problemas curriculares de la propuesta original sino por razones de seguridad en el auditorio usado para las charlas.  El Prof. Mario Alfaro Campos, en comunición personal nos dice al respecto. “Para iniciar el seminario de filosofía se le pidió recomendación a Roberto Murillo en cuanto a los contenidos y sugirió que debía incluir conceptos generales de filosofía e historia de los principales eventos científicos y  tecnológicos, sugirió además, que se  impartieran dos horas lectivas por semana y una conferencia cada quince días,…  Un dato interesante es el siguiente, en setiembre de 1977, Roberto publicó una interesante columna en la página 15 del periódico la Nación intitulada “Ciencia y Humanismo”, los profesores de entonces la entregaron a los primeros estudiantes del seminario en  el año de 1978 dicho artículo, además invitaron a Roberto Murillo a Inaugurar las Conferencias del Seminario. Así que Roberto fue el primer académico nacional en inaugurar esa aventura intelectual en el ITCR”.

 

Decano de la Facultad de Letras, de la Universidad de Costa Rica, del 22 noviembre 1977- 21 noviembre 1981.  Dos fueron sus legados principales de la gestión de Decano:  la lucha por el edificio de la Facultad de Letras y el libro Tres temas de filosofía (1982).

 

         Del edificio de la Facultad de Letras, en su discurso en la inauguración, el 19 de noviembre de 1982,  dice:

“Como Decano de la Facultad de Letras entre los años 1977-1981 puse todo mi esfuerzo y perseverancia en la construcción de este hermoso edificio.  Al compartir con los colegas y estudiantes esta auténtica alegría académica, siento que hoy es la fecha más significativa de mi vida universitaria desde la Reforma de 1957.  Establecer una relación orgánica y duradera entre las letras y el espacio, entre la lógica y la estética (en el sentido que Kant daba a estos términos), es un acto placentero de imaginación creadora.  Sentir que el pensamiento se plasma en el espacio para darse su tiempo y ritmo, es disfrutar del poder actuante de la teoría”  (Murillo, 1978, p 77).

Edificio de la facultad de Letras, UCR.
Edificio de la facultad de Letras, UCR.

En el caso de Tres Temas de Filosofía en el cierre de la “Nota Preliminar” del mismo, expresa  que “Debo agradecer a la Facultad de Letras de esa Institución haberme permitido escribir este libro durante el tiempo en que ejercí el cargo de Decano” (Murillo, 1982, p 7).

 

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas (CONICIT).  Forma parte del Consejo Directivo de esta entidad por dos períodos de cinco años,  el primero de mayo de 1979 hasta el 30 de abril 22 de 1984; y el segundo del primero de mayo del 84 al 30 de abril del 1989.  Se desprende que fue nombrado por las administraciones de Rodrigo Carazo y Luis Alberto Monge respectivamente,  Desempeña la Presidencia del Consejo a partir de 1987, segundo en la serie de presidentes, cuando sucede al Dr. Rodrigo Zeledón, que pasa del Conicit al Ministerio de Cienca y Tecnología, en la primera administración de Óscar Arias Sánchez.  Ejerce la Presidencia hasta 1989.

Roberto Murillo -1987- CONICIT Archivo.
Roberto Murillo -1987- CONICIT Archivo.

Miembro de la Academia de la Lengua.  Propuesto desde 1981, se incorpora en 1990 hasta su muerte en el 1994.  Toma la silla P, ocupada previamene por José Marín Cañas y posteriormente por Rafael Ángel Herra Rodríguez.  El fundador de la Academia en esta silla había sido Roberto Brenes Mesén.  Puede notarse la fuerte presencia de la filosofía en su historia.

El título de su discurso de incorporación fue “El Curioso Impertinente. (Variaciones filosóficas sobre un tema de Cervantes)” .  Publicado originalmentde en la Revista Nacional de Cultura (6).  Posteriormente aparece en forma de  libro junto con dos ensayos más sobre Cervantes en Tres ensayos sobre el Quijote (1993).

Asociación Costarricense de Filosofía.  Miembro y parte de la Junta Directiva en los puestos de Primer Vicepresidente y Presidente.   Vicepresidente en la Junta Directiva instalada en abril de 1970, que encabezaba Guillermo Malavassi como presidente, Roberto Murillo como primer vicepresidente, Plutarco Bonilla como segundo vicepresidente y Constantino Láscaris como Secretario (7).   Roberto Murilloo aparece como Presidente en 1974, pues en esa calidad representa a la Asociación en el III Congreso de Filosofía de agosto de ese mismo año.

 Fue importante figura del Círculo de Estudios Alejandro Aguilar Machado desde 1956, año de fundación, hasta su partida para Francia a mediados del 65.  No fue fundador pero sí su eje fundamental luego de ser invitado a ingresar por los fundadores. Poco después quedó como el paradigma de los ideales del Círculo.  Roberto retoma la historia del Círculo, en su ensayo de 1989 en la página 15 de La Nación,, “El Círculo de Cartago”, incorporado posteriormente a su libro Segundas Estancias (1990).  Se reproduce a continuación.

 

El círculo de Cartago”

         “Francisco Hernández Urbina fue inspector (lo que hoy se llama, con terminología poco feliz “orientador” en el Colegio San Luis Gonzaga, allá por el tiempo de la invasión soviética a Hungría y de la muerte del primer Somoza. Aquel culto profesor hondureño no se limitaba a anotar las ausencias a clase no a sancionar las libertades de los estudiantes en uso del uniforme, sino que explicaba la ilustración francesa, con actitud liberal, en las ausencias de los profesores de historia, o la teoría de la evolución, sin inhibiciones religiosas, cuando faltaba la profesora de biología. No entendía por qué los estudiantes de aquellos días, como los de hoy, éramos tan “poco leídos”, con tan escasa iniciativa para comprender y discutir los problemas de la vida y de la cultura. Sugirió que se creara un círculo de estudios en el que, libremente, los muchachos pudieran ejercer la curiosidad y la dialéctica y, siendo cartagineses, un poco también la ironía. Los que aceptaron la idea del profesor Hernández y echaron las bases – he aquí otra expresión de su agrado- del círculo de estudios que primero se llamó Alejandro Aguilar Machado,  luego Mario Sancho y hoy escuetamente Círculo de Cartago, no sabían que estaban creando algo, si no para la eternidad, sí para una duración inusitada en este medio inconstante y olvidadizo.

El 30 de agosto de 1956, en casa de la estudiante Diana Masis Fernández, se reunió un considerable grupo de colegiales con mucho entusiasmo y menos perseverancia, al olor de la novedad, procedentes principalmente del IV año, para fundar el Círculo, según consta en actas que aún se conservan. John Saxe Fernández, hoy profesor de sociología en la UNAM, Adolfo Chacón Solano, ahora de la representación de Costa Rica en la ONU y Manuel Baldares Calderón, hoy economista, fueron los primeros líderes de aquella actividad. Muy pronto se definieron las reglas del juego: las reuniones eran semanales y, en cada una, un miembro del Círculo desarrollaba un tema prefijado, que los demás habían de discutirle. Con audiencia, los líderes hablaban a través de la radioemisora local y de la Radio Fides, usando como motivo las polonesas de Chopin y como lema de pensamiento y acción, difundiendo noticas culturales y planteando problemas comunitarios de Cartago. Y también ¡Peleando!, desdichadamente en primer término contra el mismo profesor Hernández, quien en aquellos días, de macarthismo retardado en nuestro paralelo, parecía comunista siendo liberal.

El Círculo de Estudios fue madurando lentamente, como sus asociados, que viajaron, entraron a la universidad, leyeron y discutieron, mientras descubrían el positivismo y el socialismo, el existencialismo y todo lo que el vasto mundo podía revelarles, en agudo constaste con el Cartago aldeano y conservador, de reuniones familiares en los entierros y entusiasmo por la predicación misionera, de cabalgatas y lances de honor. Cuando quien escribe entró al Círculo, ya éste era el medio para que los aires de reforma universitaria de Rodrigo Facio llegaran a Cartago. El año 58 ofrecimos un ciclo de conferencias sobre pensamiento contemporáneo, con los profesores Láscaris, Saumells, Olarte, Amighetti, entre otros. Láscaris fue un amigo permanente del Círculo, conducía hasta Cartago a sus colegas y oía sus conferencias, disfrutaba del café sencillo y cordial que ofrecíamos a los maestros. Años después, en el 63, ofreció Constantino una de sus mejores conferencias en la cátedra del Círculo: sobre el General Volio y su increíble vida, a la vez real y legendaria. La conferencia que tuvo más público fue sin embargo la de Salvador Aguado sobre Doctor Shivago, de Pasternak, obra famosa, que valió a su autor el Premio Nobel, y que recién el año pasado han podido leer los rusos.

Pero en la actividad cultural pública nunca tuvo la importancia de la amistosa y esforzada labor interna. Las sesiones se realizaban en el gimnasio del colegio, en un saloncito del Convento de los Capuchinos, o en la Biblioteca Pública. La hora de reunión, siete de la noche los sábados, era la más exigente, como exigente era también la máxima: si un miembro del Círculo tiene novia, el Círculo no pierde a uno de los suyos, gana más bien una. Ya era mucha libertad que una muchacha pudiera salir de su casa, fuera de los cánones ortodoxos, a la reunión de 7 a 9 p.m.. Ycasi libertinaje que fuera a Puerta del Sol a tomarse una cerveza de 9 a 10 pm., pero mayor atrevimiento, aunque no censurado, que brindara como lo hacíamos, por la eternidad del Círculo de Estudios. Las reuniones tenían un sabor pitagórico, de cierta superioridad esotérica, que le fueron ganando al círculo rencores y envidias, aunque nunca efectiva competencia. Y cumplimos con lo que decía Láscaris: que Cartago es la única comunidad pagana de Costa Rica, en el sentido etimológico de adoración de la naturaleza: mientras leíamos la Generación española del 98, redescubríamos con amor los rincones del Valle de Cartago, exaltábamos el verde de Coris y el de la Laguna de doña Ana, conquistábamos los bosques de Ochomogo, hacíamos nuestro el Reventazón de Tapantí, bendecíamos la floración de Tierra Blanca. Por su culto barojiano y su delectación en el Valle Inclán, sobresalía en este paganismo, localista pero generoso, Víctor Jiménez, hoy distinguido médico patólogo, pero aún más que nosotros, tan inconscientemente jóvenes, caminaban sin cansarse de pensar y enseñarnos Miguel Sturdza, el príncipe rumano en exilio, profesor de francés de gran cultura, apasionado por la metabiología, que vivía en Costa Rica como en tregua de la política mundial, narrada por él con furia quijotesca.

Para el Círculo el Cartago ideal, culto y hermoso, noble y alegre, era como la utopía de Platón: ese Cartago que más bien se ha ido alejando con el tiempo. Nos habíamos propuesto dos metas próximas: la transformación del Colegio San Luis Gonzaga en un liceo universitario de gran calidad, merced a su autonomía, y a la creación de una biblioteca pública de pleno servicio. La lucha sin cuartel que se libró por ambos ideales o quimeras merecería circunstanciada narración: borrascosas sesiones municipales, encendidos artículos en la prensa, enfrentamientos en el seno de la Junta del Colegio… Saldo: que el Círculo cumpliera su lema sin temores, que sus miembros maduraran más en la derrota que en la victoria, que el Colegio continuara sin novedad, que la biblioteca Mario Sancho ocupara un nuevo local, grande el año 63, ya muy pequeño hoy, cuando se anuncia su traslado a la Plaza de la Independencia y, así lo esperamos, su merecido engrandecimiento y modernización.

Discontinuas, las actas del Círculo de Estudios recuerdan los temas que, cual tesinas desarrollaba un candidato a asociado para ser admitido en el restrictivo cenáculo o para poder mantenerse en él: el universo de Teilhard de Chardin, discusión sobre El Diablo y El Buen Dios de Sartre, el estado hegeliano y su crítica por Marx, Don Juan según Gregorio Marañón, la metafísica de Antonio Machado, la finalidad en biología, las geometrías no euclídeas y centenares de asuntos interdisciplinarios, antes de la invención de este término. Máxima, pedante pero útil: un miembro del Círculo va a sus clases de colegio o Universidad, más preparado que el profesor, y lo que para otros es trabajo, para él es deleite.

La filosofía es el núcleo de toda auténtica cultura y fue, desde luego, el centro del Círculo, pero sus miembros siguieron las más diversas carreras y en su seno se discutía todo lo divino y humano. Y aunque no terminaría si anotara los nombres de los que, con mayor o menos constancia, fueron sus asociados, recuerdo ahora, entre los más asiduos, temiendo siempre cometer injustos olvidos, a Ramón Madrigal y Egennery Venegas (ambos de filosofía del derecho), Flor del Carmen Portuguez (biología), Manuel González (química), Jorge Araya (matemáticas), Isabel Quesada (economía), Haydee ? Garro (filología), Marco Castillo (sindicalista), Roberto Castillo (filosofía), Franklin Aguilar (agronomía), Rodolfo Watson (ingeniería civil), Ángela Valverde (filología). Aunque esto no se puede asegurar, mi opinión es que el Círculo tuvo principio del fin cuando se trasladó, como tantas personas y valores de Cartago, a San José. Sus últimos años conocieron, no obstante, una intensa actividad, en la que sobresalió el jurista y filósofo de la historia Jorge Enrique Guier.

         Sin embargo, después de treinta y dos años, el Círculo de Cartago existe hoy, después de una metamorfosis, gracias a la perseverancia y singular vocación de Guillermo Coronado (historia y filosofía de la ciencia), quien de los primeros setentas ha ofrecido asilo, en su casa de Cartago, apoyado por su gentil esposa Nora, a un grupo de josefinos que hasta allá se trasladan a menudo para discutir temas de epistemología, o de ética, en relación con las ciencias y las tecnologías. De allí que, de alguna manera, cabe terminar estas líneas brindando por la eternidad del Círculo de Cartago” (Murillo, 1990, pp 197-200)

A mediados de los setenta, Roberto se refiere también a los círculos de estudios en Costa Rica.  No solo al Círculo de Cartago y su historia, sino también al Forum Cartaginés, al Ateneo Universitario, al Círculo de Poetas Turrrialbeños, a la Filial de la Asociación Costarricense de Filosofía en la ciudad de Turrialba, al Forum Puntarenense y también a los Coloquios de la Escuela de Filosofía de ese entonces.  Los relaciona con el espíritu de la conversación socrática y la mística, no la dogmática, sino la pitagórica.  Además hace referencia a las publicaciones que se generaron a partir de esos círculos, como el caso de “Agora” y el Forum Cartaginés, o “Crátera” y el Ateneo Universitario, con sus dos y cinco números respectivamente.  Aquí señaló la afinidad quijotesca con el grupo de don Teodoro y su Revista “Idearum”.  No puede mencionar “Coris”, la Revista del Círculo de Cartago, pues, aunque se concibió desde los tiempos fundacionales (en los cincuenta) empezó su existencia real hasta 1997, esto es cuarenta años después de haber sido propuesta su creación.

 

En el ensayo de 1975, (Murillo, 1993, pp 73-75), titulado “Los círculos de estudios”,  Roberto resume de manera maravillosa lo que sería una forma de comunicación y de vida filosófica.  Dice así:

 

“En 1956 los estudiantes del Colegio de San Luis Gonzaga (Cartago) éramos pocos, nos conocíamos personalmente, sabíamos que el Colegio era la primera institución de enseñanza media del país, por antigüedad, y queríamos que lo fuera también por calidad.  No era un colegio “elitista”, aunque sí semiautónomo. … Era público y mixto y unos cuantos estudiábamos con beca.  Disfrutar una beca era un honor, pues no se lograba mantenerla ni como limosna, ni en virtud de “parámetros” socio-económicos, sino estudiando,  Pero hubo un grupo al que no le satisfizo limitarse al régimen de estudios “formales”, con programas y exámenes, no porque pareciera pereza o indisciplina, sino por ambición cultural y por ese sentido de la competencia que hoy sólo se considera noble en el deporte, habiendo sido eliminado de la pedagogía.  Lo que ese grupo realizó no era nada nuevo, pues se encuentra ya en los pitagóricos, en Sócrates y aún en tiempos anteriores:  formar un círculo de estudios, un grupo donde se pudiera exponer, con familiaridad y libertad, lo que cada uno de los compañeros había pensado o leído, de manera que los compañeros pudieron opinar, contradecir, poner nuevos puntos de vista.  !Qué difícil fue mantener la continuidad de aquel grupo, con reuniones todos los sábados por la noche, durante diez años, cuando precisamente aquella actividad no estaba de moda!  !Qué satisfacción daban aquellos diálogos que el viento se llevaba, como los socráticos, y aquella mística de iniciados, como la pitagórica!  Las excursiones de montaña, desconocidas en Cartago como lo fueran en Madrid… y la participación en organizar y dar vida a las bibliotecas de la ciudad –ya que no al colegio mismo– completaban el círculo de la amistad y el entusiasmo.  En un ambiente provinciano donde todo lo que se saliera de las costumbres monótonas era objeto de burla y cuando mucho de ironía, el círculo de estudiantes auspiciaba conferencias, como se puede ver en la Revista de filosofía de la Universidad de Costa Rica.

 

Es indispensable evitar toda confusión entre los círculos de estudio donde se piensa y se habla, y cualquier dogmática, política o religiosa, de derecha o izquierda, de la iglesia vieja o de la iglesia joven,  El círculo de estudios no tiene fines prácticos inmediatos y no puede ser un teatro de maniobras parlamentarias ni, menos aún, demagógicas, Puede sin duda un grupo de estudios orientarse predominantemente hacia ciertas ideas, pero éstas no serán nunca el misterio indefinido con que se excomulga a los herejes”.

Y Roberto fue siempre fiel a esta concepción del diálogo filosófico, tanto en sus lecciones como en su vida personal.  Y en dicha concepción del quehacer filosófico, quien compila estos fragmentos de los escritos Robertianos, se formó en la filosofía tanto como en las aulas universitarias.  Y por ello, recopilar estos fragmentos de Roberto Murillo, el “filósofo cartaginés”, el volver a leerlos en voz alta, es para mí escuchar nuevamente al Circulista, al Maestro, al Colega, al Amigo.  Espero que también esa sea la experiencia de otros al enfrentarse con estas remembranzas en palabras de Roberto.

Roberto Murillo y Constantino Láscaris
Roberto Murillo y Constantino Láscaris

III.ALGUNOS HOMENAJES Y RECONOCIMIENTOS PÓSTUMOS.

 

En abril del 2004 se bautiza, con el nombre de Roberto Murillo el Miniauditorio de la Facultad de Letras.  La propuesta original es del Prof. Manuel Triana, de la Escuela de Filosofía.

 

También en ese mismo año, en la Escuela de Filosofía de la Universidad de Costa Rica, el 26 de mayo, con motivo del décimo aniversario de su muerte, se lleva a cabo un Simposio sobre el pensamiento y la figura de Roberto Murillo.  Se presentan y discuten diez documentos.  Tales documentos se publican en el número 105, 2004,  páginas 125-171, de la Revista de  Filosofía de la Universidad de Costa Rica.  El Instituto de Investigaciones Filosóficas, INIF, los tiene disponibles en su archivo digital de la revista.  Los autores y títulos de sus textos se reproducen a continuación.

 

Manuel Triana Ortiz.  “Roberto Murillo: maestro de vida universitaria”.

Sergio Rojas Peralta.  “Don Juan o  la diferencia ontológica.  Homenaje a D. Roberto Murillo”.

Guillermo Coronado Céspedes.  “Uno de tres. La cosmología en Tres temas de filosofía de Roberto Murillo”.

Ana Lucía Fonseca Ramírez.  “Roberto Murillo entre paradojas.  A propósito de los Tres ensayos sobre el Quijote”.

Álvaro Zamora Castro.  “De Don Roberto, asuntos imaginarios”.

Roberto Fragomeno.  “El Kant de Roberto Murillo”.

Mario Alfaro Campos.  “Concepto y misión del filósofo en Roberto Murillo”.

Hernán Mora Calvo.  “Roberto Murillo y los fines de la filosofía.  A modo de homenaje póstumo”.

Luis Fallas López.  “Más allá de la armoniosa luz y la desentonada oscuridad.  En homenaje al maestro Roberto Murillo”.

Víctor Alba de la Vega.  “Roberto Murillo tal como yo lo imagino”.

En 2014, en los veinte años de su partida, la Asociación Costarricense de Filosofía, el Posgrado de Filosofía, y el Instituto de Investigaciones Filosóficas, llevan a cabo una mesa redonda sobre su pensamiento y figura.  Participan Roberto Castillo Rojas, Eduardo Rojas Arroyo  y Guillermo Coronado Céspedes, bajo la moderación de Mario Alfaro Campos.

En el suplemento Áncora, del periódico La Nación, del domingo último de agosto, previo a la fecha de la conmemoración del XX aniversario de su fallecimiento, se publican dos textos sobre Roberto Murillo.  Uno es de su hija María del Rocío y el otro de Ana Lucía Fonseca, bajo los títulos, “Veinte años sin el filósofo Roberto Murillo” y “La obra de un maestro.  En la memoria de una discípula”, respectivamente.

IV.LIBROS DE ROBERTO MURILLO ZAMORA.

 

Comunicación y lenguaje en la filosofía de Bergson.  San José. Publicaciones de la Universidad de Costa Rica. 1965.

La notion de la causalité dans la philosophie de Bergson.  Revista de Filosofía de la Universidad de Costa Rica, # 23, 1968.

Antonio Machado.  Ensayo sobre su pensamiento filosófico.  San José. Editorial Fernández-Arce. 1975.

Estancias del pensamiento.  San José. Editorial Costa Rica.  1978.

Tres temas de filosofía.  San José.  Euned.  1982.

La forma y la diferencia.  San José. Editorial de la Universidad de Costa Rica. 1987.

Segundas estancias.  Cartago.  Editorial Cultural Cartaginesa. 1990.

Tres ensayos sobre el Quijote.  Cartago. Editorial Cultural Cartaginesa. 1993.

Páginas escogidas.  Roberto Murillo en la página 15San José, Editorial Juricentro. 1993.

Referencias Bibliográficas.

(1)Revista de Filosofía de la Universidad de Costa Rica, San José, C. R. Volumen III,  # 11, 1962.

(2)Revista de Filosofía de la Universidad de Costa Rica,  San José, C. R. Volumen III,  # 10, 1961.

(3)Revista de Filosofía de la Universidad de Costa Rica,  San José, C. R. Volumen VII,  # 23, 1968.

(4)Revista de Filosofía de la Universidad de Costa Rica, San José, C. R. Volumen IX, # 29, 1971.

(5)Revista  Prometeo, #1, Heredia, Universidad Nacional, 197-.

(6)Revista Nacional de Cultura.  San José, C.R., Universidad Estatal a Distancia, #9, Noviembre de 1990, pp 43-54.

(7)Revista de Filosofía de la Universidad de Costa RicaSan José, C. R. # 27, Volumen VIII, 1970.




Miradas Poéticas II, III

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Miradas Poéticas I

Edgar Roy Ramírez

 

 

  1. León Felipe

 

“Hoy

cualquier habitante de la tierra sabe

mucho más del infierno que esos

tres poetas juntos”·

El infierno es una metáfora tierna que no habría asustado a quienes han vivido en condiciones que ningún literato era capaz de imaginar. Las llamamos “infierno” porque, al fin y al cabo, la palabra “infierno” aglutina sufrimiento y menos cabos. Tal vez habrían preferido descender a los infiernos que vivir lo que les tocó.

 

“…ese niño, judío

que está ahí, desgajado de sus padres….

y solo.

¡solo!

aguardando su turno

en los hornos crematorios de Auschwitz”

 

Aquí está el poema que da respuesta a lo que se cita constantemente de T. Adorno: “Después de Aushcwitz no se puede escribir poesía”. Posiblemente, no se debe escribir poesía sin tomar en cuenta los infiernos por los que algunos les ha tocado vivir.

 

León Felipe manda callar a los poetas infernales (Dante, Blake, Rimbaud). No hay manera de ponerse a las alturas de esos dolores inéditos, que nos averguenzan a a todos cuando pensamos en las sociedades que los hicieron posibles, y nos cuesta entender tanta creatividad en clave perversa.

 

 

  1. Walt Whitman

 

“De la igualdad –como si me deñara el dar a otros las mismas oportunidades y derechos que se gozó– como si no fuera indispensable para mis propios derechos el que otros los posean”.

 

Esa es la condición de la igualdad, oportunamente señalada por Walt Whitman. Una vía en dos direcciones: solo reclamo como mis derechos los que reconozco en los otros; solo se mantiene mis derechos en cuanto se conservan los de los otros. Mi libertad comienza donde comienza la de los otros.

 

  1. Leonard Cohen

 

“Todo lo que hay que saber de Adolph Eichman”

 

Ojos…………………………………………………………………………………………… normales

Pelo…………………………………………………………………………………………… normales

Peso………………………………………………………………………………………….. medio

Altura………………………………………………………………………………………… media

Rasgos distintivos…………………………………………………………………….. ninguno

Número de dedos en la mano………………………………………………….. diez

Número de dedos de los pies…………………………………………………… diez

Inteligencia……………………………………………………………………………….. normal

¿Qué esperabas?

¿Garras?

¿Enormes colmillos?

¿Saliva verde?

¿Locura?”

 

 

Esto es lo inestabilizador: Eichman era una persona cuerda, una persona normal. Dispuesta, sin embargo, a llevar a cabo el mayor exterminio, a dirigir el mayor genocidio que conoce la historia. Toda una industria de la muerte, conducida como cualquier industria, con criterios de eficiencia. Con su normalidad, es posible, que Eichmann habría engañado a algunos psicólogos. No era un monstruo. La monstruosidad estaba en la “solución final”. Era un miembro obediente de la sociedad creada por el nazismo. No era un monstruo era un ser humano, miembro de la humanidad como tantos otros.

 

 

  1. Jorge Guillén

 

“Es muy blanca, muy rubia, tan explosivamente deslumbrante de cuerpo soleado y sensual como una hermosa negra”

 

Ingeniosamente bella la invitación, que hace Jorge Guillén, de cambiar la mirada y combatir el racismo desde la propia mirada. Superar los perjuicios tiene que ver, aunque no sea todo, con ver las cosas, los animales no humanos y las personas de otra manera, hasta el punto de convergencia en que una blanca sea tan hermosa como una negra

 

 

 

 

 

  1. Celso Emilio Ferreiro

 

“Queríamos libremente comer el pan de cada día”

 

Una combinación muy deseable y nada fácil de lograr: no el pan a cambio de la libertad, renuncia a la libertad para tener pan; ni la libertan sin pan, la libertad de pasar hambre. Pan y libertad suena como o pan y rosas, poco cuenta uno sin las otras. Falsa dicotomía si hubiera que escoger.

 

 

  1. Luis García Montero

 

 

“Más que la edad hay caras que reflejan todo lo que perdieron”

 

En algún momento, la edad se mira en el rostro. El consuelo de los viejos es decir que la juventud es un asunto del corazón. Empero, los espejos no mienten. Otro consuelo maravilloso es el de los feos: la belleza es interior. Por supuesto que tales apoyos tienen algo de rescatable, algo de verdadero; pero, no son la historia completa.

Lo impresionante es que lo que sugiere Luis García Montero no tiene  edad, se da en cualquier momento cuando la vida ha sido desatenta y abundante en pérdidas (ya sea producto del despojo o ya producto de las decisiones descabelladas)




Revista Coris Vol. 11

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