DISQUISIONES BERLINESAS*

Álvaro Zamora

Originadas en diálogos que sostuve, 
en la Alte Nationalgalerie[i] de Berlin, 
con el señor Dix, a quien las dedico

El arte permite lo imposible; muchos lo saben

–un filósofo anciano­–


Resumen

Las disquisiciones que componen esta entrega se originaron en Berlín, cuando visité la Antigua Galería Nacional de dicha ciudad en compañía de mi amigo Ulrich Dix, un intelectual de vocación científica, que enriqueció notablemente mis puntos de vista como filósofo y crítico de arte. He dividido en dos partes este escrito. La primera parte ofrece una introducción y dos disquisiciones que atañen al crítico de arte y entrelazan el gusto con la lógica e incluso con la tecnología. Las disquisiciones de la segunda parte se originan en varios diálogos que el señor Dix y yo sostuvimos frente a tres de las obras exhibidas en aquella galería. 

Abstract

The three essays that comprise this installment originated in Berlin, when I visited The reflections that comprise this piece originated in Berlin, when I visited the Old National Gallery there in the company of my friend Ulrich Dix, an intellectual with a scientific bent, who notably enriched my perspectives as a philosopher and art critic. I have divided this writing into two parts. The first part offers an introduction and two reflections concerning the art critic, intertwining taste with logic and even technology. The reflections in the second part stem from several dialogues that Mr. Dix and I had in front of three of the works exhibited in that gallery.

PRIMERA PARTE

Liminar: esa vocación de caminante

El crítico de arte comparte vocación con los romeros. Suele emprender camino hacia el museo o la galería; viaja para conocer un cuadro, valorar cierta curaduría, distinguir calidades de obras diversas. Acaso vale tal analogía, además, cuando el crítico abre un libro, valora catálogos, ausculta revistas o exhibiciones que habitan en alguna localidad real o en las páginas Web

Acaso un fuero peripatético también alentó, por años, muchas reflexiones del Círculo de Cartago, que brinda espacio a mis comentarios y críticas de arte. 

Esa Galería se encuentra en la llamada Isla de los Museos (Museumsinsel). Se encentra en la Spreeinsel, una isla central de Berlín. El río Spree y varios museos de renombre internacional justifican ese nombre, asociado a la zona en 1918 por la Stiftung Preußischer Kulturbesitz (Fundación del Patrimonio cultural prusiano); aunque ya había sido dedicada al arte y a la ciencia en 1841, por Friedrich Wilhelm IV.

I. Este oficio de mirar

Atesoro aquella vivencia entre las que ratifican esta convicción: el crítico de arte ha de nutrir su juicio en ámbitos de la teoría. Mejor aún, debe afinar su mirada, tanto como sus métodos y sus perspectivas de análisis. 

Una moda filosófica de los años sesentas hubiera podido asociar tal vocación a la conocida idea filosófica de la mirada. Adaptando a la estética tal concepto, podría afirmar que el arte revela la presencia del otro. Un artista se refleja en la obra y, a la vez,  manifiesta valorares y conceptos propios de su época. 

La suya es, seguramente, una visión del mundo entre otras muchas[1]. Se materializa cual paradoja ontológico, es decir, cual objeto imaginario. Pero a la vez como testigo o, como bien advirtiera Sartre, como “soporte de la irrealización”; o sea, una idea que se materializa cual incitación permanente a tomar por real lo representado o, si se prefiere, a apadrinar, como si fuera real, la intención imaginaria del objeto artístico. 

Provocadas e intuidas  así –a la vez visual e intelectualmente– las miradas ofrecidas por los artistas son testimonios de su época. Cohabitan con otros legados artísticos de su tiempo y geografía. También suponen contrastes o avenencias con visiones (escuelas, estilos, técnicas) de otras épocas y de otros lugares. 

En diálogo con el señor Dix, ratifiqué la conveniencia de reflexionar sobre dicha convicción. Se que tal idea también ha sido planteada en diversas actividades de análisis y discusión en AICA-Costa Rica.

Oficio arduo es la critica de arte. No se trata solo de leer las pretensiones y las técnicas que habitan en cada obra. Tampoco basta enfrentar, con paso firme, demandas mercantiles muy comunes; de esas que otorgan privilegios espurios a ciertos artistas, aunque carezcan del genio requerido para presentarse como tales. Frente a ellos, todo crítico de arte debería plantar sólidas pautas técnicas, estéticas e históricas. 

Kant buscó criterios de ese talante en su momento, aunque no ejercía esta profesión ni se interesaba en sus propósitos. Su ejemplo puede servir hoy, de cuando en cuando, para distanciarse de las regulaciones comerciales e incluso de algunos atavíos mediáticos con que neófitos, ignaros, políticos o farsantes suelen juzgar, sino promover,  manifestaciones que pueden calificarse como pseudo artísticas.

Quien asume la crítica de arte cual profesión u oficio, ha de saber que las llaves para entrar en predios de la descripción y del razonamiento pueden tener procedencias diversas. Por eso, desde su inicio, asumo en esta columna propósitos peregrinos[2].

Camino sin la seguridad de quienes saben todo. Prefiero mirar a distancia, describir y, armado con método y prudencia, atender a las relaciones planteadas en y por el objeto estético. 

Caminando así, con mirada atenta, pueda otear quizá alguna esencia o sentido del arte; comprender el nudo gordiano de una obra, de un estilo, de una coyuntura. 

Agudo puede parecer el sentido común de algunos pero, como instrumento crítico parece insuficiente. El crítico de arte cuenta con un amplio abanico de posibilidades para dar mejor ánimo y razón a sus miradas.  En la hermenéutica, la semiótica, el psicoanálisis o la fenomenología podrá hallar conceptos y metodologías. Para comprender la complicidad del artista con el entorno social e incluso para evaluar la densidad de su mensaje, también puede recurrir a la sociología del conocimiento, a enfoques históricos, tendencias estructuralistas, marxistas, positivistas, psicológicos, estadísticos, etc. 

Conocer y degustar las técnicas puede ser tan importante como entender la intimidad de un artista o su impacto en la cultura regional y global. El crítico de arte debe oponer sinceridad y lógica al mito, al prejuicio. También ha de enfrentar esa retórica publicitaria con la que algunos marchantes, coleccionistas y escritores conceden valor estético y comercial las falencias de sus representados.

Así el oficio. Conviene admitir probables influencias. Yo reconozco deudas con multitud de textos, historias, diálogos o polémicas con artistas, con sus acólitos y detractores. También agradezco el acompañamiento de amigos versados en arte y, desde luego, el de mis compañeros del Círculo de Cartago y de AICA-Costa Rica. 

Cierto filósofo del que fui alumno advertía que tales estrategias riman bien con la observación y que, a la vez, resultan necesarias para guiar el entendimiento y –no sin esfuerzo– alcanzar la comprensión. Por eso, en parte, voy de museos y galerías como un viajero en tierra extraña, y más veces de las que sospecharía el lego, como penitente. 

II. Un amor y otros pecados

Amar el arte no significa, como creen algunos, fomentar un desprecio por la lógica y menos por la ciencia o la tecnología. Sin ellas, hoy pareciera absurdo el intento de comprender lo bello. Probablemente, se requiera también algo de fe, de esperanza y hasta de metafísica. Caminar así de obra en obra y entre otras voces o criterios puede ser riesgoso y, a la vez, tan gratificante como la visita al museo berlinés que motiva estas disquisiciones. 

La ciencia y la tecnología han ofrecido al arte muchos temas. Aquí solo atiendo a evocaciones de la visita a la Alte Nationalgalerie, como he hecho antes en atención a las catedrales, a las estaciones y a los puentes de Monet; también a los barcos, luces y trenes de Turner[3].

En una de las salas de esa galería, el señor Dix y yo topamos con el Eisenwalzwerk (El laminador de hierro), una compleja pintura de Adolph Menzel. Escena de la Revolución Industrial que de lejos augura, quizá, condiciones de nuestra era tecnológica; aunque está lejos de la vanagloriada superficialidad de Warhol, la de Hirst y la de Koons quienes –con opinión impopular pero bien fundada–podrían ser ubicados más cerca de la estafa estética y del comercio descarado que de un arte certero como el de Menzel.

La ciencia y la tecnología aportan cierta forma de ver una realidad que, como en el caso de Menzel,  puede ser aprovechada –al menos de soslayo– por el artista. Evidente resulta, además, su contribución al arte con materiales nuevos, con formas de socialización de ideas y productos, con un instrumental analítico inmenso, etc. 

Los medios tecnológicos enriquecen el mundo artístico cada día. También obligan al crítico de arte a investigar sus desarrollos, e incluso a familiarizarse con ellos. 

Lo novedoso de la ciencia y la tecnología remite tanto a los medios de producción como a los aspectos constitutivos del fenómeno estético en sí mismo. El Renacimiento contagió con su nueva ciencia a varios artistas; hoy la tecnología aporta materiales e instrumentos, entornos y proyecciones antes insospechables. Si de Costa Rica ha de mencionarse un ejemplo consistente de ello (sin que eso suponga menosprecio de otros) vale la pena volver la mirada sobre las ideas, obra y trayectoria de Alvaro Bracci.  

El impacto general de la ciencia y la tecnología sobre las culturas, que bien supo caracterizar Ladrière en El reto de la racionalidad hace medio siglo,  altera hasta eso que, con un arcaísmo filosófico, podríamos llamar fuero interno del artista. También motiva cambios en su entorno, define aspectos estructurales y la producción de cosas consideradas (por razones diversas) como objetos artísticos. Dada cierta autonomía (real o aparente) de algunos medios actuales para objetivar la creatividad, se ha llegado incluso a pensar que la tecnología puede crear sola, determinar el precio de la creatividad y, en cierta forma, definir valor intrínseco de los objetos artísticos. 

En virtud de tales relaciones y condiciones, muchas obras han sido puestas en el mundo emulando pecados horribles. Un ejemplo es aquel grito salido de Noruega en 1893 para poblar libros y conciencias; aunque yo prefiero lo de la señora Kollwitz. 

Merced a la ciencia y a la tecnología pueden atestiguarse, a distancia pero en todo el orbe, pecados magníficos. Los de Van Gogh[4] pueden invocarse con solo dar un click; eso nos da hoy la tecnología. Así sucede con los de El Bosco, los de Durero o los del desdichado Doré[5]. Hay infinidad de ejemplos; interpretaciones diversas de cada uno; anécdotas y análisis que sobre ellos circulan –también por medios tecnológicos– sin límite de tiempo o de cobertura[6].

En el camino de la crítica se atestiguan otros pecados. Algunos tienen vena filosófica, pues motivan dudas sobre la esencia del arte y sus funciones. Otros tienen que ver con la calidad, la técnica, el entorno social e inclusive con la historia, con la psicología y con otras disciplinas teórico-conceptuales.

En nuestros días pareciera irreversible la influencia de los marchantes y de los influencers sobre la producción artística. Hoy se intensifica, además, la de aquellos que liberan la llamada inteligencia artificial (IA) para que –como sucede en la política partidaria­– un ignaro o un malintencionado proponga como artecualquier cosa a fin de venderla. Lo que se publica al respecto podría ser otro del los pecados que pueden encontrarse en tal encrucijada cultural. 

En diálogo con el señor Dix enlisté estos y otros tópicos que reclaman atención y análisis por parte del crítico y, en general, de quien disfruta del arte. Podré intentar algunos en columnas eventuales, a propósito de otras experiencias en museos, galerías o actividades dedicadas a las artes visuales.[7]

Articulo esos temas a propósito de la referida visita a la Alte Nationalgalerie; aunque ese día el señor Dix y yo dedicamos mayor atención a las obras dispuestas ahí. Dedicaré la segunda parte de estas disquisiciones a tres que motivaron particular atención y diálogo entre nosotros. 


[1] Tanto de otras que habitan en su época como de otras, que compiten de cierta manera con esa en su tiempo y geografía, pero que también supone contrastes o avenencias con visiones (escuelas, estilos, técnicas) de otras épocas.  

[2] Como en mis actividades en AICA y en el Círculo de Cartago.

[3] Cfr. “Arte luces y vapores”, en: Zamora, Á y Coronado, G. (2004) Tecnología, el otro laberinto. Cartago. LUR.

[4] No sin exceso, llamo pecados a tales ejemplos porque su época los arece haberlos visto como tales. He ahí otro tema para tratar eventualmente en esta columna.

[5] Así lo consideraron algunos ya en su época, pese a que su depurada técnica y ese imaginario magnífico que se aglutina en su obra han perdurado a lo largo del tiempo. Hoy podríamos advertir otra forma de su desdicha: la ilustración suele ser considerada por los teóricos como un arte segundario. Habré de dedicar eventualmente una columna de esta serie a tal tema. 

[6] A menos que esa cobertura sea coartada pro algún gobierno u organización represiva o preventiva. 

[7] Espero dedicar una al MOMA, ese museo magnífico donde se alojan obras estupendas y también cuadros que, en mi opinión –menos humilde que razonable– podrían competir con la basura.

B. Russell y su ICARUS.  Un debate con el DAEDALUS de J.B.S. Haldane*

Parte I

*Guillermo Coronado Céspedes

Bertrand Russell (1924)

I- Introducción

         Aunque nuestro objeto de análisis es el texto de B. Russell (1) ICARUS or the Future of Science, publicado en1924, es necesario hacer referencia a un texto de J. B. S Haldane (2), del año anterior, 1923, a saber, Daedalus or Science and the Future.  A partir de este momento se refieren como  Icarus y Daedalus respectivamjente. 

         El Icarus de Russell, es un breve texto de 60 páginas, que fue una respuesta al libro de Haldane y fue publicado en abril de1924, con tres impresiones ese mismo año, en los meses de junio, octubre y diciembre en la ciudad de Nueva York por E.P. Dutton Company.

         El Daedalus es, a su vez, el resultado de una conferencia dictada por Haldane en el Club Los Heréticos, un grupo intelectual de la Universidad de Cambridge, el 4 de febrero de 1923.  Haldane ofrece en su libro una visión muy optimista de la ciencia, en especial de la biología, como factor para asegurar el mejoramiento de la vida de los seres humanos.  

         Russell, por el contrario, en su respuesta, no es tan optimista porque la ciencia puede mantenerse al servicio de las estructuras de poder, y por la condición humana misma en que la racionalidad está costreñida por las emociones y otras características, como el deseo de la dominación.  Pero esto se verá más adelante con más detalle.

Icarus o el futuro de la ciencia.

         En las primeras ocho páginas del ensayo (5 a 13), que emplea como una introducción, Russell deja claro su posición frente al libro de Haldane.  Más precisamente, en la misma primera oración del libro, Russell establece que su referente es el Dédalo de Haldane, y que, aunque le gustaría estar de acuerdo con su optimismo respecto del papel de la ciencia y sus avances para propiciar la felicidad de la humanidad, su enfoque será opuesto a la tesis de Haldane.  En efecto, dada su experiencia con estadistas y gobiernos, Bertrand Russell  se siente escéptico frente al optimismo de Haldane, y más bien teme que la ciencia sea utilizada para promover el poder de los grupos dominantes en lugar de hacer posible la felicidad de todos los seres humanos.

         En consecuencia, Russell va a proponer en el resto de su libro algunos de los peligros inherentes al desarrollo de la ciencia mientras permanezcan las presentes instituciones políticas y económicas, y las mismas tendencias de la naturaleza humana.  Pero antes, para guiar las consideraciones subsiguientes, nos propone una clasificación de las ciencias en tres grupos, la que es novedosa porque en ese entonces se dividían en solamente dos grupos.  Y luego cierra esta breve introducción con una reiteración de su escepticismo respecto del optimismo de Haldane.

          Las ciencias se agrupan en tres categorías, trascendiendo los esquemas de dos grupos hasta ese entonces.  Estas categorías son las ciencias físicas, las ciencias biológicas y las ciencias antropológicas.

         En el primer grupo por supuesto sobresalen la física y la química y cualesquiera otra ciencia que verse sobre las propiedades de la materia aparte de la vida. 

         En el tercero, las antropológicas son las que estudian al ser humano, por ejemplo, la fisiología y la psicología humanas, respecto de las cuales, Russell considera que no hay un línea divisoria claramente definida.  Otras ciencias de este grupo son la antropología, la historia, la sociología y la economía.  La más efectiva de las ciencias antropológicas ha sido la medicina en virtud de su impacto en los problemas de sanidad y salud pública.  Recordar los casos de la malaria y la fiebre amarilla.  También en el control de la natalidad.  Obviamente todas estas ciencias antropológica tienen conexión con la biología, pero se distinguen de ella por sus métodos y sus datos, en especial en un tratamiento como el que va a plantear que es de corte sociológico. 

         En el segundo, las ciencias biológicas, Russell señala que el impacto de ellas hasta ahora ha sido muy pequeño.  Apunta a repercusiones del darwinismo que han servido de apoyo a la libre competencia y al nacionalismo.  El mendelismo podria haber revolucionado a la agricultura y alguna teoría similar lo hará.  La bacteriología podría permitirnos exterminar nuestros enemigos por medio de enfermedades.  El estudio de la herencia puede convertir a la eugenesia en una ciencia exacta, y en consecuencia que seamos capaces de determinar a voluntad el sexo de nuestros niños.  Ello nos llevaría a un exceso de varones alterando la estructura misma de la familia.  En fin, declara Russell que no tratará las posibles consecuencias de la biología, no solo por su escazo conocimiento de la misma, sino porque Haldane en su libro del año anterior lo ha hecho admirablemente bien.  

         Russell cierra esta sección introductoria con unos planteamientos generales sobre la tesis general de Haldane ante la cual él es escéptico como ya se dijo antes.  Nos ofrece “De entrada, una observación de carácter general.  La ciencia ha aumentado el control del hombre sobre la naturaleza, de donde pudiera inferirse que ello se va a traducir en un aumento proporcional de bienestar y mejoras.  Así sería, en efecto, si los hombres fueran seres racionales, pero el hecho es que todos son un manojo de instintos y pasiones.  Cualquier especie animal situada en un entorno estable, si no se extingue, llega a adquirir un perfecto equilibrio entre sus pasiones y las condiciones circundantes de vida.  Si súbitamente cambian las condiciones se altera ese equilibro. [ … ]  El súbito cambio que ha producido la ciencia ha alterado el equilibrio entre nuestros instintos y nuestras condiciones de vida, pero lo ha hecho en direcciones no suficientemente advertidas.  La sobrealimentación no es un serio peligro, pero sí lo es la sobrelucha.  Los instintos humanos de poder y rivalidad han de ser dominados, si es que el industrialismo quiere tener éxito, de modo similar a como se domina el apetito lobuno de los perros”

 NOTAS

1-      Bertrand Arthur William Russell,  Nace el 18 mayo de 1872.  Muere el 12 febrero de 1970.  Matemático , lógico, filósofo, literato y gran pacifista. Tercer Conde Russell desde 1931, dado el fallecimiento de  su hermano mayor Franck Russell.  Premio Nobel de Literatura en el año de 1950.  Gran pacifista desde sus tiempos de juventud.  Fue encarcelado y se le despojó de su cátedra en Cambridge.  Después de la Segunda Guerra Mundial, encabezó la lucha contra las bombas atómicas y termonucleares.  Reunión de Pugwash y el Tribunal de Estocolmo.

2-      Haldane, John Burdon Sanderson.  Nace el 5 de Noviembre de 1892, en Oxford, Inglaterra. Muere el 1 de diciembre de 1964, en la India.  Genetista y biólogo evolucionista.  Creador, junto con Ronald Fischer y Sewald Wright, de la genética de poblaciones.  Esos planteamientos culminan en tres obras fundamentales, a saber, The Genetical Theory of Natural Selection, 1930, de Fischer; Evolution in Mendelian Population, 1931, de Wright, y finalmente, The Causes of Evolution, 1932, de J.B.S. Haldane.

J.B.S. Haldane
B Russell —  Icarus
Haldane – Daedalus

Atisbos de la tecnología en la Nueva Atlántida de Francis Bacon*

*Guillermo Coronado

IV parte

IV- La Casa de Salomón. Reflexiones sobre su función y naturaleza

En primer lugar nos interesa considerar la declaración sobre la naturaleza y los fines de la Casa de Salomón. El Director lo expresa en forma muy concisa como la comprensión de las causas y los movimientos tras todas las cosas con la finalidad de ensanchar el imperio humano. La primera parte expresa un viejo deseo de la filosofía occidental, la búsqueda del principio o principios de todas las cosas. El establecimiento de las causas última tras los fenómenos. La unidad tras la multiplicidad. Pero lo segundo es profundamente novedoso porque a la tarea racional por excelencia se agrega el dominio humano de esa naturaleza para la obtención del bienestar de los seres humanos. Comprensión filosófico-científica íntimamente unida a la satisfacción de las necesidades humanas y por tanto a la búsqueda de la felicidad de los habitantes del Reino. Y ello logrado en virtud de esa nueva faceta del conocimiento, la comprensión dirigida a la acción que va más allá de la técnica. O como lo expresamos en la parte segunda de este trabajo, la tecnología. Nueva forma de legitimar un estado gracias a la realización de una sociedad en la que el conocimiento en sus varias formas plasman un sociedad justa y realizada. 

Vale la pena considerar por un momento el que Francis Bacon está plasmando un viejo programa suyo de reforma intelectual que estaba detrás de su Gran Restauración, grandioso proyecto que no pudo completar como individuo dado que requería precisamente de una enorme esfuerzo colectivo e institucional. Como se ve en el accionar de la Casa de Salomón a través de sus varias maneras de generar y aplicar el nuevo tipo de conocimiento. (1)

Ahora bien, la razón primaria para este nuevo enfoque fue su total desencanto con la forma en que se desarrollaban los tradicionales enfoques intelectuales de corte aristotélico-escolásticos de su época y que él tuvo que soportar en su formación universitaria. En su etapa como estudiante, Bacon se percató de la naturaleza estéril de un conocimiento que se agotaba en repetirse en sus estructuras racionales sin relacionarse con fuerza con la experiencia, con los hechos que constituyen la experiencia que nos conecta con el mundo. Con una lógica deductiva a partir de premisas generales que se transformaban en otras premisas generales. Nunca conectando con el hecho particular. 

Superar esta situación era el ideal de la Gran Restauración, y se debe recordar, que su segunda parte, que Bacon si completó, es el Novum Organum, aparecida en 1620, una lógica inductiva que le proporcionó un gran renombre en la historia del pensamiento. Esta lógica de nuevo cuño, va de lo particular a lo general. De manera muy significativa en dicha obra aparece la famosa expresión que “el conocimiento es poder”, pero que ”solo domina a la naturaleza aquél que la obedece”. Y ello como parte de ese intento de renovar la comprensión de la naturaleza reuniendo lo general con lo particular, lo teórico con lo práctico. Lo abstracto con lo empírico. 

Y toda la estructura y funcionamiento de la Casa de Salomón está dedicada a la generación de este nuevo tipo de conocimiento y su puesta al servicio de la sociedad, de la Humanidad de la cual es un reflejo el estado de la población en la isla de Bensalem.

En segundo lugar, y haciendo referencia a los cuadros de los miembros del Colegio de los Seis Días, nos interesa aclarar que las funciones de los Mercaderes de la Luz, el grupo más numeroso con doce miembros, no es simplemente un apropiarse de los conocimientos de otras sociedades o civilizaciones, como el carácter secreto de sus misiones podría insinuarlo. Los viajes y las actividades secretas de los Mercaderes de la Luz se entienden así para mantener la seguridad del aislamiento del reino. Y el objetivo no es un simple contrabando de libros, invenciones, etc., sino el insumo para un posterior aprovechamiento y ensanchamiento de esos campos de saber científico-técnicos como el resultado de su consideración por los ocho grupos restantes en que se dividen los 24 miembros restantes del conjunto de miembros titulares de la Casa de Salomón. Y también de su incorporación al trabajo de los centros de investigación que la institución mantiene como eje fundamental de su actividad de generación de conocimiento. Al final, el Consejo Superior, conformado por la totalidad de los hermanos o miembros, es el que decide qué desarrollos teóricos o artesanales se hacen del conocimiento general. Y lo que es muy significativo, cuáles se mantienen en reserva, reserva que puede alcanzar al estado mismo en circunstancias especiales. Esto último es muy importante puesto que puede haber conocimientos que puedan resultar en usos perjudiciales para el bienestar de los habitantes del reino. Y aunque la utopía de la Nueva Atlántida supone un estado que está a cargo del financiamiento de la investigación en ciencia y técnica para el beneficio de los habitantes, la naturaleza de la Casa de Salomón en su estructura y función debe prevenir tales situaciones.

Finalmente, es importante recalcar el carácter colectivo de la producción del conocimiento en el contexto de la Casa de Salomón. El rasgo esencial y novedoso es que no es el resultado del quehacer de individuos solitarios, aislados, sino de individuos que forman colectivos de diversas dimensiones en dicho proceso de generación de conocimiento en cualesquiera de sus etapas. Grupos de individuos que obtienen información en el mundo exterior al reino en la isla de Bensalem y que luego se analiza, sistematiza y aumenta por los miembros de la Casa en sus grupos de acción, como se planteó en la sección previa de este texto, y que también se pone a prueba, a modificación o expansión en los múltiples centros de investigación técnico científica también señalados en esa misma sección anterior. 

En fin, que el trabajo es fundamentalmente colectivo, interpersonal y obviamente no solamente por los 36 individuos principales de la Casa, sino por muchos más, cientos podemos suponer que trabajan en las instancias de investigación creadas en ámbitos naturales o citadinos en búsqueda de la innovación técnico-científica-tecnológica, no solo en un momento dado del tiempo, sino en el proceso de formación y renovación de dichos centros de investigación, los ayudantes y “novicios” que también aseguran el futuro de dicho quehacer y de la siempre presente función de la Casa de Salomón.

Cierto es que en el cuarto nivel de la estructura del Colegio de los seis días de la Creación, hay dos tipos de Galerías consagradas a la difusión de los resultados que benefician a la sociedad. Una dedicada a la exposición de las maquetas o modelos de las invenciones y otra consagrada a exaltar la memoria de esos grandes inventores. Y Por supuesto, tales inventores en sus estatuas correspondientes son individuos, pero podemos suponer que ello es así para que el mensaje llegue más fácilmente a las mentes de las gentes del pueblo del reinado. Y lo mismo podemos suponer respecto a los nombres que se asocian con los modelos o maquetan que muestran las grandes invenciones.

Y un efecto visible en nuestros tiempos son los imponentes museos de Técnica, Ciencia y Tecnología que reciben a grandes cantidades de personas en muchas de las ciudades de nuestros tiempos.

Por último, un reconocimiento del impacto del pensamiento de Francis Bacon y su Nueva Atlántidafue el desarrollo de las Sociedades Científicas a partir del siglo XVII. Y un ejemplo significativo es la Real Sociedad de Londres para el avance de la Ciencia Natural, o Royal Society.

Notas

1) Farrington, en su obra antes citada, Francis Bacon. Filósofo de la Revolución Industrial, se expresa así sobre este tema. “La historia de Francis Bacon, …, es la de una vida consagrada a una gran idea… Consiste simplemente en que el conocimiento debería dar su fruto en obras, que la ciencia debería ser aplicable a la industria, que los hombres deberían tomar como un deber sagrado el organizarse con vistas a mejorar y transformar las condiciones de vida.” (13)

Atisbos de la tecnología en la Nueva Atlántida de Francis Bacon*

*Guillermo Coronado Céspedes

III Parte

III- La Casa de Salomón

         Francis Bacon refiere a la Casa de Salomón en dos momentos de su Nueva Atlántida. Primero, como parte de la exposición que el Gobernador de la Casa de Extranjeros les hace al grupo de marinos que llegan a las costas de isla de Bensalem.  Se señala que el rey Salomona, hace “unos 1.900 años”  además de emitir las leyes de prohibición de entrada a los extranjeros pero también de gran atención humanitaria para los mismos, creó la institución de la Casa de Salomón.  El funcionario en cuestión expresa: “Sabrán, queridos amigos, que entre todos los excelentes actos de aquel rey uno de ellos tuvo la preeminencia.  Fue la fundación e institución de una orden o sociedad, a la que llamamos Casa de Salomón; fue la fundación más noble que jamás se hizo sobre la tierra, y el faro de este reino.  Está dedicada al estudio de las obras y de las criaturas de Dios.  Creen algunos que lleva el nombre, algo corrompido, de su fundador, como si debiera ser Casa de Salomona.  Pero los documentos lo citan tal como se pronuncia hoy.  Lleva el nombre del rey de los hebreos, que es bastante famoso entre ustedes; conservamos parte de sus obras, que ustedes no poseen; a saber, la Historia Natural en la que habla de todas las plantas, desde los cedros del Líbano hasta el musgo que crece en las paredes; y lo mismo de todo cuanto tiene vida y movimiento.  Esto me hace pensar que nuestro rey hallándose de acuerdo en muchas cosas con aquel rey de los hebreos (que vivió muchos años antes que él lo honró con el nombre de esta fundación. Y me induce bastante a ser de esta opinión de que en los documentos antiguos esta orden o sociedad es llamadas unas veces Casa de Salomón, y otras Colegio de la Obra de los Seis Días; por lo que deduzco que nuestro excelente rey aprendió de los hebreos que Dios creó el mundo y todo cuanto encierra en días, y que, por lo tanto, al fundar esta casa para la investigación de la verdadera naturaleza de todas las cosas (por lo cual Dios tendría la mayor gloria, como hacedor de ellas, y los hombres mayor fruto en su uso) le dio también este segundo nombre.  Pero volvamos a nuestro asunto. Cuando el rey prohibió a su pueblo que navegara fuera de sus aguas jurisdiccionales, hizo, no obstante, esta salvedad: que cada doce años salieran del reino dos barcos con objeto de realizar varios viajes, y que en ellos fuera una comisión compuesta de tres miembros o hermanos de la Casa de Salomón para que pudieran dar a conocer el estado de los asuntos de los países que visitaban; especialmente las ciencias, las artes, manufacturas e invenciones de todo el mundo; además, traernos libros, instrumentos y modelos de toda clase de cosas; … Como ustedes pueden observar mantenemos comercio, no de oro, plata o joyas, ni tampoco sedas, especias o mercancías parecidas, sino de la primera creación de Dios, que fue la luz, por así decirlo, de los descubrimientos realizados en todos los lugares del mundo” (Bacon, Francis.  La Nueva Atlántida)

         Segundo, al cierre de la obra, cuando el director de la Casa de Salomón le expone los principales cuatro puntos que regulan la institución, a saber, el propósito o razón de ser de la institución, los instrumentos o instalaciones de investigación, los miembros de los grupos a cargo de distintas facetas del trabajo y finalmente, los rituales y los medios de exposición de resultados y homenajes a los inventores.

         El propósito se enuncia así: “El fin de nuestra fundación es el conocimiento de las causas y movimientos secretos de las cosas, así como la ampliación de los límites del imperio humano para hacer posibles todas las cosas” (The End of our Foundation is the knowledge of Causes, and secret motions of things; and the enlarging of the bounds of Human empire, to the effecting of all things posible).  Y estos objetivos se persiguen gracias a un conjunto de miembros principales de la institución que se reparten los nueve oficios o funciones de la Casa.  Estos miembros o hermanos del Colegio de los seis días,  son en total 36.  Que conforman un primer grupo de 12 miembros, y ocho restantes grupos de tres miembros en cada uno de ellos.  

         Esos nueve oficios son los de los mercaderes de la luz, conformados por  doce miembros.  Ellos recorren el mundo de manera incógnita recopilando libros, resúmenes y artefactos de los avances científicos y técnicos de las distintas naciones.

         Los restantes grupos, de tres miembros cada uno como se dijo antes son los siguientes.

         Depredadores.  Los que recogen todo tipo de experimentos en los documentos recolectados por los mercaderes de la luz.

         Hombres del misterio.  Coleccionan los experimentos de todas las artes mecánicas.

         Exploradores o mineros.  Los que se dedican a ensayar nuevos experimentos que consideren útiles. 

         Recopiladores.  Se dedican a dibujar los bosquejos de  los experimentos de los grupos anteriores

         Iluminados o bienhechores. Estos examinan los experimentos de los otros grupos buscando deducir de ellos cosas útiles y prácticas para la vida y el conocimiento de los hombres.

         Faros o Lámparas.  Dirigen nuevos experimentos de mayor alcance.

         Inoculadores.  Ejecutan las experiencias seleccionadas y las divulgan.

         Intérpretes de la naturaleza.  Los que amplían los anteriores descubrimientos por medio de experimentos sobre más altas observaciones, axiomas y aforismos.

         Adicionalmente se tiene un gran número de novicios y aprendices.  Que adquieren los conocimientos de los actuales miembros y aseguran la permanencia de la institución con el paso del tiempo. Ellos trabajan también en las instalaciones de investigación o laboratorios que desarrollan conocimiento autóctono a partir de las fuentes externas y la propia indagación en el reino.   Además sirvientes y subalternos, tanto hombres como mujeres.

         Los sitios de investigación son múltiples.  Bacon nos dice que se dispone de cuevas amplias y profundas, de longitud diversa, y excavadas algunas en montañas y colinas, con el fin de hacerlas todavía más profundas.  Ellas conforman la región inferior puesto que están igualmente distantes del sol, de las radiaciones celestes y del aire libre.  Se emplean para efectuar experimentos varios, como los relativos a las coagulaciones, refrigeraciones y conservación de cuerpos.  También para la imitación de minas naturales y la producción de metales artificiales.  Finalmente, para investigar la prolongación de la vida en tales condiciones de aislamiento.  Poseen altas torres, algunas de media milla de altura y edificadas sobre altas montañas, que conforman la región superior, y empleadas, entre otras posibilidades, para observar directamente los meteoros, verbigracia, vientos, lluvia, nieve, granizo, auroras boreales, etc.  Disponen de grandes lagos, tanto de agua dulce como salada, de los que se utilizan sus peces y aves; igualmente de sitios en el mar y en la costa para realizar ciertos trabajos que requieren del aire y vapor del agua marina.  Asimismo, aprovechan ríos de corriente violenta, y cataratas para producir diversos movimientos gracias a máquinas de diversa índole; otras máquinas aprovechan la fuerza de los vientos.  Los anteriores son muestras de esa infraestructura “natural” que se aprovecha en la investigación científica y tecnológica. (1)

      De los medios edificados por el hombre específicamente para la investigación, se dice que los miembros de la Casa de Salomón disponen de casas grandes y espaciosas en las que se imitan y se hacen demostraciones de meteoros tales como los enumerados antes.  Nótese, sin embargo, que en aquellas instalaciones de la región superior se observaban los fenómenos; ahora, en estas casas se imitan y se muestran, esto es, se experimenta con fenómenos como los meteoros antes mencionados.  La ciencia baconiana trasciende la simple observación, remontándose a la experimentación.

       Igualmente, se tienen “amplios huertos y jardines de diverso tipo, en los cuales, más que la belleza, tenemos en cuenta la variedad del suelo y de la tierra, adecuados para diversos tipos de árboles y de hierbas…” y en los que se practican injertos para obtener resultados varios, o bien artificialmente se provoca que los árboles florezcan antes o después de su tiempo normal, que adquieran tamaños distintos a los naturales y que sus frutos sean más dulces, mayores, y que puedan ser de utilidad medicinas También se dispone de “parques y recintos con toda clase de bestias y aves, que utilizamos no sólo para mirarlos, o por su rareza, sino para disecciones y experimentos”.  En otras palabras, no jardines zoológicos para el deleite estético, sino instalaciones de investigación controlada, disección y experimento, cuya justificación última es que de estas experiencias se extrae luz “respecto de los efectos que puedan producirse en el cuerpo humano”

      Lo anterior no agota la infraestructura de apoyo a la práctica investigativa.  Los investigadores de la Casa de Salomón poseen todo tipo de instalaciones para producir bebidas, panes, fermentaciones medicinales; laboratorios para hacer toda clase de experimentos para esclarecer los fenómenos luminosos, acústicos; asimismo, instalaciones para experimentar con olores, sabores.  Hornos de diversos tipos y gran  variedad de calores que facilitan la tarea de investigar e imitar distintos procesos naturales y artificiales.  Departamentos de máquinas que producen todo tipo de movimientos aplicables a la reproducción y potencialización de movimientos, como también al arte de la artillería y los fuegos artificiales.

         Sin embargo, aunque posean todo este potencial instrumental y de instalaciones, la condición de búsqueda de la verdad, esto es, de la estructura o mecanismo de las cosas, sigue siendo el criterio fundamental.  Así debe entenderse esta última afirmación de Bacon: “Tenemos también casas de ilusionismo en las que representamos todo tipo de juegos de prestidigitación, falsas apariencias, imposturas, ilusiones y engaños.  Y, sin duda, creerás fácilmente que nosotros, que poseemos tantas cosas naturales que despiertan admiración, podríamos engañar a los sentidos disfrazando dichas cosas y haciéndolas parecer milagrosas.  Pero odiamos toda impostura y falsedad: hasta el punto de que hemos prohibido severamente a todos nuestros hermanos, bajo pena de ignominia y multas, que muestren cualquier obra u objeto natural con adornos o exageraciones, debiendo mostrarlos en su pureza natural y sin ningún artificio que los haga parecer extraños”.

         Finalmente la Casa de Salomón posee dos Galerías dedicadas a los modelos de los inventos técnicos, una, y la otra a las estatuas de los inventores de tales aportes al conocimiento técnico destacados.   Es la función de los grandes museos actuales de ciencia y tecnología. 

         A un análisis más profundo de la utilización de esta estructura investigativa de la Casa de Salomón, se consagra la siguiente y última parte de esta exposición.

Nota.

1)      Hemos empleado para la enumeración de los varios sitios de investigación que se presentan en la obra de Bacon bajo consideración mi texto titulado  “La Valoración de la Ciencia y la Tecnología: un espejo distante”.  Praxis.  Revista del Departamento de Filosofía de la Universidad Nacional. #41-42. Enero-Mayo 1991. Pág. 3-10.

Atisbos de la tecnología en la Nueva Atlántida de Francis Bacon*

Guillermo Coronado

II Parte

II- Tres conceptos fundamentales. 

            Para una mejor comprensión del pensamiento de Francis Bacon en nuestros días, utilizaremos tres conceptos que actualmente son básicos, y que aunque  no todos ellos fueron usados por el autor en su tiempo, es importante clarificarlos para entender los atisbos que asumimos en el pensamiento de Bacon.  Ellos son los conceptos de técnica, ciencia y tecnología.

A-        La técnica.  De la técnica se ha dicho es que es primariamente un “saber hacer”, esto es un conocimiento práctico que permite producir unos ciertos resultados que son, en muchos casos, beneficiosos para el ser humano pero de los que se desconoce en última instancia las razones para tales efectos. 

            Para ejemplificar, podemos citar el caso de las técnicas metalúrgicas o ceramísticas que tan importante fueron en el despegue de la historia de la Humanidad.  En efecto, los hombres de aquellos tiempos fueron capaces de transformar la naturaleza cuando utilizando el fuego y ciertas materias primas obtuvieron productos que no se “recogen” en el medio natural.  Así, tomando ciertas cantidades de lo que ahora denominamos cobre, metal muy suave, y estaño, uno mucho más, fueron capaces de producir bronce, material más duro y adecuado para recibir filos que superaban los tipos de herramientas hechas de piedra.  De esa manera iniciando una nueva etapa el desarrollo de armas.  Pues este es un rasgo muy presente en los avances técnicos, que pueden ser usados para bien o para mal.  Pero sobre ello, volveremos más adelante.  Por la otra parte, tomando ciertas tierras, que se humedecías y se moldeaban, al calentarlas durante un cierto tiempo obtenían un producto resistente al paso del tiempo y capaz de contener los alimentos. 

            Sin embargo, ni en uno ni en el otro caso se conocía la razón de las proporciones en que las materias primas debían ser mezcladas para que el resultado fuera bronce o cacharro realmente útil.  Igualmente, se desconocían las razones por las cuales no todo tipo de tierra servía para producir objetos de cerámica; o distintos períodos de calentamiento producían resultados completamente diferentes en la búsqueda de metales más resistentes.  Por supuesto que aún los mismos resultados exitosos habían sido el producto de procedimientos de simple prueba y error.

            En síntesis, es en este sentido en que la técnica es un saber práctico, de enorme utilidad, pero en el que se desconoce la razón última de los efectos de tanta importancia que se obtienen para el aprovechamiento por los seres humanos.

B-        La ciencia.  Por el contrario, la ciencia nació fundamentalmente como el resultado de una vocación por comprender el origen y estructura de las cosas, de los fenómenos que nos rodean.  La ciencia como la filosofía, emergieron como resultado de la emergente racionalidad de los griegos en Jonia, allá por el siglo VI antes de nuestra era.  Y dicha racionalidad era el reflejo del deseo de comprender el entramado de las relaciones entre los fenómenos, obteniendo para ello, no unos objetos concretos sino un discurso, un Logos, esto es una teoría.  En este sentido, uno de los rasgos fundamentales de la ciencia es la comprensión, es decir, el conocimiento abstracto y explicativo, no necesariamente práctico.

            De manera más general y moderna, podemos caracterizar a la ciencia: Como un quehacer de carácter racional, una forma de conocimiento que se concreta en un lenguaje y que posee dos dimensiones, a saber, la empírica y la teórica.  En la primera, el lenguaje tiene como referente lo dado, el datum, lo que hay que explicar.  En la segunda, el referente es la construcción teórica, la explicación racional, el conjunto de conceptos e hipótesis que se emplean en la comprensión de los hechos.  Ninguna de estas dimensiones puede estar ausente.  Si no se tiene el referente empírico, el lenguaje no representa una ciencia pues no hay nada que explicar o no se intenta explicar algo; se podría estar frente a una fantasía o ante un sistema totalmente abstracto. Si no se tiene el referente teórico, está ante una crónica, la descripción de una colección, la enumeración de una serie de hechos; así una hermosa colección de rocas no es sinónimo de geología.  Es la presencia de estos dos referentes…, su íntima relación de mutuo condicionamiento, lo que en primer término expresa el ser de la ciencia. (1) 

C-        La tecnología.  Finalmente, nos referiremos en forma breve al concepto de tecnología.  Primero, en forma negativa, se tiene que decir que la tecnología no es un simple híbrido entre ciencia y la técnica puesto que ella no es ciencia aplicada; y sin embargo, los rasgos fundamentales de cada una de ellas están presentes en la tecnología.  Segundo, de manera positiva, la tecnología es la utilización del conocimiento científico, o bien del método científico, para lograr una comprensión de los eventos naturales o sociales que permita la transformación y dominio de los mismos; que permita obtener un resultado predeterminado intencionalmente.  Así, la tecnología se diferencia de la técnica en que en ella la comprensión de los fenómenos es fundamental; ya que no es un simple saber hacer ciego, sino un conocimiento abstracto del entramado de relaciones entre los fenómenos mismos.  Pero por otra parte, se diferencia de la ciencia  en que no busca la comprensión por la comprensión misma, por el simple placer del conocimiento, por la satisfacción personal y estética del descubrimiento, sino que desde el mismo principio o motivación, la intención de obtener un producto, la transformación de un medio, o el dominio de ciertos eventos es la razón misma que sostiene todo el proceso y el esfuerzo invertido. La tecnología es, por consiguiente, un conocimiento abstracto y metódico dirigido a la obtención de ciertos resultados particulares predeterminados.  La tecnología es comprensión, dirigida a obtener dominio sobre el medio que nos rodea y puede, en algunos casos, ser la búsqueda del mejoramiento y transformación de las mismas condiciones en que nosotros los seres humanos vivimos.

            Considerada desde esta perspectiva, la tecnología se puede tomar como la herramienta conceptual fundamental que posee el ser humano para el dominio racional de las condiciones que lo rodean.  Y en consecuencia, para el mejoramiento de la forma de vida misma.  Ahora bien, por supuesto que es posible que la intencionalidad que impulsa todo el proceso de creación del conocimiento tecnológico sea la destrucción o dominio de un conjunto de otros hombres mediante, por ejemplo, la guerra.  Lamentablemente, tal situación no es de manera alguna incompatible con la estructura misma de la tecnología.  Pero en este momento no podemos discutir los problemas éticos que tal posibilidad real plantea.  Asumamos que la tecnología que nos interesa es la dirigida a lograr el bienestar de los seres humanos.

            La tecnología es, dada su estructura misma, una forma de dominio de la naturaleza en que la dimensión temporal del futuro es esencial.  Está volcada hacia el futuro para plasmar en él los resultado buscados desde el principio.  Así, va más allá de la simple capacidad predictiva de la ciencia, para convertirse en la forma de realizar en el presente las posibilidades futuras.

            Al terminar esta segunda sección del presente trabajo, reiterar que Francis Bacon no tenía a su disposición el término tecnología, que es de posterior construcción, y más propio de la Revolución Industrial.  No obstante en su Nueva Atlántida hay momentos en que se percibe la necesidad de considerar una forma de conocimiento que trascienda los tradicionales del conocimiento técnico y conocimiento científico.  Pero ello se verá más adelante, en especial al considerar el papel de la Casa de Salomón en la estructura y función de la Sociedad que Bacon visualiza en su utopía.

Notas.

(1)       Haciendo eco de un viejo texto mío, que se usaba en el curso Introducción a la Técnica, Ciencia y Tecnología, en la Escuela de Ciencias Sociales, del Instituto Tecnológico de Costa Rica, titulado Una reflexión en torno a la ciencia.

¿Está ganando Leibniz la batalla en Inteligencia Artificial?

*Celso Vargas Elizondo

Escuela de Ciencias Sociales

Email: celvargas@itcr.ac.cr

https://orcid.org/0000-0002-1701-6186

Bajo el título de esta perspectiva, la mitad en serio y la otra mitad en broma,  se pretende explorar, brevemente, algunos aspectos de la contribución, la persona y hasta donde entiendo, el estilo de Leibniz, y que podemos rastrear en algunos desarrollos de la IA, especialmente, en el últimos chatbots, del tipo LLAMA, ChatGPT y DeepSeek. 

  1. El cálculo binario. Desde que Konrad Zuse creará sus primeras computadoras mecánicas binarias en los años 1936 y siguientes, el uso del sistema de codificación binario para indicar conectado o no conectado (pico de paso de electricidad y no pico) y para codificar los distintos símbolos del código ASCII, se convertido en el modelo estándar para el diseño, construcción y desarrollo de computadores y de microchips que son actualmente utilizados en distintas aplicaciones de la IA. Leibniz fue uno de los primeros, sino el primero, en desarrollar el sistema aritmético binario.  En la colección de Lloyd Strickland and Harry Lewis (2022), titulada: “Leibniz on Binary. The Invention of Computer Arithmetic” (The MIT Press), se reúnen los principales escritos de Leibniz sobre este tema.  Leibniz no solo ejemplifica como convertir cualquier número natural en su correspondiente número binario, sino que también proporciona de manera completa las reglas (“Ley Combinatoria formal”, como la llama Leibniz) que podemos utilizar para llevar a cabo este proceso.  En este aspecto, Leibniz es un relevante filósofo que deberíamos considerar como pionero (aunque sus trabajos se conocieron posterior a la publicación Boole) de este importante campo de la ciencia y tecnología. 
  2. La Characteristica Universalis.  Uno de los sueños leinibzianos fue la construcción de un cálculo universal que permitiera representar, deducir e inventar nuevos símbolos, signos y conocimientos.  Realmente lleva razón Eberhard Knobloch, que en el resumen de su trabajo “Leibniz between ars characteristica and ars inveniendi: Unknown news about Cajori’s ‘master-builder of mathematical notations” (s.f.) indica que realmente se trata de tres cálculos o artes: “… el ars característica esto es el arte de inventar caracteres y signos; el ars combinatoria que es el arte de la combinación; el ars inveniendi que es el arte de la invención de nuevos teoremas, nuevos resultados, nuevos métodos.  Estas artes están fuertemente correlacionadas unas con las otras”.  

Los extraordinarios desarrollos en IA que hemos visto en los últimos años, especialmente a partir del 2023 nos acercan cada vez más a ese sueño leibniziano.  Chats como ChatGPT y DeepSeek, entre otros, no sólo proporcionan demostraciones detalles de ecuaciones y teoremas, sino que están en capacidad de proponer nuevos teoremas y proporcionar demostraciones a los mismos.  GEMINI en particular asume roles importantes como el de docente en la demostración paso a paso expresiones algebraicas, para mencionar un ejemplo.  

3. El proyecto de enciclopedia o ciencia universal.  Este proyecto leibniziano está directamente relacionado con el anterior y tiene dos aspectos relevantes para esta perspectiva: a) Leibniz como el último gran pensador que estaba enterado y mostraba un importante dominio de todos los temas relevantes de su tiempo; b) su propuesta de promover la fundación de sociedades científicas.  Tal y como señalan Oscar Esquisabel y Manuel Sánchez-Rodríguez (2023) en el estudio introductorio al Volumen 3, Ciencia General y Enciclopedia, publicada por la Editorial Comares, España: 

“Este ideal de la función de la ciencia como un camino cierto hacia la promoción del bien común por medio del incremento de las luces es ostensible, ante todo, en el proyecto leibniziano de la enciclopedia, que Leibniz concibe claramente como una empresa colectiva e institucional, para lo cual se requiere de acciones coordinadas del poder público y del mundo erudito. Por esa razón, la realización del programa de la enciclopedia es inseparable del programa científico institucional y político de fundación de academias, o como él mismo las denominaba, de sociedades de ciencias y artes. La Sociedad no es tanto un complemento de la enciclopedia, sino la articulación institucional efectiva de este mismo proyecto, por la cual puede llegar a su realización y aplicación práctica (p. xv).

En nuestra atrevida comparación, podemos ver elementos de cada uno de estos aspectos en dos arquitecturas utilizadas en este momento en IA: La arquitectura que podríamos denominar de mono-estructura y la arquitectura de mezcla de expertos.  En la primera, las dos propiedades fundamentales de los modelos fundacionales, a veces llamados, Large Language Models (LLMs), homogenización y emergencia son utilizados para entrenar y para responder preguntas que se hagan, por ejemplo, al ChatGPT. En el proceso de entrenamiento alrededor de 175 mil millones de parámetros son ajustadas en sus valores de manera que esté pronto a responder.  Ajustes menores posteriores se realizan para hacer que el sistema se adecúe a las necesidades del usuario.  En el caso de la arquitectura de mezcla de expertos, el proceso de entrenamiento se lleva a cabo por módulos (expertos) garantizando la integración del sistema.  De esta manera, tenemos tantos módulos expertos (en matemática, química, física, biología, etc.) como sea necesario, y solamente los dominios relevantes son activados en el proceso de consulta.  DeepSeek funciona de esta manera y, lo que es interesante es que el sistema complejo contiene más de 780 mil millones de valores (parámetros) involucrados, más de 4 veces que los parámetros de ChatGPT

En este sentido, en nuestra comparación, el modelo de la enciclopedia en IA es un sistema que involucra todo el sistema de IA cuando es corrido. Es como el Leibniz enciclopédico que responde por el mismo todas las preguntas que se le haga.  Por otro lado, el modelo mezcla de expertos solamente activa aquel módulo o módulos que están involucrados en la consulta de un programa.  Es como su hubiera un panel de expertos (sociedad científica) que responden a las preguntas que se planteen según su especialidad.  Pero contrario a lo que sucede en las sociedades científicas, el pago que se hace a los expertos depende solo de las consultas que se le haga, mientras que el experto enciclopédico requiere muchos recursos para hacer su trabajo.  La cantidad y calidad de microchips, y el consumo eléctrico asociado es mucho mayor en un experto enciclopédico que en un panel de expertos.  Esta es una de las grandes ventajas de DeepSeek sobre ChatGPT, por ejemplo.

De esta manera, una de las consecuencias de este aspecto es que Leibniz como experto universal está en desventaja cuando lo comparamos con el desempeño de una sociedad científica, y está en desventaja en el sentido de requiere mucha memoria, capacidad de procesamiento y energía para funcionar adecuadamente.  Desventaja que no encontramos en el enfoque de mezcla de expertos.

Paisajes cuales ventanas*

(disquisiciones a partir de un acierto del MAC)

*Álvaro Zamora

–A Jorge Eduardo, Juan Carlos y Orieta–

Resumen: una visita a la exquisita exposición Paisajes diversos-Costa Rica 1890-1950, inspira esta serie de inquietudes y disquisiciones sobre el arte, el paisaje, así como algunas relaciones posibles entre las filosofía, historia y crítica de arte y algún corolario ético.

Summary: a visit to the exquisite exhibition Paisajes diversos-Costa Rica 1890-1950, inspires this series of concerns and disquisitions about art, landscape, as well as some possible relationships between philosophy, history and art criticism and some ethical corollary.

Fui una tarde; mi visita coincidió con las de un par de familias, varios turistas, algunos curiosos solitarios que, como yo, se dedicaban a detallar cada cuadro y a eludir las miradas ajenas. Al placer motivado por la exhibición Paisajes Diversos Costa Rica 1890-1950 (Museo de Arte Costarricense, MAC) vinculé cierta inquietud filosófica de viejo cuño: todo realismo obedece a una voluntad especular.

Tras disfrutar de las obras dispuestas en una sala occidental, sospeché cierta arrogancia en la idea de que, con pinceles, telas y pigmentos, puede reproducirse lo que hay allá fuera.  También observé –con agrado y avezado huroneo– cómo los paisajes costarricenses de Span, los de Echandi, Bierig y otros pintores de vieja guardia, pero también los de renovadores como González, pueden abrirse, cual ventanas, a la reflexión estética. 

Hasta el mes de abril, quien visita el MAC podrá enfrentar cada uno de esos paisajes-pictóricos; observarlos e incluso interpretarlos desde muchas perspectivas. 

Todos me han parecido magníficos; en esa exhibición, se ofrecen cual tesoro de múltiples facetas. Un hilo de la historia patria o de las técnicas y los estilos puede seguirse en ella. Quizá otro curador o alguien familiarizado con el arte patrio podría escoger un filamento interpretativo diferente al impuesto en esa exhibición. Por eso, pienso que las labores de doña Eugenia Zavaleta Ochoa –­curadora de la exhibición­– merecerían atención, reconocimiento y juicio crítico. En tal sentido afirmo también (como lo he hecho en foros de otra índole) que la curaduría es un arte donde se unifican dos sentidos que los aristotélicos daban al término[1].   

Me ha gustado la oferta de la señora Zavaleta. Su intención y la guía implícita que propone me parece respetable y coherente. Evidentemente, es una de tantas; otros especialistas podrían modificar el orden, imponerle otros criterios e incluso un disgusto. 

También sería justa cualquier mirada espontánea; por ejemplo, la de un joven que –como cualquiera– por casualidad o recomendación quiera visitar el MAC. Un viejo como yo, curtido por abigarrados conceptos y viejas experiencias, podría envidiar de él su placer inmediato, inocente y muy válido. 

Bien lo sabemos: el arte es una casa poblada de ventanas; no inhibe al espectador para posarse frente a ellas con la intención que se le antoje o la que, con sus ojos y prejuicios, pueda o sepa imponerle. De anciano[2], a veces, recorro así la memoria de un juego en las inmediaciones de Pirro, del Uriche o de sitios desaparecidos, que ahora rememoro en cuadros de esta amable exhibición.

Durante el recorrido visual que Eugenia Zavaleta impuso a esta muestra, acudieron a la memoria ideas sembradas por Borges en algún cuento. Así también aventuré en la pintura criterios filosóficos sobre la realidad. Algunos  de ellos procedían de lugares tan alejados entre sí como los dispuestos por Aristóteles frente a Platón, o los construidos tabula con tabula por Locke contra Descartes o contra el Dios incansable de Malebrache. 

Algo resultaba evidente: cada empaste sobre tela era un llamado imaginario. Tocaba la historia de nuestra tierra, pero también las posibilidades hermenéuticas para dar razón de ser al arte, a sus denotaciones y connotaciones.

No es este el lugar para ceder, más allá de lo apuntado, a la seducción de teorías complejas o de propuestas metafísicas. Baste recordar que un observador atento o un estudioso del fenómeno artístico adeuda parte de su enfoque al legado de concepciones diversas[3]; también a una idea casi arcaica, según la cual el paisajismo pictórico busca lo imposible: reproducir, punto por punto, lo que hay afuera. Aunque tal ambición desborda siempre cualquier intento, los artistas nunca le han negado esfuerzo ni recursos. 

Probablemente, la señora Zavaleta entiende que su arte (es decir, su labor curatorial) es capaz de invocar en los visitantes ideas de muy variado talante. Más aún: conociendo su trabajo, ella debe saber que una parte esencial de su propuesta consiste en procrear rutas interpretativas alternas a la suya. En presencia de esta muestra, se lo he agradecido a la distancia y no me cabe duda de que muchos habrán alentado visiones e ideas muy alejadas de la suya y de la mía, pero que también a ella deben agradecimiento. Por eso arriesgo aquí una sugerencia para el lector: vaya y aprecie esta exposición; hágalo como si visitara una casa llena de ventanas que Zavaleta ­–cual arquitecta– ha dispuesto en cierto orden. Mírelas y advierta, a través de ellas y a su manera, parte de lo que lo fuimos o de lo que tuvimos.

He ahí, de soslayo, una temática que lleva por algunos senderos ontológicos[4] y, a la vez, práctico-cotidianos. Quien se interesa en la semiótica o en la hermenéutica se dejará atrapar por sus ganchos; los cuales pueden ser fascinantes.  Incumben al curador, al museólogo; y probablemente embelesarán al profesor de arte como al adolescente que recorra, cual enamorado, esos pasillos del MAC. 

Insisto: las implicaciones de la curaduría podrían concernir tanto al filósofo como al historiador de todo[5]. Dado que topé ahí con Juan Carlos Flores, el reconocido crítico de arte, he de suponer que sus comentarios y vídeos sobre dicho evento respaldarán tal afirmación. De seguro, en sus comentarios sobre esta exhibición, Flores ofrecerá otra muestra de su aguda didáctica y educado gusto estético.[6]

No invoco el atractivo de las obras y de la muestra en su conjunto  para desarrollar aquí temas teóricos (como pretendo en un ensayo filosófico de eventual publicación) sino para invitar al amante de las artes a visitar el MAC. Atiendo con ello a la riqueza de la exhibición, pero también a la amable belleza del lugar. Seguramente, todos podrán abrir ahí ventanas al placer y a la reflexión.

Digo ventanas; me niego a ver esos paisajes como espejos. Las pinturas se ofrecen cual excusa para existir o –dicho sea con un símil– como una música trocada en tintes sobre los lienzos, merced a las astucias de sus ejecutantes. 

No todas las ventanas de una casa dejan ver lo mismo. Así los cuadros de esta exposición, todos diversos, pero alentados como un coro dirigido o  determinado por cierto objetivo curatorial. 

En una residencia, el  ventanal del norte solo permite captar parte de lo que está afuera. Hay otras ventanas y desde ellas se atiende al mundo con pinceladas múltiples (de vida, de ánimo, de gusto o desagrado, de perspectiva). Recuerdo al adorado Monet en Argenteuil.  “Viejo mañoso”, diría mi abuela: escogía el lado del río desde donde era imperceptible la contaminación causada por el vertiginoso industrialismo impuesto por Haussmann a esa y otras regiones. Manet escogió una posición diferente para pintar en la misma zona. Ahora veo ambos proyectos pictóricos cual ventanas que apuntan de forma distinta a la misma realidad: probablemente aquellos artistas alentaron propósitos menos egoístas que personales[7], quizá incluso éticos o de alguna otra forma tendenciosos, hacia lo real[8].

El vidrio de una ventana, cual analogía de la intención, también matiza sutilmente lo que se mira más allá de la casa. De forma análoga,  ningún paisaje pintado reproduce la realidad, sino que la intencionaliza y, si con en ello abuso de Husserl o de Sartre, no pediré disculpas, sino que dejaré abierto un tragaluz para reflexionar al respecto[9].

Una pintura de Emil Span (1869-1944)[10] no es la cima de aquel monte, abierta y, en cierta forma, amenazante. Tampoco es la verdadera y diferenciada “vida cotidiana” que, según apunta el folletín que el MAC (dedicado a explicar aspectos de la exposición) está reflejada en los cuadros “de Echandi, de Jiménez, de Povedano, de Span y de Bierig”. Lo que se encuentra en ellos es  una visión idílica o un mito. Escenas que, desde los cafetales, los potreros y, en general, desde la naturaleza, cautivaron su entusiasmo y luego el de varias generaciones porque, en el decurso de sus preferencias, pudieron ser utilizadas como espejos hermosos. Se nota: en todas habita una especie de nosotros ideal.[11]

Con otras palabras, a diferencia de la zahareña inmensidad que se abre en el pico de una montaña, aquellos paisajes son la mirada que tan recordados pintores escogieron para inmortalizar un ambiente; y así (como agregado ideológico e incluso metafísico) para mostrar una realidad bucólica, casi poética; la patria de gloria sin pena. El paraje ya era una escogencia, eso está claro; pero no ha de olvidarse que, además, la vida contenida en su representación depende (todavía) de la mirada que procuraba universalizarla como símbolo. 

Nunca un cuadro es o fue alguna vida real (como pensaría un incauto), sino una visión construida por el artista desde y con su inserción de clase[12]. Además (y esto queda claro en la exposición del MAC), como sucede en otros ámbitos, la exposición deja en claro que el enfoque, el gusto y las convicciones del pintor apenas pueden activarse mediante su dominio técnico[13], sus pinceles, sus exquisitas o sus limitadas preferencias (las cuales suponen maridajes con su época [14]).

A diferencia de quienes elaboran comentarios naturalistas sobre el tema del paisaje en la pintura, conviene advertir que, más allá de un esfuerzo especular, aquel comportamiento de esos, como el de todos los pintores, debería considerarse como un acto divinoPintar es crear, aunque la divinidad se mantenga en fueros puramente imaginarios. 

Muchos –como Platón[15]– han llegado a pensar que el arte no pasa de ser un torpe intento para copiar algo que un demiurgo diseñó y compuso cual realidad. Poco tiene que ver la creación artística con tal prejuicio. 

Aún a pesar suyo, el pintor de paisajes no reproduce lo de afuera y menos las intenciones de un Serinalcanzable e incomprensible. Ni siquiera re-crea las cosas que ve. Y, si es verdad que el artista recurre a la ficción, lo hace a contrapelo del desprecio platónico por el arte. Conviene en estos lares de la teoría atender al pensamiento contemporáneo[16]; y reconocer, entre las virtudes del arte, esa que convoca al espectador para que sea un secuaz suyo

Quien visita el MAC no atiende a los pigmentos endurecidos y viejo (en algunos casos, quizá, restaurados[17]) sobre telas planas; sino que se aventura en algo que ya no es. Es decir: cada visitante se parece a un niño que atraviesa en sus juegos una ventana para meterse en un paisaje que, en su caso (y a diferencia del que un niño tiene enfrente) no existe más que en la apariencia[18].

Todas esas  pinturas del MAC fueron elaboradas por enamorados de parajes que ya perdimos y que, seguramente, nunca podremos recuperar más que así, en una colección fantástica. 

Advertía Machado, en sus Proverbios y cantares: “el ojo que ves no es ojo porque tu lo veas; es ojo porque te ve”. Los fenomenólogos han exagerado la perplejidad de tal precepto: tu mirada es conciencia; ella, que contra elucubraciones de secta, no es mujer ni hombre sino un de todo; es la que da sentido al mundo. Así puede juzgarse el  trabajo y el legado de nuestros pintores de paisajes; y así lo advierten esas paredes del MAC que durante unos días los exhiben.

En tal sentido hay que entender, también, que al curador compete, más que el orden y la posición de los cuadros, el concepto que los une y les da sentido como si fueran una comunidad que nunca fue tal. Habría que definir la curaduría como una propuesta que debe enaltecer lo creado por otros. Curar es hacerse socio del artista; tal vez sea una modalidad del arte que aspira a lo científico; aunque bien se sabe –al menos desde Kant– que su criterio y elecciones permanecen en un mundo relativo.

La curadora de esta exposición ha debido re-crear, en el conjunto, cada obra. Su visión sobrepasa el interés histórico y el ornamental. Me parece que ella ha sabido disponer los cuadros y su sentido como quien administra las facultades de una orquesta. Convendría abrir esa ventana a la discusión[19] para que el visitante, el crítico y quien investiga la historia, adviertan de su trabajo los aciertos u opongan discurso a su docto atrevimiento.

Vale repetirlo: la exhibición entera advierte sobre una tradición naturalista que –por costumbre, adecuación especular y prejuicio– se adueñó del paisajismo costarricense desde el siglo XIX. Nada criticable, el arte es deudora de su época y de sus Weltanschauungen[20].

La muestra no va más allá de los años 50s. Acaso posteriormente el paisajismo ha logrado avanzar, en Costa Rica, por rutas de expresión que disienten con las que hoy y hasta abril cuelgan en paredes del MAC. 

Una retrospectiva de obras posteriores a lo mostrado en Paisajes Diversos Costa Rica 1890-1950 podría recordarnos que, eventualmente, ha habido entre nuestros pintores otros criterios para enfrentar el ahí afuera. Por ejemplo, alguno de ellos habrá sorprendido al lienzo y a sus espectadores con una observación muy próxima a las cosas; como la pretendida por Antoni Tàpies en su momento. Hasta pudo haber urdido un comentario perplejo: esa pared, a diez centímetros de la conciencia, puede entenderse cual visión extrema –quizá absurda, pero sugestiva– del paisaje

No contamos con ejemplos de tal visión en la exposición de marras; pero hay artistas costarricenses que han alentado tal atrevimiento. También debe haber otros mares, otros patios y otros parques en nuestra historia. Así que el futuro podría ofrecer investigaciones muy amplias sobre esa tendencia expresiva. Para enfrentarla habrá que mezclar razones históricas con ideas de filósofo; y así las reflexiones de los críticos de arte; al fin y al cabo a ellos, como a los otros, urge competencia en tales asuntos.

 Reténgase esta idea: cada cuadro es una conciencia convertida en ventana. Los amantes del arte no disfrutan de una copia del río, de la playa o de aquellos bueyes que jalan la carreta, sino de lo que el pintor ha querido regalar –cual visión y concepto– a todas las generaciones venideras, tras atestiguar maravillas ticas frente a él. Aunque en la realidad se han perdido casi todas esas cosas y lugares, permanecen ahí, en sus representaciones que hoy son memoria colectiva o deben serlo. Sirven tanto para justificar un poema como una protesta, una reinterpretación de nuestros deberes y hasta una crítica sobre su calidad técnica o su atinencia simbólica.

Cada pintor y cada época tienen sus limitaciones, sus frenos o egoísmos, sus técnicas y propósitos. Es injusto mirar (y criticar) a Constable (1776–1837) o a Stubss (1724­–1806) desde los criterios esgrimidos por sus ancestros o desde la luminosa rebeldía que sirvió a Turner (1775–1851) para untar sus lienzos. 

Yeguas y potros en un paisaje fluvial
George Stubbs 
 
El caballo blanco
John Constable
El Lago Petworth: puesta de sol
William Turner

Así también entre los nuestros: el paisaje se ofrece, gracias a ellos, con rasgos e intenciones que a veces parecieran contrarias entre sí. Sostengo que todas incitan propósitos a la reflexión estética.

Acertado sería por eso (conviene agregar aquí un quizá) el convencimiento de que la percepción es solo un punto de partida para construir los hechos. Quien pinta lo sabe o al menos lo sospecha, pero  no duda en ofrecer su obra más allá de tal presagio. 

Con los datos de sus sentidos, el paisajista hace árboles y zacatales, ríos y oleajes. Ofrece cual pasto un pigmento de color vegetal que, si bien jamás será real en su propuesta, tampoco permitirá que el espectador eluda sus encantos. Esas vacas representadas (o los potreros, las playas, etc.) son más suyas que del potrero; es decir, son más una convocatoria que una realidad lechera o que aquel oleaje reincidente que colgaron en otra pared. No inhibe tal evidencia el placer ilusionado, sino que lo fomenta. Y de esa forma invita, desde el pasado, a ver lo que somos ahora. Si tenemos suerte, los cuadros nos obligaran a reflexionar sobre lo que hemos hecho con nuestro mundo.

Juego aquí con la esencia del arte, que es de extremo a extremo una fantasía construida a partir de algo real[21]. Como ya indiqué oblicuamente, de visita en el MAC –nuestro querido museo de La Sabana– se ratifica la idea de que una exposición bien planificada funciona como un querer ver por cierta ventana, mas sin impedir por ello que la gente vea algo distinto.

De Echandi (1866-1959) a Quirós (1897-1977) la curadora ha tomado en cuenta a pintores como Ezequiel Jiménez (1869-1957), Tomás Povedano (1847-1943), Emilio Span (1869-1944) y Alexander Bierig (1884-1963)[22], también a Manuel de la Cruz González (1909-1986) y a Teodorico Quirós (1897-1977), entre otros. Admirables algunos por sus dotes académicas; y otros por haber plantado en sus obras (cual intertexto y no solo como instrumento o medio) un carácter disruptivo (técnico, conceptual y estilístico) procreado seguramente en latitudes ajenas.[23]

El recorrido por las salas y los pasillos del MAC podrá hacernos recordar páginas y razonamientos que duermen en libros y en viejas conferencias. O sea: ese recorrido permite trascender el espacio y el tiempo de la exhibición. Acaso de ella se desprenda una invitación para enfrentar algo más amplio: el replanteamiento analítico y verdaderamente comprensivo de la historia del arte costarricense; también esa rama de la filosofía (quizá de las ciencia sociales) que algunos pensadores costarricenses han cultivado con acierto, a la que algunos denominan teoría del arte e incluso estética.[24]

Bounganvillea. Tomás Povedano
Domingueando. Tomás Povedano

Paisaje de Puntarenas. Emilio Span

Bajos de Amón, rio y penitenciaria. Emilio Span

Paisaje (detalle) EmIlio Span
Paisaje de Mata Redonda (detalle). Ezequiel Jiménez

Paisaje (detalle). Teodorico Quirós
Paisaje (detalle). Manuel de la Cruz González

Efectivamente: la exposición Paisajes diversos – Costa Rica 1890-1950 muestra de soslayo que la historia del arte costarricense todavía no se escribe. Hay libros y panfletos sobre aspectos de esa historia, pero ya es hora de que los especialistas superen el escrito parcial, plano e inocente. 

Ya no basta acomodar memorias, nombres y anécdotas en fila, describir hechos casuales y ofrecerlos al lector como La Historia. Ha llegado el momento para que los investigadores de profesión, los críticos de arte y los especialistas en historia del arte afronten el legado de la plástica costarricense con seriedad y sistema, con métodos adecuados y planeamientos integrales[25]. En tal sentido, se puede entender esta exposición del MAC como una ventana que debemos abrir o convertir en puerta: hay mucho trabajo por hacer

Esa debió ser la última frase de estas disquisiciones. No obstante, prefiero llegar a final con un llamado a tomar conciencia y a ser prudentes, pero firmes, ante los enemigos del llamado Sector Cultural. En estos días, el esfuerzo permanente y responsable del MAC pareciera doblemente difícil, así el de otras dependencias culturales; máxime cuando la tutela de dicho Sector ha sido puesta en manos de quienes poco entienden o coinciden con sus afanes; me refiero a  personas más interesadas en la política que en las artes; y que mucho equiparan sus propuestas con las de quienes solo quieren organizar conciertos populares. 


[1] Como técnica y como lo que hoy entendemos propiamente como bellas artes. No ahondo en eso ahora; su riqueza una eventual columna.

[2] Esa palabra (al igual que viejo) me parece más digna que la paráfrasis adulto mayor, tan llena de hipocresía y banalidad ideológica.

[3] Realistas unas, ya sean como la de Aristóteles o la de Bunge; idealistas otras, como las de los filósofos citados que, pese a sus diferencias con los primeros también reconocen algo más allá del sí mismo.

[4] La ontología se ocupa de precisar los rangos de realidad de los entes y de la realidad toda; por ejemplo, se afirmará (y estudiará) que la ciencia y la tecnología parten de una concepción realista, según la cual el mundo está afuera y no depende de la conciencia; las consecuencias de tal afirmación son complejas. En relación con los temas que aquí nos ocupan, autores como Sartre entienden que el estatuto ontológico del arte es irreal o imaginario. Para familiarizarse con el término (ontología), recomiendo, de Ferrater Mora y J.M. Terricabras, el Diccionario de Filosofía (cfr. 1999, Barcelona: Ariel, 2066 – 2028).

[5] Me ha sorprendido siempre que se hable de historia del arte o de historia de la ciencia como carreras o especialidades académicas divorciadas de las facultades universitarias de historia.  

[6] Probablemente, su referencia y comentarios al respecto aparecerán en espacios como: https://www.facebook.com/arskriterion.

[7] No juego con las palabras, para quien duda de ello recomiendo atender a las diferencias que el pensamiento  moderno establece entre la persona y el egoísmo.

[8] Recomiendo, a propósito de ese tema, comparar los cuadros pintados por Monet desde el Petit Bras y los que hizo Manet desde el embarcadero. (cfr. Frascina, F. y otros (1988) Pintura Francesa en el siglo XIX –trad. I. Bennasar­­– AKAL: Madrid, 122.). Curiosa actitud de Monet, opuesta a la que puede hallarse en Turner, otro gran pintor de la luz.

[9] La idea de intencionalidad, en este caso, no remite simplemente a lo que, en la vida cotidiana, suele entenderse como un movimiento premeditado de la voluntad. En términos fenomenológicos que acojo en este escrito, la intencionalidad es la conciencia misma; se aplica, pes a toda “intuición revelante de algo¨ (cfr. Sartre, J-P. ­(1966) El ser y la nada (trad. J. Valmar). Buenos Aires: Losada, 30). no solo se denota así el movimiento reflexivo de sí, aunque. ciertamente, en el desdoblamiento propio de la reflexión hay una intencionalidad; pero se entiende que esa acción re-fleja es de segundo orden (conciencia de una conciencia previa). Hay intencionalidad in–mediata e irreflexiva en toda vivencia. Para mayor información al respecto, recomiendo revisar la entrega 16 de la Revista Coris, que ha sido dedicada a dicha noción fenomenológica.

[10] Apreciado pintor alemán (oriundo de Würtenberg) que llegó a Costa Rica en 1906., 

[11] Falso en muchos aspectos, verdadero en otros. He aquí una ventana que podemos abrir para ejemplificar aristas o versiones de la teoría de la ideología.

[12] Entiendo por eso, con Sartre, que temas y nociones marxistas mantienen cierta vigencia que el crítico de arte no debe obviar sino aplicar cuando le permitan mayor acierto que las provenientes de otras visiones de mundo a las cuales tampoco ha de renunciar apriorísticamente.

[13] Merced a tal dominio, seguramente[13], suele calificarse su calidad. He ahí una ventana temática que ha de merecer reflexión aparte.

[14] Eso implica, desde luego, un enfoque de clase, con sus aspiraciones y también con las exclusiones socialesrespectivas. Si alguien quiere, puede en relación con ello abrir ventana a la metodología del viejo Arnold Hauser (cfr. 2020. Historia social de la literatura y el arte –trad. A Tovar y F. P. Varas–. Barcelona: DEBOLSILLO.

[15] Cfr. Libro 10: de La República; recomiendo la versión trilingüe de J. M. Pabón y M. Fernández en tres tomos:  Platón (1949)  La República. Madrid: Instituto de Estudios Políticos.

[16] Desde luego, son muchas. Apoyo en este punto mis criterios en una síntesis que del objeto artístico ofrece Sartre en el segundo tomo de El idiota de la familia (cfr. 1975 –trad. P. Canto– Buenos Aires: Tiempo Contemporáneo, 150- 162).

[17] La restauración reclama (como he señalado en el caso de la curaduría) la doble significación aristotélica del arte.

[18] Cierto, la literatura y el cine juegan con personajes como ese; lo cual no ha de inhibirnos para dedicar al tema atención, cuando se piensa en las artes plásticas.

[19] Advierto, hoy más que nunca, esa posibilidad, gracias al programa de Aula Encendida que desarrolla AICA-Costa Rica.

[20] Ese término alemán suele traducirse como visión de mundo; pero también se usa para enmarcar ideas como filosofía o comprensión del mundoencuadre ideológicoforma de concebir el mundo, etc. aquí se utiliza en plural, por la evidencia de que no existe una sola y absoluta Weltanschauung.

[21] Se recuerda de Picasso un aserto sorpresivo: “No hay arte abstracto, siempre hay que partir de algo” ( cfr. s://citas.in/frases/57961-pablo-picasso-no-hay-arte-abstracto-siempre-hay-que-empezar-con/) Lo genial de tal mención no es que se refiera al abstraccionismo como tendencia, sino que toque, en su médula, todo lo relativo a lo imaginario; acaso Sartre, en su famoso estudio sobre el tema, pudo haber invocado tal advertencia picassiana, al menos como epígrafe.

[22] A quien mucho se admira y recuerda también como naturalista y entomólogo.

[23] En la plástica como en la literatura costarricense, valdría resaltar la valentía de artistas que han enfrentado, no sin resistencia, el realismo localista. 

[24] Para evitar una injusticia, agrego aquí: la crítica de arte, que hoy rescatan en sus textos y ponencias Juan Carlos Flores y los colegas de AICA- Costa Rica.

[25] Vale señalar que AICA-Costa Rica trabaja, desde sus intereses, en tal dirección crítica. 

Millenium : Espejo de unas vivencias y del arte*

*Álvaro Zamora

[…] ese hurto de imagen, 

esa tentación continua de considerarme otro, 

todo eso hace que la experiencia especular sea

 absolutamente singular, 

en el umbral entre percepción y significación.

–Umberto Eco. De los espejos y otros ensayos

Esta es la tercera y última de tres entregas. La primera (cfr. circulodecartago.org) se refiere al Millenium Park (Chicago), la segunda vuela alrededor de la escultura Cloud Gate dispuesta en él. Esta se concentra en Crown Fountain, otra obra de arte situada en el lugar e incluye reflexiones finales sobre el parque y sobre nosotros.

This is the third and last of three installments (cfr. circulodecartago.org). The first refers to Millenium Park (Chicago), the second flies around the Cloud Gate sculpture arranged there. This third installment focuses on Crown Fountain, another work of art located at the site, and includes final reflections on the park and us.

III. La fuente de los espejos

Un aserto estético parece deambular en el Millenium Park: el arte reinventa lo real e incluso lo que sobre su esencia podamos pensar. Tras ver saciar el hambre imaginario de su inmenso espejo acerado, bajamos lateralmente a un espacio dispuesto a nivel de la calle para atestiguar o reinventar, con mirada y razón propias, la semiosis de otra obra especular: Crown Fountain, un legado artístico que juega con lo real y sus destellos. 

Visión inesperada, intensa; un silencio irreal se apoderó de nosotros. Uno, dos, quizá tres minutos. Pasada esa fascinación inicial acordamos, cual pensadores  románticos[1], que esa fuente humedece la conciencia de forma inesperada; Umberto Eco hubiera podido deleitarse con su opulenta semiosis[2].

La obra es compleja, asombrosa y, sobre todo imperativa. Nos bastó verla a distancia para descubrir tal exigencia. Si se prefiere, esa fuente se impone cual llamamiento, testimonio de nuestra época: obra y lugar saben comprometer al niño que todos llevamos adentro[3] tanto como al teórico del arte o al filósofo. Todavía pienso en la obra como un compromiso humanista que, con aventurado optimismo, rescata amor y juegos en el ambiguo laberinto de la tecnología. Pero también puede ser tomado cual reflejo del poder hegemónico y, con él, de lo contrario. Por eso, quizá, su disfrute ha de incluir una evocación ética y, seguramente, una revaloración de nuestros vínculos y percepciones sobre el mundo.

Un texto largo abundaría en detalles; nuestra descripción apenas podrá eludir la simplicidad extrema: dos paredes rectangulares (15 metros de altura, 7 de ancho) construidas con ladrillos vidriosos y poblados con diodos de luz, que proyectan consecutiva y constantemente vídeos de muchas caras. 

Las paredes se miran frente a frente; están separadas (o unidas) por una larga piscina oscura (15 x 71 m)  sobre la cual caminamos, como en el mito bíblico, sin hundirnos; lo mismo hacían muchos niños y adultos de todos los grupos étnicos o de muchas tendencias sexuales o procedencias que pueden hallarse en la ciudad. La piscina fue construida con un material conocido como granito negro[4], sobre el cual se tendió esa viva lámina de agua que se disfruta como juego de espejos e invitación a un recreo (tan imaginario como real) en terrenos de lo imposible.

Las dos paredes enfrentan entre sí las imágenes de rostros inmensos, reflejados por ellas cual actores de una trama perpleja[5]. De cuando en cuando se arrojan chorros de agua; pero el surtidor no alienta el líquido para que llegue el otro lado, sino apenas para que niños y adultos empapen su alegría de estar ahí. 

Nosotros no habíamos visto nunca una obra de arte interactivo de tal magnitud y prestancia. Vídeo-escultura, arte público: la contemporaneidad retratada en el arte. He ahí otro tema reticular y extenso que fluye en la Crown Fountain. No debemos omitir de su trama tópicos que fácilmente pueden suscitar polémicas. El costo de la obra es uno, así como el tema y su tratamiento. Esa fuente podría motivar discusiones sobre el arte en contextos capitalistas o de otra índole. Por eso, puede tomarse acertadamente cual mojón en geografías de la historia y la filosofía del arte, tanto como en las de la ideología, las de la técnica y la tecnología.

En tal sentido, entendemos que Jaume Plensa[6] –el artista– concibió una obra que fusiona el entretenimiento con el arte. Juzgado con criterios tradicionales, eso podría parecer contradictorio sino absurdo. Recordemos, tan solo como ejemplo, que la utilidad secuestró a grandes técnicos en una especie de purgatorio estético: el de la iluminación de textos o de las estampas religiosas. Para el historiador o el analista del arte, Doré ­–grandioso como pocos– por ser ilustrador[7] no alcanza en dignidad artística a dibujantes ni a grabadores con menos pericia que la suya. Con Aristóteles podríamos decir que Plensa supo amalgamar lo bello con lo útil[8].  He ahí otro tema al que llegamos mientras nos sentamos frente a Crown Fountain. Muchas páginas y discusiones pueden tenderse en sus linderos. 

Aquel rincón del Millenium Park abundaba en sugerencias. Atrapados por la obra no dudamos que, pese a su función social y a los juegos infantiles que en todos suscita, esa fuente es arte verdadero, no una ocurrencia del momento, ­como sucede con lamentable regularidad allá en Chicago y, de cuando en cuando también aquí, en Costa Rica.

Puede afirmarse que Crown Fountain es, en cierta forma, una ilustración de su tiempo, un símbolo; y que se nos presenta como una voz de lo que los nativos del lugar, tanto como nosotros, vivimos en el ahora cotidiano. Por eso, un teórico o un amante de museos reconocerá, en esa fuente, tópicos que distinguen la contemporaneidad artística monumental de aquella que nos legaron los griegos, los romanos, el Renacimiento e incluso el arte que se ha adueñado de espacios públicos en siglos recientes. 

Bien advertía Jean Ladrière, en los años 70s. que la tecnología causa impactos decisivos sobre la cultura. Seguramente,  en sus días una obra como Crown Fountain era inconcebible; pero en presencia suya resulta evidente que no solo su concepción, diseño, tecnología y materiales alteran la visión pretérita del monumento público. Esa creación artística también representa nuevos valores estéticos y éticos[9].

A semejanza de Cloud Gate, la Crown Fountain ofrece tópicos a filósofos de todas las tendencias. Hechos, símbolos y dialéctica conviven con el agua y los muros imaginarios, con los niños que mojan sus pies y las ropas, con el aire habitado de gotitas que empapan, impertinentes,  a todos.  También podremos encontrar ahí temas políticos para todos los bandos y latitudes, para los comentaristas y, ¡claro!, para los críticos del arte. 

Probablemente, el chicaguino reclamará esa fuente como un legado de la cultura popular prohijada específicamente por la enorme metrópoli[10]. Al fin y al cabo, los rostros que se muestran en los muros quizá le pertenecen. Lo cierto, sin embargo, es que esa faena del arte trasciende tal egoísmo: debe ser tomada como símbolo y testimonio artístico de una época.

Mucho resta decir sobre la fuente y sobre el acero redondeado del parque Millenium, también sobre su gente. Texto tan exiguo como el nuestro alcanza apenas cual invitación a una visita virtual o de otra índole, porque hoy –por dicha– la tecnología nos sirve para replantear lo imaginario, ofrecer creaciones como ese parque, como la fuente y aquella maravilla de acero; también nos permite hacer visitas como esta.


[1] Un romántico al estilo de esa tradición filosófico–cultural que concibe la naturaleza como una fuerza viva, una totalidad orgánica determinada y connotada por lo suprasensible. Probablemente, un fenomenólogo tomaría esa misma imagen húmeda con otro sentido, del que encontramos nutridos ejemplos en Sartre y algunos en el mismo Husserl, padre de la fenomenología.

[2] Asumo aquí la sugestiva distinción que Eco establece entre semiosis y semiótica: “La semiosis es el fenómeno […] La semiótica es la reflexión teórica sobre lo que es la semiosis” (ibid. 13). Se trata de una relación ontológica y significativa que, mutatis mutandis, los filósofos atribuimos a la diferencia entre moral y ética o al cogito in-mediato (la intención o para sí) que autores como Husserl y Sartre oponen al cogito reflexivo (de segunda instancia intencional) de Descartes. En su seductor ensayo, Eco advierte y considera de forma brillante la riqueza significativa de los espejos; no obstante, en mi criterio, la riqueza especular de Crown Fountain desborda sus propuestas. El tema podría retomarse para una discusión filosófico-filológica enriquecedora.

[3] Utilizo la expresión sin explicarla, pues probablemente todos la hemos utilizado o al menos escuchado alguna vez. Se trata de otra idea que merece atención eventual en una columna o discusión del Círculo de Cartago. Tiene origen y teorización compleja en corrientes de la psicología profunda pero, afincado en los propósitos de este artículo, solo refiero con el sugestivo lenguaje mass mediático de G. Montalvo (cfr. https://www.chicagotribune.com/2011/01/02/el-nio-interior-marca-al-adulto/):“se refiere a todas las experiencias que tenemos cuando somos pequeños, cuando nos vamos estructurando como personas independientes y aprendemos valores, límites, cómo comportarnos, cómo interactuar con los otros; todo esto nos conforma y nos deja una huella muy importante en esos primeros años de vida”.

[4] En realidad, es diabasa o dolerita.

[5]Caras de chiguaguinos. Jaume Plensa estableció diálogo con varias iglesias, y organizaciones civiles o sociales que, finalmente, recomendaron a los candidatos y candidatas para que sus rostros fueran mostrados en la obra. Las grabaciones comenzaron en el año 2001, tres añoa antes de la inauguración de la obra (cfr. https://elojodelarte.com/turismo/fuente-crown-estados-unidos-las-mil-caras-de-chicago).

[6] Recuérdese que su propuesta superó, en el criterio de la comisión que Lester Crown y familia convocaron para organizar oneroso el proyecto, a reconocidos artistas como Maya Lin y Robert Venturi. 

[7] La ilustración de textos, aunque sea excelsa, suele ser valorada apenas como un arte secundario, sometido al texto o la historia que procura representar. 

[8] Aristóteles distinguía las artes útiles de las bellas artes (he ahí otro tema para justificar un texto filosófico).

[9] Diría, con Ladriére, que es conveniente dedicar jornadas de análisis a dicha tecnología, al conocimiento invertido en la producción de la obra, a los recursos empresariales que intervienen en su construcción; pero también habría que dedicar tiempo a reconocer el impacto de la obra en la concepción del arte y en la valoración de aspectos humanísticos diversos, unos ligados al conocimiento y a las formas en que su desarrollo implica transformaciones del entorno natural y humano; así también las valoraciones morales que sobre el mundo suscita.

[10] De esa fuente no se venden miniaturas como las de Cloud Gate que se consiguen por doquier en la ciudad; he ahí otro tema que puede llevar por caminos interesantes.